“La verdadera revolución es interior. Es despertar la conciencia”
Jodorowsky
Los partidos de izquierda, como se les llama hasta la fecha, utilizan palabras para denostar a sus adversarios de derecha, como “fascistas”, “clasistas”, “neoliberales”, “entreguistas” y “vendepatrias”. Por su parte, los llamados de derecha utilizan términos como “populistas”, “comunistas”, “castristas” y “maduristas”. No terminaría de señalar las expresiones que utilizan para identificarse unos y otros.
En México, todos los días, desde las seis de la mañana, la presidenta “se deja caer” en contra de quien se le ponga enfrente. Ahora se suma Luisa María Alcalde, asesora jurídica de la Presidencia de la República, quien, en lugar de estar haciendo listas y exponiéndolas en “medios de tecnología de alta definición” —algo así dice—, debería estar desempeñando las funciones que su nombramiento le indica: “Asesora jurídica”, y no andar realizando funciones que no le corresponden.
Se me olvida: la 4T está en el poder.
La noción de una “República prisionera de los órganos de poder” describe una crisis institucional en la que el sistema republicano pierde su esencia debido al control absoluto de los propios organismos del Estado. En lugar de servir a los ciudadanos, las instituciones se convierten en herramientas de facciones políticas, económicas o burocráticas.
Sobre este tema, tan importante en la vida democrática, debería tener algunas consideraciones. Las comparto en pequeños párrafos para concretar las ideas de manera particular y exponer los problemas que enfrentamos en la República.
Causas de la captura institucional
Una República deja de ser libre y se vuelve “prisionera” cuando fallan los contrapesos diseñados para limitar el poder político.
El Ejecutivo subordina por completo al Legislativo y al Judicial, eliminando la fiscalización recíproca.
Partidocracia: los partidos políticos secuestran los canales de representación. Priorizan sus propios intereses antes que las necesidades del pueblo.
Hiperpresidencialismo: la figura del presidente acumula facultades extraordinarias que debilitan la autonomía de las regiones y los municipios.
Uso del aparato estatal: los recursos y organismos públicos se utilizan para perseguir a la oposición y premiar a los aliados del régimen en turno.
Características de una República prisionera
Cuando las instituciones capturan a la República, se observan dinámicas específicas en el ejercicio de la autoridad:
Leyes a la medida: el Parlamento aprueba normas destinadas a consolidar el poder del grupo gobernante, en lugar de proteger los derechos fundamentales.
Justicia selectiva: los tribunales castigan con rigor a los disidentes políticos, mientras garantizan impunidad para los funcionarios del Gobierno.
Colonización de entes autónomos: los organismos encargados de vigilar las elecciones, la transparencia y los derechos humanos pierden independencia al ser dirigidos por militantes o simpatizantes del partido oficial.
Simulación democrática: se celebran votaciones de manera regular, pero las minorías políticas carecen de condiciones reales para competir y fiscalizar.
Vías para la liberación de la República
Para devolver la soberanía a los ciudadanos y restaurar la salud institucional del Estado, es necesario implementar reformas profundas.
Fortalecer la independencia judicial: asegurar procesos de selección de jueces y magistrados basados estrictamente en el mérito profesional y la neutralidad política.
Proteger el papel de las minorías: garantizar que los bloques de oposición cuenten con herramientas legales efectivas para controlar las decisiones de la mayoría en el Congreso.
Fomentar la vigilancia ciudadana: activar mecanismos de rendición de cuentas donde la sociedad civil exija transparencia sobre el uso de los fondos públicos.
Blindar los organismos autónomos: aislar a las instituciones de control presupuestal y electoral de las presiones directas del Poder Ejecutivo.
Siendo estudiante de la Universidad, el texto “Los Siete Sabios” ha sido, hasta la fecha, uno de mis libros de cabecera. Un grupo de estudiantes, entre los cuales, por cierto, algunos son candidatos a ocupar puestos de elección popular, siendo estudiantes de la Facultad de Derecho, era motivo de debates nocturnos, intercambiando ideas, fijando posiciones políticas e ideológicas, con alegatos duros y, en ocasiones, de poca altura; pero alguno que otro logró que otro se lograra.
Los “Siete Sabios” que comparto fueron hombres de Estado que constituyeron instituciones que hasta la fecha son pilares de nuestro país, y no producto de las arengas de los partidos políticos.
Cabe recalcar que entre ellos había hombres de derecha, de izquierda, sinarquistas, rectores, catedráticos, literatos, ministros de la Corte y líderes sindicales. En México, dudo que vuelvan a existir hombres que tanto quisieron a nuestro país, aportando conocimiento y sabiduría.
Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Teófilo Olea y Leyva y Jesús Moreno Baca.
Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, fue una pieza fundamental y el miembro más destacado de los “Siete Sabios” que participó de forma directa en la obtención y consolidación de la autonomía de la Universidad Nacional.
Siendo presidente de la República Emilio Portes Gil —de los de antes—, con la diestra de Gómez Morín y el resto de los “Siete Sabios”, lograron la autonomía de la UNAM.
Por su parte, Vicente Lombardo Toledano, también —de los de antes—, fue fundador de la CTM, que en su momento fue el asiento principal de los obreros agrupados en el PRI. Fundó el Partido Popular Socialista, bajo la línea del marxismo-leninismo.
Dirían los de Morena: son de los de antes…
Salud y larga vida.
Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.
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