"Sigan el dinero y encontrarán a la mafia".

Giovanni Falcone, Juez italiano

Es cosa de todos los días observar cómo la delincuencia organizada en el mundo ha escalado hasta los rincones más íntimos de la política, particularmente en México. Ya no se trata únicamente de un fenómeno nacional, sino de una red de operación internacional. Los cárteles mexicanos no solo operan en territorio nacional; al parecer cuentan con una especie de "tratado de libre comercio" criminal, pues mantienen vínculos con organizaciones como la mafia italiana, cuya presencia, pese a los duros golpes recibidos durante las últimas dos décadas, no ha dejado de influir en la política de Italia y ahora trasciende mediante sus alianzas con grupos criminales en México.

La mafia italiana y la delincuencia organizada en México coinciden en su objetivo de obtener poder económico y control político mediante la corrupción; sin embargo, difieren en el uso de la violencia y en su estructura organizativa. Actualmente, ambas redes colaboran en el tráfico transatlántico de drogas y en el lavado de dinero.

Coincidencias

Alianza criminal. Grupos como la 'Ndrangheta italiana se han asociado con cárteles mexicanos, entre ellos el de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, para traficar cocaína hacia Europa.

Vínculos con el poder. Ambas estructuras buscan corromper o infiltrar a funcionarios, policías y políticos para operar con impunidad y proteger sus redes financieras.

Negocios globales. Transforman recursos obtenidos de actividades ilícitas en inversiones aparentemente legítimas mediante empresas fachada, operaciones de lavado de dinero y comercio internacional.

Diferencias

Nivel de violencia visible. Los cárteles mexicanos recurren a una violencia extrema y pública contra rivales y autoridades. En contraste, la mafia italiana contemporánea privilegia la discreción y el bajo perfil para evitar atraer la atención de las autoridades.

Estructura y arraigo. Mafias como la Cosa Nostra, la Camorra y la 'Ndrangheta se sustentan en fuertes lazos familiares y cuentan con más de un siglo de existencia, ejerciendo un control territorial profundamente arraigado en la cultura italiana. En cambio, el crimen organizado en México es más dinámico, cambiante y con características de organización paramilitar.

Relación con la política. En Italia, la mafia suele actuar como un socio invisible que negocia cuotas de poder desde las sombras. En México, la confrontación y la cooptación violenta de gobiernos locales han llegado a desafiar directamente la estabilidad del Estado.

Las diferencias jerárquicas entre los cárteles mexicanos y las organizaciones criminales italianas también son significativas. De las cuatro principales mafias italianas —Cosa Nostra, Camorra, Sacra Corona Unita y 'Ndrangheta—, las tres primeras mantienen una estructura vertical, mientras que la última opera bajo un modelo horizontal.

En las organizaciones de estructura vertical, el líder funciona como una especie de director ejecutivo responsable del funcionamiento del grupo, garantizando las operaciones de la organización y el cumplimiento de sus objetivos. Para ello delega autoridad entre sus subordinados, tanto en tareas específicas como en jurisdicciones geográficas.

Por su parte, la 'Ndrangheta está integrada por familias, conocidas como 'ndrine, cada una con dominio sobre el territorio donde opera y con un monopolio de las actividades lícitas e ilícitas. Los jefes de estas familias, llamados capibastone, se reúnen periódicamente para definir las directrices de la organización.

En contraste, los cárteles mexicanos, que anteriormente eran organizaciones altamente centralizadas, se han visto obligados a descentralizarse debido a la captura o muerte de sus principales líderes. Como consecuencia, muchas de sus células comenzaron a operar con mayor autonomía para mantener la eficacia de sus actividades.

Actualmente, la mayoría de los cárteles mexicanos se organizan bajo una denominada estructura celular descentralizada, concepto desarrollado por los analistas John Arquilla y David Ronfeldt. Este modelo presenta una jerarquía reducida y la posibilidad de múltiples liderazgos. Las células mantienen autonomía para la toma de decisiones, aunque siguen alineadas con los objetivos generales de la organización.

Por ello, estas estructuras pueden parecer acéfalas o policéfalas, aunque no todas las células poseen el mismo nivel de importancia. El liderazgo suele recaer en la persona con mayor experiencia, quien no solo coordina el funcionamiento interno, sino también las relaciones externas y procura mantener un perfil bajo para evitar la acción de las autoridades.

Según el profesor Phil Williams, de la Universidad de Pittsburgh, estas organizaciones criminales están conformadas por un núcleo de liderazgo muy compacto y una periferia integrada por delincuentes prescindibles conectados mediante redes flexibles. A su vez, Chris Dishman, exdirector de la Región Suroeste del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, sostiene que esta transformación organizativa podría representar una etapa de transición entre un grupo criminal jerárquico tradicional y una organización completamente en red.

Los cárteles mexicanos y las mafias italianas también difieren profundamente en el propósito y el alcance de la violencia que ejercen. Mientras que las mafias italianas actúan bajo un estricto "código de honor" y sus asesinatos suelen ejecutarse de manera discreta, los cárteles mexicanos recurren a la violencia extrema como herramienta de intimidación y propaganda criminal.

Con frecuencia exhiben cuerpos en espacios públicos para enviar mensajes a sus rivales y demostrar su capacidad de ejercer violencia.

El juez Giovanni Falcone señalaba que uno de los métodos más comunes de la Cosa Nostra era la denominada lupara bianca ("escopeta blanca"), consistente en hacer desaparecer por completo el cadáver de la víctima, incluso mediante su disolución en ácido.

Entre las mafias italianas existía —y en muchos casos continúa existiendo— un estricto código para autorizar y ejecutar asesinatos. La violencia siempre respondía a un objetivo concreto, aunque este resultara incomprensible para quienes permanecían fuera de la organización. Incluso los asesinatos espectaculares estaban reservados para quienes representaban una amenaza directa contra la mafia.

Falcone explicaba que los enemigos protegidos con escoltas y vehículos blindados debían ser eliminados mediante atentados que sirvieran de escarmiento. La regla fundamental consistía en que ningún miembro podía asesinar a otra persona sin la autorización expresa de un superior. Lamentablemente, esta lógica no parece prevalecer en el crimen organizado mexicano.

En el caso de los cárteles mexicanos, la situación es muy distinta. Organizaciones como Los Zetas surgieron de exintegrantes del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), quienes posteriormente trabajaron como brazo armado del Cártel del Golfo. A partir de entonces, la figura del sicario especializado se convirtió en un componente esencial de los principales grupos criminales del país.

Muchos de estos integrantes recibieron entrenamiento militar y fueron formados específicamente para matar, teniendo como principal motivación el lucro. En cierto sentido, pueden considerarse un producto de la globalización criminal, donde actores altamente violentos compiten por el control de mercados ilícitos en un entorno prácticamente sin regulación.

La intensidad de la violencia desplegada por las organizaciones criminales mexicanas no tiene precedentes en la historia reciente del crimen organizado. Decapitaciones, ahorcamientos, atentados con vehículos bomba, asesinatos políticos y ataques contra civiles han marcado una escalada que ha llevado a diversos analistas a considerar que estas organizaciones han rebasado los límites tradicionales del crimen organizado.

La escalada de la violencia en México es alarmante. Los grupos criminales ya no se dedican únicamente al tráfico de drogas; hoy se encuentran inmersos en múltiples actividades ilícitas y han logrado infiltrarse en distintos niveles del poder público. Un ejemplo de ello es el robo y comercialización ilegal de hidrocarburos, actividad en la que, de acuerdo con diversas investigaciones y procesos judiciales, han participado servidores públicos de distintas instituciones, incluida la Secretaría de Marina, entre otras dependencias.

Salud y larga vida.

Profesor por oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.

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