México vive hoy un panorama de desconfianza. No es un juicio gratuito: es una consecuencia. Cuando las decisiones económicas y políticas que se toman en el centro del país generan sospecha en lugar de certeza, el resultado es previsible: la inversión deja de ser un cálculo racional y se convierte en un acto de fe, las empresas dudan y las familias son amenazadas por la incertidumbre.
Sin embargo, en medio de ese panorama, hay una excepción que no es casualidad, sino el producto de trabajo sostenido de años: Chihuahua.
Soy una convencida de que la prosperidad y las oportunidades se construyen entre todos. Los principios de la democracia cristiana nos enseñan que dignificar a las personas no es solamente un discurso: es crear las condiciones reales para el trabajo, para la inversión, para la libertad y para la prosperidad. La vida digna nunca es una dádiva de gobierno; es el resultado de gobiernos que avanzan con una visión subsidiaria, de la mano del empresariado y de la sociedad civil organizada, en donde todos nos esforzamos para que nadie se quede atrás.
Por eso, mientras el país entero enfrenta un clima de incertidumbre, en Chihuahua hemos elegido fortalecer todo aquello que genera confianza: el Estado de derecho, la seguridad, la paz laboral, la formación de talento, la certeza jurídica y el respeto irrestricto a la legalidad. Se trata de los cimientos sobre los que hoy se sostiene el crecimiento de nuestro Estado.
La realidad habla por sí misma. Chihuahua es hoy el primer lugar nacional en producción bruta aeroespacial, con el 36% de toda la producción del sector en el país. Somos el único Estado que concentra cinco de los ocho fabricantes aeroespaciales de equipo original (OEM) instalados en México. Esto se traduce en más de 19 mil empleos especializados, exportaciones superiores a los 2 mil millones de dólares en 2025 y más de 29 mil jóvenes formándose en carreras vinculadas a esta industria. Por eso, cuando en la Feria Aeroespacial de Farnborough los ejecutivos de Embraer decidieron instalar su propia línea de manufactura en México, eligieron a Chihuahua. De este modo, EZ AIR se convirtió en Embraer, y con ello se abre una nueva historia de crecimiento para las familias chihuahuenses.
Lo mismo ocurre en la industria electrónica y de semiconductores. Chihuahua fabrica prácticamente la mitad de los circuitos que se producen en todo el país, con más de 185 mil personas dedicadas a este sector y más de 21 mil jóvenes estudiando carreras afines. Por eso PEGATRON decidió ampliar sus operaciones en nuestro Estado, con una inversión de 330 millones de dólares que traerá una nueva planta especializada y mil nuevos empleos de alto valor para las familias juarenses, consolidando a Chihuahua como punto estratégico en la ruta global de los semiconductores.
Y en Ciudad Juárez, la reciente apertura de Frigostar por parte de Gazpro confirma que la vocación logística de la frontera sigue creciendo: un centro único en la región, con tecnología de punta, que fortalecerá la comercialización de nuestros productores y la posición de Juárez como punto de conexión entre México y Estados Unidos. Gracias a la responsabilidad fiscal del empresariado juarense, el año pasado rompimos récord de exportación: más de 109 mil millones de dólares, según datos de DESEC; un incremento del 45% respecto a 2024.
Como puede observarse, nuestra frontera es protagonista en esta historia de desarrollo. Por eso, como Gobierno del Estado, hemos acompañado ese crecimiento económico con obras que mejoran la calidad de vida de las familias juarenses. Mejoramos el transporte público con tres rutas troncales y más de 100 nuevas unidades; también hemos realizado la mayor inversión hídrica en la historia de la frontera, que hoy lleva agua potable por primera vez a más de 220 mil personas; y ya avanzan los 14 proyectos de infraestructura con los que nos habíamos comprometido.
Todo esto es gobernar para la vida. En Chihuahua no vemos la frontera como una línea que nos divide. La vemos como un puente hacia el futuro que conecta mercados, talento e inversión. Esa es la diferencia entre gobernar con visión de largo plazo y gobernar para la coyuntura: nosotros hemos elegido construir certeza donde otros ofrecen dudas y extremismos ideológicos que, al final, afectan a las familias.
Por eso, hoy más que nunca, hay que defender lo que con tanto esfuerzo hemos construido. Debemos cuidar a nuestras familias y a nuestro Estado de visiones que cierran fronteras, que pactan con quienes violentan nuestra paz y que, por eso mismo, condenan a las comunidades al estancamiento.
Chihuahua sí genera confianza. Y ya conocemos la ruta: Estado de derecho, cultivo de talento, apertura y dignidad. Esta es la ruta que ha convertido a Chihuahua en un Estado confiable, y es la ruta que no vamos a abandonar.
