Para combatir el narcotráfico, extorsión, robo, asalto y todo hecho delictivo, el gobierno federal dice que antes de atacar esos delitos, deben eliminarse las causas. Demuestran fehacientemente que no saben qué es la explicación científica.
La causalidad es una teoría que explica a partir de que todo tiene una causa. Esta es una tesis muy socorrida. En las cajetillas de cigarros se advierte que “Fumar es causa de disfunción sexual, debilita el deseo, el placer y reduce la calidad, cantidad y velocidad de los espermatozoides” y por supuesto de cáncer pulmonar. Y nos preguntamos ¿necesariamente? No es así, muchísimas personas sufren de ese padecimiento y nunca han fumado. Hay quienes consumen tabaco como chacuacos (son chimeneas donde se expulsa el humo de las industrias) y jamás sufren de ese aterrador mal. Conste que no estoy promoviendo que las personas fumen, de ninguna manera. Los fumadores tienen entre 10 y 30 veces más probabilidades de desarrollar cáncer de pulmón en comparación con quienes no acostumbran el tabaco. Pero no se explica casualmente, sino en probabilidades. Hay otras clases de explicaciones científicas: leyes universales sobre todo las llamadas estándar que suponemos son válidas en todo tiempo y lugar. Las probabilísticas que se fundamentan en estadísticas (al comprar un billete de lotería la probabilidad de ganar es de 0.001%. Que te pegue un rayo es más probable que pegarle al gordo). Otras que se mencionan son la teleológica en la cual se asegura que finalmente todo tiene un objetivo. La genética, la cual explica –sobre todo en eventos históricos- cómo un suceso –o varios- van generando el resultado final. Por exponer un caso, se expone por qué Hitler perdió la Segunda Guerra Mundial. La pobreza no es necesariamente causa del efecto del acto criminal. La delincuencia organizada, digamos el narcotráfico, lo consideramos como quien produce, procesa y comercia drogas prohibidas. Pero quienes se integran a cárteles no son solo agricultores. En México existen cerca de 40 millones en situación económica de bajos recursos. La mayoría de ellas son personas humildes, trabajadoras, honradas y no se integran en automático a la delincuencia. ¿Es la ignorancia es la causa que los no estudiados se formen en las filas de la delincuencia? No, los capos no solo necesitan de jornaleros y sicarios. También contratan ingenieros. Los famosos túneles de El Chapo Guzmán no los diseñaron albañiles de baja escuela sino profesionistas expertos. Por supuesto diestros y prestigiados abogados que defiendan a los delincuentes detenidos, médicos que trabajen en la prevención y curación de los enfermos o caídos, biólogos y genetistas para perfeccionar los cultivos, químicos para saber qué productos utilizar en la elaboración de sustancias de cualquier tipo, pilotos que trasladen drogas de un país a otro en aviones especialmente adaptados para tal fin, marineros que hagan lo propio, expertos financieros para crear empresas fantasmas y lavar efectivo. Especialistas en teorías de información. Técnicos para colocar y manejar cámaras de vigilancia, hackers para interceptar mensajes de las fuerzas del orden. Y así, asistir, estudiar, graduarse con honores no los exenta de incorporarse a la criminalidad. No estoy diciendo que todos los universitarios se contraten con maleantes, afortunadamente son los menos. Pero para el crimen organizado son indispensables en el mundo entero. Y los más importantes: policías, militares, políticos y funcionarios públicos corruptos que proporcionen información privilegiada y con cuya intervención garanticen impunidad. Cite aquí a bajos, medianos y altos funcionarios no solo en México sino en la mitad del mundo. Como es fácil inferir, la red de la delincuencia organizada es demasiado amplia. Por tanto, la pobreza y la ignorancia son la base, pero para que la empresa triunfe, necesita de miles de manos, miles de cerebros y miles de deshonestos. Así, atacar a la delincuencia es una tarea compleja. Los consumidores son la parte medular, pero para que las drogas lleguen a sus manos pasan por muchísimos procesos. El distribuidor al menudeo es el último eslabón de una compleja red delincuencial. Y sí, como se dice en los discursos políticos, la escalera debe barrerse de arriba hacia abajo, pero simple y sencillamente no se hace porque las ganancias son exorbitantes. Y porque no están dispuestos a hacerlo. Mi álter ego se pregunta ¿está en peligro la sede de Guadalajara para el próximo mundial? La FIFA tiene la última palabra.