Durante las últimas semanas en México, se respira un ambiente de festejo y felicidad, todos sabemos que la fiesta mundialista ha dejado a nuestra selección en la parte alta de la lista de los favoritos y de los puntos que se reunieron para llegar al cuarto partido, el cual se ganó de manera espectacular frente a la selección de Ecuador, llevando a México al quinto partido y a revivir una esperanza de las y los mexicanos.

Pudiéramos hablar de un evento de entretenimiento para México, e incluso para el mundo, principalmente de aquellos países que participan y sobre todo de esos países que han avanzado en las fases eliminatorias, existen críticas hacia los gobiernos de las ´partes opositoras, que acusan y señalan a las autoridades por “usar” el Mundial como una especie de herramienta de distracción.

Hay una ceguera política por parte de la oposición en México, que ha intentado usar las victorias de nuestra selección como si se tratara de un acuerdo fortuito de parte del gobierno, minimizando un momento espectacular de la selección y también de días de festejo para el pueblo mexicano, sabiendo entonces que en pocas semanas esta fiebre terminará, pero pareciera que a la oposición no le agrada ver a los mexicanos en un ambiente de celebración.

Y es que de nueva cuenta los planes de la oposición fallaron, fracasaron, intentaron por todas las formas utilizar las causas y luchas legítimas como ariete contra la transformación, intentaron que los reflectores internacionales fueran aprovechados para enviar una imagen muy negativa de nuestro país y sobre todo, de que las y los mexicanos salieran a las calles a poner el pecho por los intereses que la oposición intentan redituar política y electoralmente.

Sin embargo, el pueblo conoce muy bien nuestros problemas, pero también reconoce las intenciones y vileza de la oposición política, es así que sin dejar la empatía y solidaridad con los temas importantes, se ha relajado el ambiente político y social, para disfrutar de este evento deportivo internacional, de cual México es el país de los coanfitriones, que más reflectores se ha llevado, tanto por lo que ha sucedido al interior de la cancha, como lo que se vive en las calles de la Ciudad de México y de todo el país.

Lamentablemente la euforia colectiva y la celebración del mexicano, siempre tan efusiva y llena de emociones y sentimientos, ha llevado a que también se registren accidentes e incluso que personas pierdan la vida, lo que habla de una descarga que difícilmente puede ser controlada por cualquier autoridad, por lo que se han reforzado la vigilancia y se ha incrementado la presencia de policías, sin embargo es necesario que sean los mismos ciudadanos quienes le apuesten principalmente a la mesura, el autocontrol y a la prudencia, para que los festejos sigan siendo de felicidad, sea en la victoria o en la derrota.

No se trata de olvidar o sepultar nuestra realidad, tampoco de ignorar el sufrimiento y dolor de los problemas que nos aquejan como mexicanos, tampoco de perder una identidad de lucha por un partido de fútbol, mucho menos de intentar desaparecer la contienda electoral, porque tras el Mundial volveremos a nuestras rutinas diarias, pero es necesario un momento de respiro y alegría, el pueblo mexicano y todos los pueblos del mundo.

Y llegó esa frase que ha logrado vencer las ideologías, los dogmas y las diferencias, que cualquier campaña política electoral, y que alude a una esperanza, una fe y un sueño de la mayoría de los mexicanos, hasta de quienes no gustan del fútbol, pero se trata de algo que posiblemente hasta la afición futbolera lo merezca, así lo ha demostrado el mexicano en las calles, un sueño y una historia que quedaría en la memoria colectiva de nuestra pueblo, como una fiesta de cumpleaños de nuestra infancia en donde todos nuestros familiares, amigos y seres queridos asistiera y que recordaríamos toda nuestra vida, “¿y si sí?