«Es un descaro ejercer funciones públicas y al mismo tiempo hacer proselitismo»: Maru Campos.

En una época en la que casi todo el entramado electoral construido a lo largo de décadas, —para expulsar al gobierno de la conducción de las elecciones, hacerlas competitivas y sacar el dinero ilegal y/o de origen incierto de las campañas— está saltando hecho pedazos, en una tarea primordialmente efectuada por el gobierno y los partidos de la 4T, a la que la oposición partidaria ha debido sumarse, so pena de desaparecer electoralmente, los gobernantes han salido a la escena política sin subterfugio alguno.

Igual que antes, pero ahora sin tantos resquemores, la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Maru Campos han resuelto operar directamente los procesos de los que emergerán los candidatos del próximo año.

La llegada de Citlalli Hernández a la presidencia del Comité de Elecciones eso significa.

Por su parte, Maru ha presidido las reuniones de los aspirantes a la alcaldía de Chihuahua, la posición más importante del PAN, para intentar mantener en su poder el gobierno del estado y ha conversado largamente con quienes disputan la candidatura estatal.

La presidenta resolvió sustituir en la práctica a la presidenta de Morena —Luisa María Alcalde— al nombrar a su hasta el jueves titular de la Secretaría de la Mujer, para que dirija el proceso de selección de candidaturas y la concreción de alianzas.

¿Quién puede tener más poder que la presidenta de ese organismo, de un partido que vive solamente para las elecciones y en año de designación de candidatos?

En efecto, solamente la presidenta Sheinbaum.

De ese modo, se apresta a tomar bajo su control la designación de todos los candidatos e intentará colocar a los ‘suyos, suyos’ en todos los espacios de poder que se disputarán en junio del año próximo.

No es una frase, Claudia se juega, en la elección de diputados y de los 17 gobernadores, la sucesión presidencial del 2030.

¿Le dejará resquicios a los heredados de AMLO, tres de los cuales, por lo menos, se sienten con posibilidades de ungirse como el candidato ‘guinda’?

La disputa será en cada entidad y, en menor grado, en cada distrito federal. En éstos podrá transigir, pactar, negociar.

No se vislumbra lo mismo en el caso de las gubernaturas.

¿Quién llegará más cerca del ánimo presidencial en julio próximo, Andrea o Cruz?

O, más bien, a quién considerará más «confiable», no tanto para gobernar —tampoco es una frase, ahí están los ejemplos de Rubén Rocha, de Sinaloa, y de Layda Sansores en Campeche para llegar a ese aserto— sino para que la acompañe en la sucesión presidencial.

Las primeras expresiones de Citlalli, que ha traslucido la preocupación presidencial sobre los numerosos casos de contradicción entre los postulados de Morena y la vida de escándalo de algunos morenistas, pocos, pero muy destacados, podría reflejarse en los perfiles de las candidaturas: «Hace unos años, la encuesta sirvió para encontrar a los más competitivos e ir ganando posiciones. Y yo vengo a que se tomen las mejores decisiones para que en 2027 no solo triunfemos, sino que también quede claro que Morena sigue siendo un partido de gente buena, de gente honesta». (Nota de Zedryk Raziel, El País, 17/4/26).

Ingente y no previsible tarea le espera.

¿Contará que es de los dirigentes formados al calor, sólo, de Morena?

¿Alcanzarán posiciones de poder los morenistas de ‘a pie’, los que trabajaron denodadamente para construir a este partido y que, hasta ahora, solo han visto como llegan a las posiciones del poder quienes proceden del PRI y del PAN?

Si esto se concretara en Chihuahua, sin duda Andrea sería la candidata ¿Qué tanto pesará, en esa designación, su larga travesía como colaboradora cercana de Adán Augusto López Hernández, quien, a su salida de la coordinación de los senadores, la ‘destapó’ como la candidata de Morena?

Por otra parte ¿Qué tanto pesará, en la definición de la candidatura contar con más o menos estructura, no solo operativa, sino orgánica al interior de Morena, como ahora posee Cruz?

Sirva de ejemplo lo anterior: Ante las muy extendidas críticas que recibió la presidenta estatal, Brighite Granados, por participar en el evento de la senadora Andrea Chávez —en la que se pronunciaron los asistentes en su favor— optó por no asistir a la reunión del Consejo Estatal que habrá de realizarse el día de hoy y sumarse a un acuerdo que habrá de presentarse en ella, en la que se resolverá exigirle a los dirigentes mantengan una postura de ‘neutralidad’ frente a los aspirantes.

Granados argumentó que su ausencia obedecía al cumplimiento de sus «responsabilidades ante el Comité Ejecutivo Nacional». ¿Acaso no es presidenta del comité estatal?

Hizo lo mismo que meses atrás efectuó Andrés Manuel López Beltrán, Secretario de Organización del Comité Nacional, que no acudió a la sesión del Consejo Nacional reunido ¡Para discutir las tareas y la política de organización de Morena! ¡Ah, po’s el secretario de organización no estuvo para discutir eso!

Así Granados ahora, la dirigencia de su partido se va a reunir para afinar reglas de las candidaturas y para ella es más importante celebrar la reunión del Comité Municipal de Madera.

N’ombre, el problema es que, luego de la decisión del grupo de Ariadna Montiel, de apoyar a Cruz Pérez Cuéllar, el grupo de éste, junto al de Montiel, casi alcanzan los dos tercios del Consejo Estatal ¡Nada!

¡Vaya trabajo el de Citlalli! Ella no resolverá, ni esta, ni otras candidaturas, pero deberá llevarle a la presidenta el mejor y más completo perfil de la candidatura que más les conviene.

Más de algún morenista se molestará y argumentará que eso lo resolverán las encuestas.

Está bien que eso crean. Ni es el pueblo, ni es un método democrático, ni el más transparente.

Nada sustituye a las elecciones, sean internas de los partidos, de los consejos estatales o nacionales, ni a las elecciones abiertas a la ciudadanía.

Enfrente, la gobernadora, lógicamente, por la dimensión de la problemática estatal, en comparación con la nacional, lo puede hacer más en ‘corto’ que la presidenta.

Ambas se juegan y, con ellas, sus equipos, la visión de país, su permanencia en los puestos de poder y sus futuros personales.

Maru se juega la posibilidad de prolongar el número de triunfos consecutivos en el gobierno de Chihuahua, (tres, el de Javier Corral, el de ella y el que iniciaría en octubre del ’27) y elevar a 17 los años en el poder.

Pero, además, le apuestan a transitar la elección presidencial del 2030 con el gobierno de Chihuahua en manos del mismo equipo (o muy parecido); a influir en la candidatura presidencial a partir de fines del año próximo, posibilidad con la que coquetea no tan discretamente la gobernadora, sabedora que, a lo mejor, hay otros perfiles acaso más hegemónicos en sus respectivos estados, —las gobernadoras de Aguascalientes y Guanajuato— o el mismo Ricardo Anaya, que puede repetir como el abanderado del blanquiazul.

No está fácil para el panismo: Requiere mantener y elevar, si puede, el número y porcentaje de votos en la capital del estado y ganar todos los votos que pueda en Juárez, para disminuir sensiblemente la ventaja que Morena mantiene en el antiguo Paso del Norte.

Además, requiere no perder votos en la región centro-sur del estado; cada voto que pierda, o que gane Morena en esos lugares lo pondrá lejos de Palacio de Gobierno.

Lograr lo anterior implica —y eso parece que es el principal objetivo de la frecuente e importante participación de Maru en el proceso— que no haya fisuras en el panismo, de ahí que las reuniones de los aspirantes a la alcaldía de Chihuahua se hayan convertido en uno de los eventos más importantes del blanquiazul.

Aspecto central para los dos bloques será el del modo en que concreten las alianzas.

No parece que vayan en buen camino en el bloque oficialista. El modo en que maltratan a sus aliados puede repararles serias sorpresas, especialmente en lo que se refiere a las candidaturas.

Hace días anunciaron que los aspirantes del PT y el Verde se someterían a las listas de Morena con las que se efectuarían las encuestas, como si fueran parte de Morena, como una especie de grupos internos.

¿Y las negociaciones entre las dirigencias, en las que se preservan candidaturas en distintos puestos, entre los partidos?

Asombra la soberbia con la que actúa la dirigencia morenista (y al decir dirigencia se abarca a la presidenta de la república, involucrada hasta el tuétano en la conducción partidista) pues apenas vienen saliendo de una crisis entre ellos, que les imposibilitó cambiar las reglas electorales, que le negó aparecer en las boletas electorales a la presidenta, de ahí los resultados, entre ellos que el Verde les anunció que irá por su cuenta en San Luis Potosí.

Todo porque la presidenta se aferró a mantener una restricción que en estricto sentido no es una manifestación nepótica —la de que no se deben postular a parientes de primero o segundo grado al mismo cargo, como si quienes designaran a los candidatos fueran los parientes— pero que es un resabio heredado del ‘máximo líder y guía espiritual’, el de Macuspana.

No está tan elástica la cuerda y si las dirigencias del PT y el Partido Verde ‘huelen’ que la 4T puede perder fuerza, nada les impedirá —y menos su pasado— buscar aires por su cuenta, solos o en compañía de algunos que hasta ahora consideraban ‘conservadores’.

En los meses anteriores el tema de las alianzas se había limitado a la oposición, pero con lo ocurrido en las semanas previas en la aprobación de los ‘Planes’ A y B de la presidenta y un año atrás en las elecciones de Durango y Veracruz, en las que la alianza oficialista sufrió serios reveses, ese tema no puede dejarse de lado, será, probablemente, uno de los factores determinantes de los resultados de las elecciones del 2027.

Sí, porque, hasta ahora, el anuncio oficial de Morena, PT y Verde implica solamente a las elecciones federales, pero no hay el respectivo para el resto de las elecciones.

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