Ciudad de México .-Mis cuatro lectores no me lo creerán, pues profesan el sabio escepticismo de los sabios, pero el jacobinismo oficialista del tiempo de Plutarco Elías Calles llegó al extremo de emprender una campaña en las escuelas primarias del gobierno a fin de imponer a los niños la consigna de no pedir en la temporada navideña sus juguetes a Santa Claus o a los Reyes Magos: sus cartitas deberían enviarlas a Quetzalcóatl. Él era en verdad quien les traía los regalos. Tan absurda acción se antoja de risa loca. Hemos de considerar, empero, a fuer de observadores imparciales, que eso sucedió hace un siglo, cuando a Calles sus malquerientes le decían "El Turco". Y tales malquerientes eran muchos: nada menos que todos los católicos de México. En nuestro tiempo, en nuestros años y nuestros días, estamos contemplando un dogmatismo igualmente ridículo, descabellado y necio. He aquí que la presidenta (con minúscula) Sheinbaum insiste en el empeño del régimen cuatroteísta de borrar todo vestigio de hispanidad en el país. A la señora la mueve un nacionalismo chabacano heredado de su antecesor, tutor, preceptor y supervisor López Obrador, quien a su vez obedeció la terminante orden dictada por su más cercano círculo familiar, al que rodeaba una camarilla de sedicentes historiadores anclados en prejuicios anacrónicos superados ya. Ahora doña Claudia pretende cambiarle el nombre al sitio llamado Paso de Cortés, denominación consagrada por el tiempo y por los usos y costumbres tan caros a la demagogia gobiernista. El intento es reprobable, y seguramente resultará fallido. De dos raíces se nutre nuestro valioso y afortunado mestizaje: la de nuestros antepasados aborígenes y la de los hombres llegados de la Europa, que se fundieron con la población local, a diferencia de los conquistadores de otros pueblos, a los que aniquilaron. Atentar contra cualquiera de nuestras dos raíces es debilitar a la otra. Hermosas las pirámides; hermosos también los templos y palacios coloniales. Bella y noble la lengua castellana: nobles y hermosas lenguas igualmente el náhuatl, la maya y todas las lenguas indígenas que en nuestro país se hablan, y que se deben preservar. El fanatismo, la intolerancia, el obsoleto chovinismo debilitan en vez de fortalecer. Una visión maniquea de la Historia la desvirtúa y empobrece. Ni indigenismo exacerbado ni hispanismo desconocedor de lo propio. Mejor un mexicanismo que aprecie y valore por igual los dos legados recibidos de nuestro común linaje. Inspirado este día has estado, escribidor. Tus palabras llaman a la unión y a la concordia, no al divisionismo ni a la resurrección de pugnas que tienen ya tufo a naftalina. Si no te aplaudo es porque estoy tomando mi café con pan. Tengo por eso las manos ocupadas, y sin ellas no se puede aplaudir. Lo digo con conocimiento de causa, pues hice el intento de aplaudirte sin usar las manos, y debo confesar que fracasé. Ea, deja en su percha la hopalanda del magister -además te queda grande-, y camina por senderos de mayor solaz. "¿Qué te pasa, Remisio? -le preguntó la desposada a su marido-. Ya tenemos seis meses de casados y no me has hecho el amor". Contestó el tal Remisio: "No sabía que tenías prisa". "¡Mesera! -reclamó enojado el cliente-. ¡Estos huevos no están buenos!". "A mí no me diga nada -ripostó la mujer-. Yo lo único que puse fue la mesa". Afrodisio Pitongo es un hombre proclive a la concupiscencia de la carne. Bajo el impulso de sus insanos rijos le hizo una proposición salaz a Susiflor. Ella lo rechazó de plano: "Eres el último hombre con el que haría eso". Inquirió el lúbrico sujeto: "¿Cuántos hay antes que yo?". FIN.
MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Un alud de correcciones, enmiendas y aclaraciones cayó ayer sobre el viajero.
La memoria le jugó una mala pasada, y escribió que el poblado Magdalena se halla en el trayecto entre Guadalajara y Colima, siendo que está por el camino que lleva hacia Tepic.
Al viajero lo desconsuelan sus errores. No ha aprendido a ser tolerante consigo mismo. Sus olvidos no son fruto de los años; resultan de su oficio. Quien mucho habla mucho yerra. Quien mucho escribe yerra más.
Así, el viajero pide -que no ofrece- disculpas a quienes siguen sus andanzas. Malandanzas a veces, como ésta; bienandanzas otras.
El escritor tiene sobre su mesa de trabajo un pequeño letrero que lo anima. Dice: "Babe Ruth se ponchó miles de veces". Si eso le sucedió a uno de los más excelsos bateadores que en el beisbol ha habido, bien puede este caminante errar el camino alguna vez.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS
Por AFA.
". Terremoto en Colombia.".
Me causó temor profundo
esa noticia que vuela.
También tembló en Venezuela.
¿Ya se irá a acabar el mundo?
