Mientras miles de familias en Chihuahua tomaron sus vacaciones de medio año —algunos viajaron a Mazatlán, otros a la Sierra, a otro estado de la República, o al extranjero; en alguna presa, en un balneario o simplemente descansando en casa— pareciera que hay un grupo al que el verano simplemente no le llegó: a la clase política.

Basta abrir cualquier portal de noticias o entrar a las redes sociales para comprobarlo. Dan hasta risa. Un día aparece una encuesta colocando a un aspirante en primer lugar; al siguiente día surge otra donde el ganador resulta ser alguien completamente distinto. El hecho es, si hiciéramos caso a todas concluiríamos que habría por lo menos cuatro punteros al mismo tiempo. Las mediciones son para todos los gustos y casi siempre coinciden en algo, el favorito suele ser quien la está difundiendo y el que paga su propia encuesta.

En Morena la conversación gira alrededor de quién encabezará la candidatura a la gubernatura de nuestro estado. El Partido Verde asegura que sin determinado personaje no habrá alianza; unas horas después aparecen mensajes de respaldo entre aspirantes; la dirigencia nacional guinda llama a la prudencia y, mientras tanto, hasta dentro de los propios partidos comienzan a surgir diferencias que todos intentan interpretar.

En el PAN ocurre algo parecido pero los reflectores apuntan hacia la Presidencia Municipal de Chihuahua. Un aspirante organiza un encuentro con mujeres y poco tiempo después lo hace el otro aspirante, organiza un evento similar pero con más personas al que acudieron con el primero. Aparecen nuevas carteleras, entrevistas, reuniones, recorridos y fotografías. Cada semana pareciera iniciar una campaña distinta, aunque todavía falte mucho para que oficialmente sean válidas.

Lo más curioso es que cuando los ciudadanos hablan de política, terminan hablando de otra cosa.

De los baches que obligan a cambiar de carril todos los días; de las largas esperas en los hospitales; de la falta de agua y hasta de la poca presión en las tuberías; de la violencia que sigue preocupando a miles de familias; del transporte público y hasta del costo de la vida.

Difícilmente una conversación desarrollada durante una carne asada, comienza preguntando quién encabeza la encuesta publicada esa mañana.

Y ahí está el problema.

La política lleva semanas hablando de sí misma. Y es que mientras los ciudadanos en cambio siguen hablando de los problemas de siempre, las encuestas cambian de ganador cada semana aunque los problemas de Chihuahua lleven años ocupando el primer lugar.

Luego se sorprenden de que la gente se muestre cada vez más distante de la política.

No es difícil entender por qué.

Durante semanas vemos espectaculares, invitaciones a reuniones; se arman estrategias, alianzas, entrevistas, salen a la luz pública declaraciones y encuestas que cambian de ganador con una facilidad casi cómica. Pareciera que algunos conocen mejor los porcentajes de intención de voto que, por ejemplo, el estado de las calles por donde diariamente circulan miles de chihuahuenses.

Hay otro efecto que casi nadie comenta. Cuando las campañas empiezan demasiado pronto también comienzan a opacar a quienes todavía tienen la responsabilidad de gobernar. Pareciera que algunos funcionarios o servidores públicos ya andan buscando el siguiente cargo cuando todavía no terminan el actual. Y eso, además de prematuro, tampoco ayuda a los gobiernos que hoy siguen teniendo la obligación de dar resultados.

Después de ver todo eso, uno termina pensando que nuestros políticos deberían irse de vacaciones unos días para haber si recapacitan. Que no dejen de trabajar, sino que su descanso sirva para que regresen recordando que todavía falta muchos meses para la próxima elección y que, antes de pensar en el siguiente cargo, todavía hay un estado y 67 municipios que atender.

Sería mucho más útil cambiar, aunque sea por unas semanas, las carteleras y eventos por cuadrillas de bacheo.

También sería interesante ver ahora a los aspirantes recorriendo las colonias donde los vecinos llevan años esperando que reparen una calle; visitando hospitales públicos para escuchar a pacientes y personal médico; caminando por las zonas donde la inseguridad sigue siendo la principal preocupación o acompañando a las cuadrillas que todos los días intentan resolver los problemas que rara vez aparecen en una encuesta.

El primero que decida hacer campaña de esa manera, gana.

Así de sencillo.

Los ciudadanos olvidan muy pronto una fotografía en una cartelera, pero difícilmente olvidan a quien los ayudó a resolver un problema aún y cuando todavía no necesitaba pedir nuestro voto.

Todavía falta bastante tiempo para que Chihuahua vuelva a elegir gobernador, presidentes municipales, diputados locales y el resto de los cargos de elección popular. Habrá tiempo suficiente para recorridos, debates, promesas y campañas.

Las campañas pueden esperar, los resultados no.

Por eso quizá la mejor estrategia electoral no consista en aparecer primero en la siguiente encuesta, sino en ser el primero en llegar a la colonia donde nadie quiere tomarse la fotografía, al hospital donde faltan medicamentos y donde están las filas interminables, o bien, a la calle donde los ciudadanos continúan esquivando el mismo bache de siempre; a la colonia donde a diario les falta agua potable.

Si algún político decide cambiar los espectaculares y eventos masivos por brindarles soluciones, así como cambiar las encuestas por resultados y las promesas por trabajo, creo, ningún aspirante político necesitará hacer tanta campaña porque la gente los recordará y les estará eternamente agradecidos.

Los ciudadanos se encargarán de hacer la campaña por él o ella.