Ciudad Juárez.- La desinformación, las mentiras políticas y las teorías de conspiración llevan siglos siendo utilizadas por las clases dominantes, pero es un hecho que la tecnología digital ha acelerado y amplificado la amenaza que estas representan ante poblaciones con poca habilidad para discernir la verdad en los medios. Aquí lo intentamos cada vez que nos toca dar nuestra opinión, considerando que las mentiras son un virus a vencer.
Las guerras también son mediáticas y económicas. Tanto las campañas violentas entre países enemigos como la llamada guerra contra el narco. Mientras haya enemigos peligrosos —reales o demonizados—, los políticos justifican y se afianzan mejor en el poder; sin embargo, esto puede cambiar si salen a relucir la concientización mediática y el buen periodismo.
Los verdaderos motivos del derramamiento de sangre entre grupos opositores que se identifican como diferentes por las narrativas se deben principalmente a los intereses de corto y largo plazo entre un grupo y otro. Esto se trata de justificar mediante la creación de identidades nacionalistas, culturales, religiosas, raciales o étnicas opuestas, y es aprovechado por líderes inconscientes y grupos de poder para su conveniencia.
El conflicto bélico entre Israel, Estados Unidos e Irán ya es considerado como el que ha producido más mentiras y rumores falsos, tanto por la participación del presidente más mentiroso de los Estados Unidos en su historia como por las ‘fake news’, la frecuente manipulación mediática de los posts en las redes sociales y el internet. En las redes sociales se pueden encontrar explosiones espectaculares, aviones cazas siendo derribados, portaaviones en llamas, edificios destruidos y líderes dando discursos creados por la Inteligencia Artificial. Mucho de ese contenido es falso y es creado para manipular la información pública.
La desinformación se ha centrado en la creación de historias falsas sobre victorias militares, la manipulación de imágenes y la exageración de las capacidades atómicas de Irán. El conflicto en Medio Oriente se ha caracterizado por una intensa batalla psicológica y mediática, donde la autenticidad de las redes sociales y los reportes oficiales son cuestionables.
De acuerdo con declaraciones de Trump, Estados Unidos está muy cerca de ganar, pero sus informes han perdido tanta credibilidad como sus controversiales amenazas. El 53 por ciento de los mismos estadounidenses tiene dudas sobre la narrativa oficial en Medio Oriente. Después de que Trump declarara que la civilización de Irán podría ser destruida, preocupando al mundo, solo tomó unos cuantos días para que el presidente de Estados Unidos reculara, ampliando la tregua militar de los bombardeos y diciendo que las negociaciones con Irán continúan; a sabiendas de que el costo político y económico para EU es insostenible a largo plazo y que ahora, inclusive, esta guerra mal planeada que incomoda a su partido, y una economía en deterioro, podrían costarle perder el Congreso en noviembre y hasta la presidencia.
Al parecer, nadie le avisó a Israel sobre esta tregua, porque siguió bombardeando objetivos militares de aliados de Irán; a lo que Irán respondió de igual manera, hiriendo resguardos de EU en sus países aliados de la región. Actualmente, el conflicto en Medio Oriente ha evolucionado hacia actos de piratería y bloqueos navales petroleros en el Estrecho de Hormuz.
Por otro lado, revisemos lo que sucede en México en relación con EU. Mientras que ya trece de nuestros compatriotas han muerto en cárceles migratorias, tan solo por ser indocumentados —esta es otra cruel guerra contra migrantes mexicanos y latinoamericanos más cercana a casa—, la retórica antiinmigrante de la Casa Blanca y su desmedida criminalización siguen viento en popa.
Sin embargo, aunque no nos guste el presidente de Estados Unidos, hay que admitir que su presión hacia México para encarcelar, eliminar o debilitar capos y organizaciones de narcos, aunque ideada para vanagloriarse políticamente con tintes de ‘superioridad anglosajona’ y para promover el intervencionismo estadounidense, está generando resultados interesantes, según la opinión pública mexicana independiente, ya cansada de tanta corrupción histórica en suelo mexicano.
Aunque la CIA siempre ha operado en territorio nacional bajo el secretismo oficial, la noticia en boca de todos fue que dos espías estadounidenses —de cuatro que participaron en un operativo mexicano— murieron. Al parecer, en un accidente carretero mientras regresaban por los peligrosos caminos de la sierra de Chihuahua. El resultado fue el desmantelamiento de un gran narcolaboratorio localizado al sur de Creel, en la comunidad de El Pinal, municipio de Morelos, cerca de la frontera con Sinaloa y dentro de lo que es llamado el Triángulo Dorado entre Sinaloa, Durango y Chihuahua. Un hecho destacable y meritorio. Se podrá criticar a la gobernadora Maru Campos y al fiscal chihuahuense por las formas o por otras muchas cosas, pero en esta ocasión, la operación policial es un logro considerable de los dos, punto.
El lugar contaba con más de 850 metros cuadrados de terreno, 15 hornos, 69 tambos de 1000 litros cada uno, 14 depósitos de acetona y más de 100 cilindros de gas, que probablemente se utilizaban en la elaboración de drogas sintéticas como el cristal. Recordemos que en las montañas de California, en EU, la DEA encontraba frecuentemente parcelas de marihuana escondidas bajo los árboles y la maleza, y abandonadas temporalmente antes de que se legalizara esa droga por allá.
El de Chihuahua fue un operativo conjunto entre decenas de miembros de la fiscalía de Chihuahua y la Secretaría de la Defensa, en el que cuatro estadounidenses participaron. Luego, en la madrugada, dos agentes de la CIA derraparon, cayendo a un barranco de doscientos metros de altura, cuando seguían en convoy a Black Mamba, un vehículo táctico acorazado. Los espías de la CIA estaban registrados como miembros de la embajada de los Estados Unidos, lo que trascendió después. Según el fiscal Jáuregui, su agencia llevaba dos meses investigando el caso.
De acuerdo con estadísticas oficiales, entre 2002 y principios de 2026, la Secretaría de la Defensa Nacional ha destruido más de 2,800 narcolaboratorios en México, concentrándose la mayor actividad en estados del noroeste y occidente. Tan solo de 2023 a la fecha, se aseguraron más de 92 laboratorios y 125 toneladas de metanfetamina.
El problema es que ni la presidenta ni su equipo estaban enterados de que la embajada de EU y el estado de Chihuahua habían colaborado juntos cuando los medios la cuestionaron al respecto. Claudia Sheinbaum cargó la responsabilidad hacia la gobernadora estatal Maru Campos, a quien luego le pediría su versión de los hechos. La presidenta ya había declarado en el pasado que no existían agentes autorizados de las agencias de seguridad estadounidenses trabajando en México, por lo que este hecho resultó embarazoso para el trillado discurso de que México es un país soberano. El hecho fue politizado de inmediato a nivel nacional por los morenos radicales, que juzgaron a Campos y a Jáuregui, aprovechando la ocasión, mientras que Campos fue aplaudida en su estado por la operación. Inclusive, se filtró que el proyecto insignia de su gobierno en Ciudad Juárez, la Torre Centinela, contemplaba albergar agencias de Estados Unidos como la DEA, FBI, HSI y CBP. Veremos ahora qué sucede.
Por su parte, Trump declaró sobre el incidente diplomático que México está perdido sin la ayuda de EU. No simpatizamos casi con él, pero que México está perdido por la violencia interna, que se siguen generando muchos muertos e impunidad sin importar la bandera política que nos gobierne, es una realidad. Aunque EU no esté exento de faltas, la calidad de vida allá es mejor todavía en materia de seguridad y economía, sin duda, y no se ve para cuándo esto pueda cambiar.
