Comienzo contando una anécdota ocurrida hace unos años, para conectarla con algo que está sucediendo actualmente en nuestro país y que me parece bastante grave. Quizá sea de lo peor que esté haciendo este gobierno de cuarta, así que analizaremos la manera en que pretenden engañarnos, como ya lo han hecho antes.
Cuando mi hija Grecia estaba en secundaria, comenzó a tener unos reportes de incumplimiento de tareas; es por ello que me mandaron llamar a la dirección de la escuela; eso era demasiado extraño, ya que siempre ha sido estudiante de excelencia (mejor promedio en esa secundaria, luego en la preparatoria y más reciente, fue quien dio el discurso en su graduación de licenciatura); el caso es que fue una sorpresa que tuviera ese tipo de fallos académicos. Acudí a la reunión y me dijeron que las tareas faltantes las estaban enviando sus maestros (as), por Facebook. Eso no debía ser un método aprobado por la propia institución, mucho menos por el sistema educativo. Daban por hecho que las y los adolescentes “debían” tener esa red social, (de forma obligatoria). Obviamente expresé mis argumentos y dejaron de enviar las tareas de esa manera.
Cuando comenzó el auge de las redes sociales, prohibí terminantemente a Grecia, que abriera un perfil ahí (en Fb). Tan es así, que hasta la fecha no lo tiene. Si usa otras redes y tengo conocimiento de ello. No vive en una burbuja. Ni pretendí capturarla en una esfera de cristal. Ahora ya es mayor de edad, aún así, -como madre-, sigo influyendo en alguna medida en los contenidos que sube, cuidando siempre su integridad. Lo tengo muy platicado con ella. Hablamos de las ventajas y desventajas de hacer público, lo que ella quiera compartir y sigue mis recomendaciones que por razones de seguridad le doy.
A lo que voy con todo lo anterior, es que es responsabilidad de los padres, supervisar y cuidar a nuestros hijos e hijas. Medir qué tan permisivos o qué tan inflexibles somos ante ellos, no solo con lo que ven o escuchan, sino en todos los aspectos inherentes a su crianza. Aún así están expuestos a la maldad. Habrá cosas que no podamos evitar. Está en nosotros determinar los contenidos que pueden ver, acordes a cada etapa, aunque resulte una tarea que se antoja imposible debido a todo lo que circula en el ciberespacio; tendremos entonces que enseñarles a distinguir lo bueno de lo malo.
En un escenario ideal; es decir, en una sociedad plural, democrática, abierta y de primer mundo, aspiraríamos a que las autoridades gubernamentales respaldaran y apoyaran a los padres en esta tarea. En promover contenidos educativos y aptos para las infancias. Eso está bien. La tecnología y la comunicación deben estar a nuestro alcance para ser más productivos o competitivos, estar conectados y ser mejores personas, no para autodestruirnos.
Esto es precisamente el “derecho de las audiencias” (del que ahora tanto se habla). El cual por cierto, existe en México desde hace muchísimos años; se reguló en las leyes y de hecho es un derecho constitucional que existe en la Carta Magna desde 2013 (no lo inventó la 4T).
De este precepto, se está “agarrando” ahora el gobierno federal, para mentir y maquillar sus propuestas de “CENSURA”. Solo es un disfraz, para imponer el más terrible sometimiento. Eso es lo malo, que no es una protección del Estado, para garantizar esa libertad que ya tenemos para decidir que leemos, vemos o escuchamos, o a quien le creemos, a quien seguimos, de quien tomamos ejemplo. Por el contrario, estará coartando nuestro libre albedrío.
Los medios de comunicación ya tienen normas que les rigen; no se mandan solos; hay instancias gubernamentales que les supervisan. Deben asegurar una programación veraz, plural y accesible para todas y todos. Ya se distingue claramente cuando una televisora, radiodifusora, o medio impreso o digital, emite alguna información o noticia; o bien, cuando se trata de una opinión particular de quien la externa. Nada menos y como ejemplo, esta sección de Opinión de El Diario, permite plenamente la libertad de expresión y se sabe que lo escrito aquí es responsabilidad de su autor (a) y no del medio. Eso es obvio. Me parece hasta ocioso explicarlo, porque es así de simple.
Sin embargo, ahora se pretende establecer ciertos Lineamientos emitidos por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones para que desde el gobierno les sea controlada su línea editorial. Obligará a que se ponga un cintilo, cortinilla o pleca, para que se avise si “es información” o “es opinión” y de no hacerlo, serán multados. Vaya manera tan absurda de amedrentar.
El gobierno va tras los medios y luego tras las redes sociales. Tienen la intención de que solo tengamos acceso a lo que ellos quieran. Como sucede en los regímenes dictatoriales. Cuba o Venezuela son ejemplos claros de ello.
Mediante esta excesiva normativa, no tendrán otra opción que someterse a los designios de Sheinbaum. Ya que los dueños de los medios de comunicación no van a querer perder los contratos millonarios que obtienen por concepto de publicidad del gobierno de la República o de los Estados. Esa es otra manera de controlarles y terminarán permitiéndoselos.
Ya es momento, de garantizar el derecho real de las audiencias. Momento de asegurar la libertad de expresión. Ya es momento, de no dejarnos engañar por la cuarta deformación.
Ya es momento…
