Puse un título dulce y tierno en esta ocasión, para platicar con mis amables lectores sobre una anécdota personal que va ligada a un fenómeno social que considero digno de analizar en este espacio.
El miércoles pasado vi sinceramente emocionada, conmovida y hasta nerviosa a mi hija Grecia; quien adoptó a una perrita, cuyo nombre es: Miel. Estuvimos en videollamada por mucho rato, ya que yo quería que me mostrara la llegada de este canino a su departamento y a su vida. Previamente hablamos de la enorme responsabilidad que le traerá hacerse cargo de otro ser vivo, los cuidados y precauciones que habrá de tener y los cambios necesarios en su vida cotidiana para adaptarse una a la otra. Ha sido un proceso de varias semanas. Los trámites culminaron con la entrega por parte de la asociación; pero ahora comienza lo bueno. Le deseo lo mejor a mi princesa, en esta nueva etapa que está afrontando. En razón de lo anterior, es que quiero reflexionar sobre este auge que ha tenido en los últimos años, la concientización en el cuidado animal. Según tengo entendido, en las redes sociales, los videos más vistos son los de gatitos. Respeto eso, aunque yo no sea seguidora de ese contenido. Aunque como ya sabemos, existe lo opuesto también. Hoy es muy fácil documentar y “quemar” (funar dirían los jóvenes), a la gente que maltrata a sus propias mascotas o animales ajenos. A diario, se publican miles de videos de personas haciendo maldades a los animalitos. Se ha actuado en consecuencia; se ha logrado legislar al respecto y las autoridades están haciéndose cargo; no al nivel que quisiéramos, para erradicar el maltrato animal, pero reconocemos que hay avances. Afortunadamente, -y por otro lado-, existen múltiples grupos y organizaciones que le dan un seguimiento a estos casos; que rescatan animales maltratados, abandonados, lesionados o al borde de la muerte, para salvarlos y buscarles un hogar. Loable su labor. Aplaudo sinceramente a quienes se dedican al rescate de animales. Muchos políticos, o artistas famosos e influencers, se suman a estas causas y eso me parece muy bien. En lo particular, ayudo cuando tengo la oportunidad de hacerlo. Sin embargo, -como en todo-, los excesos son malos; por lo tanto, me parece insólito que algunas personas, especialmente las y los jóvenes, estén exagerando en la “humanización” de las mascotas. Espero que mi comentario se tome de manera neutral, con la correcta intención con que lo emito; no critico a nadie en lo particular, ni pretendo polemizar. Solo sugiero que no debe caerse en el extremo. Y vaya que, he platicado sobre el trauma que en mi infancia me generó, que una vecina envenenara a mi perrito “azabache”. No desearía que ningún niño o niña tuviera que pasar por algo así. Soy sensible, consciente y solidaria con quienes pierden una mascota por extravío o fallecimiento.Hace unos años comenzó a darse, -sobre todo en Estados Unidos-, la situación de que las parejas, tanto heterosexuales como homosexuales, al momento del matrimonio o de la sociedad de convivencia, acordaran verbalmente e incluso ponían por escrito, la condición de que no tendrían hijos. Decisión muy personal y válida. Se respeta. El término que se popularizó, es: “DINK” (Double Income, No Kids), cuyas siglas ya traducidas, son: “Doble Ingreso, sin hijos”. Ahora resulta, que eso quedó atrás y se estila en estos momentos: “DINKWAD” (Double Income, No Kids, With A Dog”. Lo mismo, pero agregando un perro. Parece broma, pero es real. Cada vez es más común este convenio. Los problemas graves derivan si la pareja se separa, así que como dice la canción de Jessy y Joe, “¿Con quién se queda el perro?
Se está cayendo en el absurdo, de considerarles como hijos propios. Se usan los términos “perrhijos” o “gathijos”, (palabras que no existen en el idioma español). Si es de juego, esta bien; se tolera la broma. Lo malo es que en algunas personas, esto está entrando en su psique y les está afectando severamente en la percepción de la realidad. Se lo creen, como si fuera cierto. Hay límites, que se están rebasando y creo que eso no lleva a nada bueno. Si bien es cierto, que a las mascotas se les considera como parte de la familia; “platicas”, juegas y convives con ellas… “los perros, son perros”. Discúlpenme. Así es. Son temas sensibles, lo comprendo. Hay posturas opuestas. Yo solo creo que el equilibrio es lo mejor. “Ni muy muy, ni tan tan”. Un trato adecuado, óptimo y sensible hacia los animales y en general hacia la naturaleza, nos viene bien. Conmino a quienes tengan conocimiento de una caso de maltrato, a que lo reporten y le den seguimiento. Se los pide, la que tiene, perros, pájaros y peces en casa. Ya es momento, de reflexionar y hablar sobre los temas de actualidad. Momento de evitar y erradicar el maltrato animal. Ya es momento de proteger a estos seres vivos que complementan nuestro existir. Ya es momento…
