Medio siglo. Se dice fácil. No lo es. Si lee este artículo completo, le contaré por qué. En cincuenta años, El Diario ha invertido y luchado por mantener un alto nivel periodístico, haciendo historia. Partidos y gobernantes han ido y han venido; mientras tanto, millones de lectores han sido oportunamente informados, entretenidos y concientizados por interesantes investigaciones y artículos editoriales —fruto de mentes brillantes— y por el diario trabajo de sus experimentados editores y periodistas.
El 17 de febrero, El Diario celebra sus cincuenta años de oro trabajando, gracias a la tenacidad, competitividad, inteligencia y dedicación constante de su dueño, y al oficio de todos los colaboradores, diseñadores, editores, prensistas, personal administrativo y periodistas que han hecho historia en el norte de México y el suroeste de los Estados Unidos. También habría que agradecer a los patrocinadores y empresarios que, a través de la publicidad, han sido importantes para lograrlo exitosamente.
Desde sus inicios en 1976, este medio ha soportado los ataques de poderosos presidentes, gobernantes, funcionarios y criminales que han querido intimidar a sus periodistas y censurarnos; pero el periódico ha respondido con sabiduría y con un periodismo valiente, aliándose en momentos con quienes entienden el valor del periodismo crítico y cuidando nuestro ideal principal: el de realizar un periodismo libre. Un derecho que garantizan las leyes universales sobre la libertad de prensa, heredadas por los fundadores de las principales democracias mundiales, para balancear a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, básicos en cualquier nación que se autodenomine democrática.
Vivimos en tiempos de cambio, de reorganización mundial. Tiempos políticamente extremos. El periodismo ha sido golpeado, pero las grandes instituciones, como este medio, han sobrevivido gracias a su mayor activo: la credibilidad que décadas de esfuerzo, sobreviviendo múltiples cambios y corrientes de gobierno, te dan.
Desde afuera parece fácil, pero no lo es, créamelo. Yo he sido testigo cercano. Visité las instalaciones originales a los ocho años, en tiempos en que el periódico y sus fundadores utilizaban una pequeña prensa. En sus inicios, hubo ocasiones en que no se tenía ni para pagar el papel. Crisis que, con su ya reconocida astucia empresarial, su dueño resolvió. Ese mismo día me llevaron a donde ahora se encuentran nuestras oficinas de Ciudad Juárez, en el área del Pronaf. Estaban todavía en obra negra.
Desde sus inicios, El Diario ha sido atacado por diferentes y poderosas organizaciones, e incluso por la misma competencia, debido a su espíritu de denuncia pública, saliendo avante gracias a la preferencia de sus lectores y adquiriendo una invaluable experiencia. Con los años, le ganó la competencia al medio dominante entonces, El Fronterizo, que tiempo después cerró sus puertas.
El Diario, de arraigo juarense, estaba destinado a ser partícipe de la historia en el estado de Chihuahua. El rápido crecimiento económico e intelectual de la ciudad, la inversión y la modernización permitieron imprimir diferentes secciones a todo color. Pero, sobre todo, los lectores se dieron cuenta de que, desde sus inicios, este medio mantuvo una línea crítica hacia el poder establecido, factor que influyó para que la alternancia política se diera primero en el norte del país. Sus periodistas eran una generación cansada de las mañas y abusos de la dictadura perfecta, que duró 71 años influenciando la agenda informativa del estado de Chihuahua desde la capital mexicana.
Los periodistas de El Diario de entonces eran una generación idealista que tenía hambre de cambios. En los ochenta, entrabas al periódico y se escuchaban las ruidosas máquinas de cable recibiendo información automáticamente —recuerde que no existía el internet—, y el tecleado de los reporteros escribiendo rápidamente en sus máquinas de escribir, ahora antigüedades, para cumplir con los cierres informativos que demandaban los prensistas y editores. El Diario fue un éxito total, convirtiéndose, por su atinada conexión colectiva, rápidamente en uno de los periódicos más importantes del norte de México.
Cuentan algunos colaboradores más experimentados que yo que este medio decía la verdad a ocho columnas. Por ejemplo, un día la nota principal acabó con la antigua guardia de periodistas, cuando el periódico denunció que utilizaban carros robados o asegurados recuperados por la policía para reportear, evidenciando la sociedad que existía entonces entre los medios oficialistas y el poder, algo que El Diario cambió.
Tiempo después, ya con más credibilidad, Ciudad Juárez y mi generación fuimos testigos de la campaña plural de este medio, que finalmente ayudó bastante en la derrota del partido dominante y en la primera victoria importante del PAN en Chihuahua. Victoria que entonces generó muchas esperanzas, pero que con el paso del tiempo, de varios presidentes y gobernantes, también llegó a generar desilusión civil a nivel nacional y estatal. Situación que aprovechó muy bien la izquierda, que ya había hecho el trabajo desde las trincheras, con Cuauhtémoc Cárdenas liderando desde antes de que el expresidente Obrador ganara las elecciones con el partido Morena; y a quien, debo admitir, apoyé por convicción con mi trabajo periodístico desde los Estados Unidos. Su figura llegó para cambiar radicalmente el timón de la nación, en lo que ahora se presenta como la nueva generación morenista que gobierna este país.
Desde la perspectiva de El Diario, gobernantes, discursos y líderes van y vienen. El Diario es ya una institución. En lo personal, como partidos, todos me han desilusionado tarde o temprano cuando llegan al poder, por lo que yo sigo una línea independiente, crítica, de vigilancia y denuncia, sin mezclarme mucho con la clase política, para no parecerme a ellos y poder escribir sin compromiso, con libertad.
Me tocó también ver el nacimiento de El Diario en todas las principales ciudades del estado, incluyendo Chihuahua. También fui cofundador de El Diario de El Paso, que siempre defiende a los nuestros, a pesar de la resistencia de los anglosajones hacia nuestro idioma y cultura, y del racismo que ejerce la extrema derecha actualmente.
El tiempo, y mi experiencia, revelan muchas verdades, si es que hay voluntad y se les busca. Este medio ha pagado su atrevimiento con pérdidas irreparables, como la de nuestro compañero, el querido Choco, por quien aquí oramos, y razón por la que decidí volverme un activista que defenderá siempre contra las injusticias y la violencia hacia los periodistas en México y el mundo.
Como medio fronterizo, hemos establecido relaciones con organizaciones internacionales muy reconocidas en Estados Unidos y Europa, dispuestas siempre a defender a los periodistas de las organizaciones criminales que ejercen violencia contra ellos, así como contra la represión e injusticias que algunos periodistas sufren a manos de quienes debieran proteger su profesión: funcionarios públicos coludidos con criminales. Aquellos corruptos que se esconden detrás de sus máscaras para dañar el patrimonio nacional. Sinvergüenzas que se protegen bajo sus desafueros y alianzas con el poder. Los hay, déjeme decirle, aquellos que atacan el periodismo libre utilizando recursos que nuestros propios impuestos generan.
Pero este es un artículo para brindarle esperanzas a la nueva generación digital, quienes deben seguir aprendiendo de los grandes maestros que participaron y trabajaron en nuestras oficinas a través de los años. No diré nombres, pero, como nuestro director, son legendarios. Esperanza para que este medio continúe el camino trazado hasta ahora y su legado se preserve, pese a la envidia y juicios desinformados de aquellos que no vivieron todos los confrontamientos que esta digna profesión y este periódico han experimentado, siempre teniendo a sus lectores en cuenta.
Publiqué mi primera columna a los 15 años en este medio, porque siempre defendí a las víctimas de las injusticias. Lo traigo ya en los genes. Es algo personal.
La experiencia de este medio es un tesoro que hay que conservar para la posteridad, porque con las redes sociales las mentiras también han incrementado, y las actitudes proteccionistas del partido en el poder hacia sus malos elementos se han vuelto descaradas. El Diario y la crítica constructiva que nos enseñaron nuestros educadores siempre serán necesarios. La verdad cuenta, y a veces, entre tantas narrativas, es nuestro trabajo descifrarla, o al menos aproximarnos a ella, aunque a algunos les incomode.
Felicidades anticipadas a El Diario, y a su fundador y director. También, feliz fin de San Valentín. Le deseo que la resaca amorosa y financiera no sean muy graves.
Jerry79912@yahoo.com
