Ciudad de México .-"Vamos a mi departamento" -le propuso la hermosa Dulcibel a Babalucas. Y añadió luego en tono sugestivo: "Tengo cama de agua". "Gracias -declinó la invitación el badulaque-. No tengo sed". En la boda la niñita le preguntó a su mamá: "¿Por qué la novia viste de blanco?". La señora no quiso hablar de la pureza, tema del cual nadie habla ya, y le dijo a la pequeña que el blanco es el color de la alegría y la felicidad. Vistiendo de blanco la novia celebraba el mejor día de su vida. La niñita ponderó la respuesta y volvió a preguntar: "¿Y entonces por qué el novio viste de negro?". (El papá del muchacho que se iba a casar le dijo: "Ésta será la noche más feliz de tu vida". Acotó el hijo: "Me caso hasta mañana, padre". "Precisamente -remachó el genitor-. Ésta será la noche más feliz de tu vida"). Así como hay gobiernos, partidos y personas de izquierda y de derecha, también hay expresiones de derecha e izquierda. Expresión derechista es "No no no", pues la gente de esa posición política se opone a todo cambio, con desdén absoluto para Heráclito. De izquierda, en cambio, es eso de decir "Saludo" por decir alabo, elogio, aplaudo. Yo no soy ni de derecha ni de izquierda, sino todo lo contrario y viceversa. ¿De derecha yo? Ni madre. Desde siempre he defendido la diversidad sexual; mi protesta contra las injusticias de que se ha hecho víctima a la mujer ha sido permanente; luché por la despenalización del aborto y por las uniones igualitarias. ¿De izquierda yo? Tampoco. Detesto la demagogia populista; el dogmatismo ideológico, tan peligroso y nocivo como el religioso; el caudillismo autoritario; el estatismo anulador de la persona; la hostilidad contra la libre empresa, cosas todas ésas propias de las doctrinas izquierdistas, las más de las cuales se conjugan ya en pretérito imperfecto. Si alguna etiqueta me pusiera yo mismo sería la de liberal, no en el sentido fisiocrático del dejar hacer, dejar pasar, sino en el de libertad de pensamiento, palabra y obra. Todo lo anteriormente dicho me sirve de proemio para decir que saludo -o sea que aplaudo, alabo, elogio- a la Presidenta Sheinbaum por haber restablecido el trato diplomático entre México y Perú. Aprecio grandemente a esta nación hermana por tres motivos principales que enumero en orden de importancia, de menor a mayor. El primero: las "Tradiciones peruanas", de don Ricardo Palma, cuya lectura me ha brindado tantos ratos de solaz y de instrucción. El segundo: Santa Rosa de Lima, una de las más lindas flores del Año Cristiano, si es que en el santoral cabe la lindura. El tercero, y principal: el pisco sour, bebida peruana que no tiene parigual en este mundo, y seguramente tampoco en el otro. Confieso sin rubores que el pisco sour me causó una impresión mayor que Machu Picchu. Con él brindo, gozoso, por la reanudación de relaciones entre nuestro país y Perú. Con él digo "¡Salud!", y saludo a la Presidenta Sheinbaum por ese acierto político, diplomático y humano. (En orden de importancia, de menor a mayor). Doña Gorgolota le anunció a su marido que lo iba a abandonar. Explicó: "Quiero disfrutar mi libertad". "Pero, Gorgo -se consternó el señor-. Al pie del altar juraste que me ibas a querer toda la vida". "Es cierto -admitió ella-. Pero no creí que ibas a vivir tanto". La mamá de Pepito le dijo a su marido: "¿Sabías que el vecino del 14 está en las últimas?". Antes de que el señor pudiera contestar sugirió Pepito: "Llévenle a Menegilda". Menegilda era la joven y guapetona mucama de la casa. "¿Por qué a Menegilda?" -se extrañó la señora. Explicó Pepito: "Anoche oí que mi papá le dijo: 'Me hiciste revivir, preciosa'". FIN.
MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
El viajero hace el camino de Guadalajara a Colima.
Llega a Magdalena, cuyos cerros prodigan con prodigalidad piedras a las que llaman sin razón "semipreciosas", pues son preciosas y medio: malaquitas, ónices, lapislázulis, granates.
La buena fortuna del viajero lo lleva a "La Luoita". Ahí se come como en el paraíso, si es que en el paraíso se come. Ha disfrutado el viajero un jocoque -allá dicen "jocoqui"- como el que hacía su abuela doña Liberata en jarrito de barro con leche sin hervir que dejaba toda la noche junto a las brasas del fogón.
Luego el viajero prosigue su camino, y no sabe qué agradecer más a Magdalena, si sus preciosísimas piedras semipreciosas o el jocoque de "La Lupita", que le trajo a la mente y el corazón el recuerdo de su amorosa abuela, mamá Lata.
Por sí o por no -más bien por sí- el viajero agradece tanto las malaquitas, los ónices, los lapislázulis y los granates como el jocoque. Es justo y necesario.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS
Por AFA.
". En problemas Infantino, el presidente de la FIFA."-
Hay quienes, con mucha inquina
-al menos así lo entiendo-,
ahora están proponiendo
que lo manden a Argentina.
