En los actuales momentos convulsos de nuestra comunidad internacional, marcados por la guerra económica desatada por los Estados Unidos contra todo país y pueblo que no se rinda a sus pies, así como por las amenazas de que estalle una guerra internacional impulsada también por el imperialismo estadounidense, es importante y urgente que el pueblo se organice, se informe y se comprenda a sí mismo como ente fundamental de la soberanía.

La soberanía, entendida como fundamento de la autodeterminación de las naciones y los pueblos, se expresa en el derecho de todos los ciudadanos a elegir a sus gobernantes y a determinar el gobierno que desean. Aquí es donde la soberanía debe comprenderse como el legítimo derecho de un pueblo a decidir la forma en que quiere ser gobernado. Sin embargo, en la estrategia mediática del imperialismo y de las decadentes “democracias” occidentales, siempre se ha utilizado una narrativa de deslegitimación contra aquellos gobiernos que no se alinean a sus intereses, ya sea en lo político, en lo económico o incluso en lo ideológico.

En México, nuestro pueblo ancestral nació como una nación independiente a costa de muchos años de turbulencias y violencia; costó sangre y numerosas luchas que históricamente quedaron como base de nuestra actual democracia. Y sí, somos una democracia que cada seis años se legitima con el voto de las y los mexicanos, aunque pareciera que esta forma de entender la democracia ya no le interesa a la actual oposición, a la derecha derrotada, porque no entiende que el pueblo de México eligió la transformación y que, elección tras elección desde 2018, esta transformación sigue avanzando. La oposición no ha comprendido que este cambio tiene sus bases en la democracia, y por ello ahora, desde el basurero de la historia, sin proyecto, sin simpatía ni apoyo social, ha optado por respaldar lo más putrefacto del imperialismo, llegando incluso a apoyar la intervención y la invasión de nuestro territorio por parte de los Estados Unidos.

Muchos nos cuestionamos qué es lo que motiva a los políticos de derecha a sumarse a la decadencia estadounidense y al fascismo que impulsa Donald Trump, quien además de manifestar abiertamente su desprecio por las minorías, exhibe un racismo recalcitrante contra todo pueblo que no sea blanco y cristiano. A esta ensalada de cáncer político e ideológico es a lo que ahora la derecha mexicana se suma y apoya, advirtiendo de manera descarada una traición a nuestra nación, a nuestro pueblo y a nuestra soberanía.

Por ello es importante que, desde nuestro partido-movimiento, independiente del gobierno que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum, pongamos manos a la obra en la defensa de nuestra soberanía, de nuestro país y de todas y todos los mexicanos, dentro y fuera del territorio nacional. Contamos con la fortuna y el fruto del trabajo de nuestras estructuras, que han echado a andar la organización para este fin. En nuestro movimiento, la organización tiene como objetivo impulsar la Revolución de las Conciencias.

Así, desde que las amenazas de Trump comenzaron a convertirse en realidad —como en los casos de Venezuela, Cuba y otros países del mundo—, activamos los comités ya instalados en las secciones electorales con el fin de concientizar a todos los ciudadanos, independientemente de su afinidad política, para la defensa de nuestra soberanía. Se trata de enfrentar la andanada fascista e imperialista con organización popular y, sobre todo, en la guerra de la información.

Y es precisamente en la guerra de la información donde, desde las bases de nuestro movimiento, debemos generar acciones directas, individuales y colectivas, contra la manipulación mediática de la que ya somos víctimas: cañonazos de mentiras, injurias y justificaciones de las amenazas intervencionistas, generadas no solo por el enemigo externo, sino también por los traidores internos. Esa derecha ha intensificado sus narrativas para invisibilizar a nuestro pueblo y su derecho a la autodeterminación, con el respaldo de los medios de comunicación y, ni se diga, de las plataformas de redes sociales. Es una guerra cognitiva que debemos enfrentar.

Se trata de organizarnos para sembrar soberanía en cada mexicana y mexicano; de conocer nuestras raíces culturales, nuestros derechos y, sobre todo, de conocernos a nosotros mismos en tiempos difíciles.