Odiseo, héroe agotado por la guerra de Troya, navega en busca de su patria. En el peligroso estrecho entre el monstruo Escila y el remolino Caribdis se decide el destino de su tripulación.

Odiseo capitaneaba sigilosamente la nave que lo llevaba de regreso a Ítaca junto a sus hombres. En cubierta vigilaba con nerviosismo, pues la hechicera Circe lo había prevenido sobre los peligros que enfrentarían. De manera intempestiva, por el lado ciego de la embarcación apareció Escila, un monstruo marino de seis cabezas. Emergiendo con violencia, arrebató de la nave a seis hombres.

Escila utilizaba sus larguísimos cuellos como tentáculos. Odiseo relata que buscaba desesperadamente a sus compañeros: "Y de pronto vi allá en lo alto sus pies y sus brazos, mientras eran alzados por los aires. Gritaban chillando mi nombre en su último clamor, con el corazón angustiado".

Envuelta en la negra muerte de su cueva semisumergida, Escila —plantada en la entrada con sus doce garras como raíces— se movía con velocidad. "Se puso a devorarlos, y ellos aullaban, mientras tendían hacia mí sus brazos en la horrible matanza. Aquello fue lo más desgarrador que yo vi", comenta Odiseo.

Este episodio constituye el momento más angustioso del poema La Odisea.

Antes del ataque, la bruja Circe advirtió a los tripulantes que solo existía un camino para regresar a Ítaca: cruzar un estrecho donde, de un lado, se encontraba Caribdis, el remolino devorador de barcos, y del otro, el monstruo Escila. El héroe debía decidir entre dos males inevitables:

Escila: "Tiene doce patas, todas deformes, y seis cuellos larguísimos con una cabeza aterradora en cada uno". La hechicera Circe advirtió: "Por allí no ha pasado nunca nave que se jacte de haber escapado sin daño, pues con cada cabeza arrebata a un hombre". Pasar a escasos metros del monstruo implicaba una pérdida inevitable.

Caribdis es un remolino inmenso: "Tres veces al día vomita el agua y tres veces la absorbe tremendamente. ¡No vayas tú a acercarte por allí cuando la succiona!". Circe trazó la estrategia: mantenerse pegados al escollo de Escila para evitar ser tragados por Caribdis. Escila representaba la pérdida calculada; el remolino, el riesgo absoluto.

Ambos eran males inevitables para cruzar el estrecho. Escila devoraría, sin remedio, a seis hombres: la pérdida calculada y el dolor imposible de evitar. Caribdis, en cambio, podía destruir toda la nave: la pérdida total.

Odiseo —Ulises en la tradición latina— da nombre al poema griego. El héroe regresa de la guerra de Troya, narrada en la Ilíada. La Odisea cuenta su largo retorno y la añoranza por su palacio en Ítaca: veinte años de ausencia, diez dedicados a la guerra y otros diez al accidentado viaje de regreso.

Son trece las aventuras que conforman el poema épico: los lotófagos, los cíclopes, los lestrigones, Circe, el viaje al Hades, las sirenas, Caribdis y Escila, Calipso, entre otras. Carlos García Gual señala que estos encuentros fabulosos confirman el talante heroico de Odiseo, "del sufrido viajero de muchas experiencias, enfrentado a un mundo maravilloso y lleno de peligros".

Tras perder casi toda su flota ante los lestrigones y sufrir los horrores del cíclope, Odiseo y sus hombres permanecieron un año en la isla de Circe, entre el letargo y la prisión que les ofrecía la hechicera. Fueron sus propios compañeros quienes le recordaron su deber de regresar. El héroe recuperó entonces el sentido de su vida: volver a su patria, junto a su esposa Penélope y a su hijo Telémaco.

García Gual, filólogo clásico y una de las mayores autoridades en el tema, identifica tres facetas de Odiseo: el guerrero de Troya que ideó el gigantesco caballo de madera con el que los griegos conquistaron la ciudad; el aventurero del mar; y el rey que regresa para recuperar su hogar y reunirse con su esposa. Para él, La Odisea "es el relato griego más influyente en toda la literatura occidental desde la Grecia arcaica hasta nuestros días".

En este canto, La Odisea muestra la eterna necesidad de elegir. La vida plantea disyuntivas que obligan a decidir. El héroe griego opta por pasar cerca de Escila para alejarse de Caribdis. Es una decisión utilitarista y profundamente trágica, pues sacrifica algunas vidas para salvar a la mayoría.

Odiseo no era un cobarde; jamás rehuyó el riesgo. Angustiado, preguntó a Circe si podía combatir a Escila para salvar a sus hombres. La respuesta de la hechicera fue tajante:

—¡Temerario! ¿Es que otra vez te interesan las obras de la guerra y el esfuerzo? Ella no es mortal; es un mal inmortal... No hay defensa alguna.

El poema exalta el sacrificio por el bien común. Homero —a quien la tradición describe como un poeta ciego— enseña que no existe una solución fácil ni perfecta. El camino de la vida es estrecho y a ambos lados acechan las dificultades; a veces es necesario sacrificar algo valioso para preservar lo esencial.

Platón, con un sentido profundamente homérico, afirma en La República: "Frente a la excelencia, los dioses han impuesto el sudor y un camino largo y escarpado".

Homero eleva los peligros del mar a la categoría de dilemas morales; el poema trasciende el arte literario para adentrarse en la metafísica y la ética. Las adversidades —el hambre, la muerte y el sufrimiento— expresan la condición humana y forjan el carácter.

La Odisea es un canto épico a la misión personal y al sentido de la vida, así como a su papel en la formación del carácter. Las adversidades impuestas por el destino y las tentaciones son los verdaderos monstruos que el ser humano debe vencer. El poema confirma que la pérdida y los riesgos son más soportables cuando el sentido de la vida permanece firme.