El anuncio que la semana pasada hizo la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), de cerrar por 10 días el aeropuerto de El Paso (que luego de unas horas dio marcha atrás), provocó una de las tantas alertas rojas a las que nos estamos acostumbrando en los últimos meses.

La FAA advirtió del cierre de este aeropuerto, uno de los principales puertos aéreos fronterizos con México, y el principal vecino comercial del estado de Chihuahua con Texas, al detectar, supuestamente, la incursión de drones de cárteles mexicanos en espacio aéreo estadounidense.

Unas horas después de este sorpresivo anuncio se aclaró, por vías no oficiales, que el Pentágono norteamericano habría ejecutado prácticas de defensa contra ataques de drones criminales.

Hasta este momento, no hay una aclaración que sostenga ninguna de las versiones, pero, de entrada, ese aviso generó una tensión en ambos lados de la frontera; primero, la advertencia de amenaza a Estados Unidos no afecta sólo a ese territorio, sino a México de inmediato.

Segundo, la incertidumbre de lo que no puede verse a simple vista. En el imaginario colectivo, está el aparente ataque o amenaza de ataque. ¿Cuál es la versión correcta?: nadie lo sabe.

Lo cierto es que en la última década, el uso de drones por parte de grupos del crimen organizado -especialmente los cárteles mexicanos de la droga- ha pasado de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en una táctica establecida dentro de sus operaciones ilícitas.

Originalmente utilizados para vigilancia y reconocimiento en zonas de conflicto, hoy los drones se emplean también para el trasiego de drogas sintéticas como fentanilo y metanfetamina, llevando cargas de hasta 100 kilogramos o más en sistemas hechos a la medida de los cárteles; esto representa un salto importante frente a los métodos tradicionales como las mal llamadas “mulas” humanas o aeronaves ligeras.

Además del contrabando, estos aparatos se han adaptado para ataques y hostigamientos contra autoridades y rivales: grupos criminales han acoplado explosivos a drones comerciales o agrícolas modificados, convirtiéndolos en armas improvisadas capaces de detonar cargas desde el aire o de espiar posiciones enemigas.

El impacto del uso de drones por parte del narcotráfico va más allá del contrabando: por ejemplo, riesgos a la seguridad aérea civil, como lo que acaba de ocurrir en el aeropuerto de El Paso.

Agencias de seguridad advierten que los drones se usan casi a diario para vigilar movimientos de policías fronterizos y transmisiones en tiempo real, complicando las labores de control y defensa.

Legisladores y oficiales estadounidenses han declarado que los drones podrían convertirse no sólo en herramientas de tráfico, sino en armas operativas que atenten contra la seguridad fronteriza o incluso objetivos humanos.

Estas capacidades tecnológicas también implican una mayor sofisticación del crimen organizado, que está reasignando recursos para operar gadgets de vigilancia, sistemas jammers e incluso contramedidas tecnológicas que evitan la intercepción de sus señales y rutas de vuelo.

Ante este fenómeno, las respuestas de los gobiernos tanto de México como de Estados Unidos se han diversificado, aunque con limitaciones legales: implementación de sistemas antidrones, así como fuerzas de seguridad que han adquirido equipos especializados para detectar y neutralizar drones criminales, desde sensores de radiofrecuencia hasta tecnologías específicas de interdicción aérea.

En algunos casos se han propuesto o aprobado cambios en códigos penales y leyes aeronáuticas para penalizar el uso de drones con fines delictivos, estableciendo sanciones más severas para quienes los empleen en crímenes graves.

Existe cooperación bilateral y multilateral para compartir inteligencia, tecnología y mejores prácticas; sin embargo, cuestiones de soberanía y límites legales, complican una acción más directa.

El uso de drones por parte de actores criminales demuestra cómo una tecnología originalmente civil puede ser reconvertida en herramienta para el delito, con consecuencias profundas.

La incursión de drones en las operaciones del narcotráfico representa un nuevo frente en la guerra contra el crimen organizado, que mezcla tecnología, violencia y desafíos legales en un terreno globalizado donde los actores delictivos pueden adaptarse más rápido que los marcos regulatorios. Al tiempo.

Fuentes: Diario de Juárez, La Jornada, ABC News, AP News, Radio Fórmula, AP News, The Latest: Trump administration ties El Paso airspace closure to Mexican cartel drones.