“La pregunta es, como van a atender a más de 111 millones de personas cuando el sistema está colapsado”
México, el país de nunca jamás. Arranca la credencialización del Servicio Universal de Salud, el nuevo modelo de seguridad social que implementa el segundo piso de la 4T, busca integrar el IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar y Pemex en un solo paquete, con el objeto de ofrecer atención médica gratuita a personas sin seguridad social, mediante una credencial única, sin segmentar instituciones y un expediente clínico digital. Avanzar en cobertura universal no es solo expedir una credencial; la realidad es que nuestro sistema de salud público atraviesa su peor crisis estructural en años, asfixiado por malas decisiones políticas, una burocracia paralizante y una inversión deficiente.
Millones de pacientes siguen atrapados en esperas interminables, víctimas del desabasto de medicamentos y una gestión deficiente, gracias al IMSS-Bienestar, programa creado oficialmente el 31 de agosto de 2022. Éste suplió al fallido INSABI, programa que enterró al Seguro Popular en enero de 2020, un modelo que intentó controlar la compra de medicamentos y servicios desde el centro generando cuellos de botella y una profunda desorganización operativa. La falta de medicamentos y materiales fue una constante durante sus poco más de tres años de existencia, donde millones de personas perdieron el acceso efectivo a servicios médicos, con caídas drásticas en la atención de enfermedades graves como el cáncer.
El IMSS-Bienestar mantuvo a las unidades médicas en una situación de precariedad crónica, sin infraestructura hospitalaria, sin camas, sin personal médico suficiente y sin presupuesto, Hoy, los héroes de blanco trabajan sin insumos, basta ver las imágenes de dolor de los enfermos dentro y fuera de las instalaciones públicas. Ahora, el Servicio Nacional de Salud pretende atender a más de 47 millones de mexicanos que quedaron en la orfandad sanitaria, los cuales se suman a las 63.8 millones de personas que sí cuentan con algún tipo de afiliación ya sea IMSS, ISSSTE o Pemex. La pregunta es, como van a atender a más de 111 millones de personas cuando el sistema está colapsado.
El reto no es menor, la realidad muestra que México presenta deficiencias crónicas en comparación con sus pares de la OCDE. La falta de inversión, falta de personal y camas hospitalarias configura una brecha sanitaria que el programa debe superar para garantizar una atención digna. La disponibilidad de recursos físicos y humanos es clave para garantizar el acceso efectivo a los servicios de salud, datos señalan, que apenas hay 0.7 camas totales de hospital por cada mil derechohabientes, muy lejos de las 4.7 que establece la OCDE. En cuanto a personal médico hay 2.3 doctores por cada mil derechohabientes, cuando la OCDE establece un mínimo de 3.7 y personal de enfermería se cuenta con 2.7 enfermeros por cada mil derechohabientes mientras que la OCDE establece un parámetro de 9.2.
En el caso de IMSS-Bienestar, los indicadores también se sitúan por debajo de estos valores, lo que refleja las limitaciones de infraestructura y personal disponibles para atender a la población sin seguridad social. Las personas sin seguridad social también están rezagadas en gasto per cápita en salud. En términos reales, una persona que tiene acceso a los servicios de salud de Pemex tiene 3.5 veces más el gasto per cápita que una persona sin seguridad social.
Pese a que las cifras oficiales presumen un abasto de medicamentos superior al 87%, la experiencia diaria en los hospitales cuenta una historia diferente. Más allá de la estructura legal, el éxito del nuevo sistema depende de la eficiencia en la atención primaria y la capacidad de las instituciones para trabajar en red. Que la credencialización sea el primer paso hacia una salud digna y no un capítulo más de la saga de improvisación. Sumemos Voces.
