Ciudad Juárez.- Hace tiempo que no cantaba el himno nacional como cuando era niño y estaba en la escolta de la escuela primaria Zaragoza de Ciudad Juárez. El pasado martes me uní de corazón a los aficionados que se reunieron en el parque que está frente al Centro Cultural México Americano en la zona centro de El Paso Texas. Desde niño me gusta el mundial de futbol, pero debido a los altos costos de los boletos, en esta edición preferí ver los partidos por tele. El ambiente fue muy sano, familiar. Lo mejor es que la selección ganó, y ganó bien. México sigue invicto y sin goles recibidos, pero lo mejor está por venir. Hoy el ‘tri’ se la juega contra Inglaterra.
El funfest de la selección fue patrocinado por esa ciudad. Dieron agua, hicieron una apreciable rifa de regalos en la que el regidor Canales participó, y regalaron collares con los colores de la bandera. Es muy bonito apoyar a tu país desde fuera. Uno se siente más mexicano que los tacos. Los policías y bomberos se daban la vuelta animando con sus sirenas a la gente. Por ahí no se asomo ningún encapuchado de ICE. Aunque el evento se retrasó por más de una hora debido a las tormentas de lluvia, nadie se fue. El sol cedió ante las nubes blancas, y una brisa llegó del sur para refrescar la bonita tarde. Los drones aéreos se paseaban por lo alto provocando a los asistentes, y ya al caer la noche, luces de diferentes colores de los edificios del centro se asomaron para alegrar la noche. Mientras se esperaba el anhelado pitido inicial, surgieron las cascaritas acrobáticas de dominadas de pelota. Una vez iniciadas las hostilidades del primer tiempo, la pasión se desbordó por completo cuando el colombiano mexicano Julián Quiñones anotó. No cabe duda que los mexicanos nacemos donde queremos, como dicen. En Ciudad Juárez se calculó que más de ocho mil quinientas almas se reunieron entre el estadio 8 de diciembre y el parque central. En la Ciudad de México, el hermoso estadio Azteca se abarrotó con ochenta mil ochocientos veinticuatro almas. Después del triunfo ante Ecuador, reportes indican que un millón cuatrocientos mil corazones se congregaron en el Angel de la independencia. La mala nota es que hubo cuatro muertos entre las multitudes, y mucha basura que limpiar en las calles. En Chihuahua capital se tomaron medidas de seguridad después de que un automovilista atropellara a unos peatones que celebraban moviendo vehículos después de otro partido anterior, algo que desafortunadamente ya ha sucedido en varias partes del mundo. Este verano caliente que ya estamos en precampañas electorales y con el mundial en casa, los temas de moda son el futbol y la política; y aunque se piense que no se parecen en mucho, sí están profundamente relacionados. Los eventos deportivos masivos y el entretenimiento facilitan la llegada de mensajes políticos a la población. En ocasiones también se manipulan para desviar la opinión pública. Desde que los griegos y los romanos desarrollaron las olimpiadas, los estadios, el imperio y la republica -entre otras cosas- la civilización occidental a la que pertenecemos en gran parte ha disfrutado del pan y circo que nuestros gobernantes le generan al pueblo para distraernos y calmar cualquier brote de rebelión causado por las injusticias, las guerras, y la escases económica. Por siglos, la clase del poder ha usado el populismo como una herramienta de control de masas. De estas antiguas civilizaciones –aún vigentes- heredamos también las técnicas del teatro y la guerra –para lo que también eran hábiles-. En muchos países del mundo, pero especialmente en México, el balompié es el deporte más popular del mundo. Sobre todo, cuando juega la selección mexicana. Es, se puede decir, el fenómeno social más popular en cuanto a cohesión e identidad nacional. Durante las transmisiones, este deporte paraliza gran parte de la población económicamente activa, generando grandes expectativas e ilusiones, especialmente cuando se gana. Cada vez que juega la selección, millones de aficionados dejan a un lado sus diferencias ideológicas y problemas cotidianos para unirse bajo una misma camiseta; fomentando la colectividad y un sentido de comunidad que trasciende fronteras. La pasión por el ‘tri’ provoca que personas de todas las clases sociales y regiones se apasionen, llenando las plazas públicas. Inteligentemente, los gobernantes y los empresarios aprovechan la sinergia que los eventos deportivos grandes generan como plataformas de propaganda para promover sus ideologías como las ganadoras, al igual que sus negocios e intereses particulares. Por ejemplo, cuando los Indios de beisbol de Juárez buscaban el bicampeonato, el alcalde en turno -ahora con licencia- Cruz Pérez Cuellar aprovechó para solicitar apoyos adicionales en infraestructuras deportivas que luego han sido utilizadas para campañas políticas y promociones gubernamentales con el objetivo de conectar con sus bases electorales. La fiebre mundialista está al rojo vivo, y se siente en México más que en los otros dos países anfitriones; opacando las guerras sucias y la politiquería entre los contrincantes políticos de todos los niveles, y uniendo a la ciudadanía por encima de las divisiones partidistas. Pero esta aventura de verano pronto pasará. ¿Y si no? ¿Ya cumplió la selección? ¿Nos vamos a conformar con pan y circo? Es una bonita fiesta, pero para los ciudadanos maduros e independientes la concientización política no puede terminar conformándose con una fiesta deportiva. Si gana se agradece, especialmente a los que están en el campo de juego y representan a nuestra nación, pero queremos mejorías en los tres niveles de gobierno. En salud, seguridad, justicia y oportunidades económicas. Por eso seguiremos vigilantes, emancipándonos sin ser absorbidos por los dramas populares, exigiendo vigilantes el beneficio público. Deportivamente, esta selección ya hizo historia, pero quiérenos más. La batalla deportiva de México hoy es contra Inglaterra, y nada menos que en territorio Azteca. Pero la pelea se da también fuera de la cancha, y desde antes del juego. El gobierno de Inglaterra ya previno a sus compatriotas que planean visitarnos para que se cuiden de los criminales, dicen. Cuando llegaron a Toluca, el dispositivo de seguridad era intenso. Después de que la selección ecuatoriana se quejara formalmente por todo el ruido que les hicieron afuera de su hotel antes del juego los fans mexicanos, exigieron seguridad extra en donde se hospedaron. El entrenador británico ya se había quejado de la desventaja que sería jugar en la altura de la capital, como queriendo abrir el paraguas. Lo irrisorio es que los fanáticos ingleses, aunque tiene la liga de futbol más cara del mundo, y una gran diversidad de extranjeros naturalizados en sus equipos, son conocidos como una de las aficiones más violentas y desastrosas del mundo: los tristemente célebres hooligans. Para los que no lo sepan, un hooligan es definido como un individuo o grupo violento, disruptivo y gritón; que particularmente causa problemas en eventos deportivos, especialmente durante partidos de futbol. Una conducta reprobable en todos lados y en todas las culturas. No será fácil, pero México tiene una oportunidad inigualable de trascender históricamente, y demostrar que, mas allá de la narrativa promovida por los países anglosajones dominantes que intentan conservar su dominio imperialista desestabilizando las economías de los países con los que compiten a través de la intimidación; motivados por el intervencionismo, y basados en juicios moralistas hipócritas que no les quedan, dado sus propias mafias internas, y sus complejos militares industriales asesinos –recordemos que Estados Unidos designó como terroristas a los cárteles latinoamericanos, y su presidente dice que la narco política impera y domina en nuestro país- México y su gente tienen cosas muy buenas, y nuestro país merece una mejor imagen internacional por lo cálido de su gente. En hora buena por el debut mundialista de dos mexicanos en la selección estadounidense, uno de Juárez, Alejandro Zendejas, y otro de El Paso, Ricardo Pepi.