Cada inicio de ciclo escolar representa para los estudiantes una oportunidad para crecer en el conocimiento y también para recordar que toda inteligencia humana encuentra su plenitud cuando está al servicio del bien común.

El ser humano accede al conocimiento de la realidad mediante la inteligencia que le es propia, la cual se encuentra en él de modo innato. Tenemos voluntad para elegir y libertad para orientar nuestros actos. La libertad encuentra su verdadera grandeza cuando se ejerce en favor de la verdad y del bien.

En el orden universitario en los límites y fronteras de la libertad en la ciencia aplicada, comentamos la importancia de tomar conciencia de nuestro hacer como seres humanos, y la necesidad de articular principios éticos para su atención.

En sentido clásico desde los griegos, la historia de la humanidad ha sido una búsqueda permanente por comprender y descubrir las causas últimas de las cosas por la razón natural, de hecho el concepto clásico de ciencia: “es el conocimiento de las cosas por sus causas últimas a través de la razón.”.

Por la ciencia descubrimos las leyes y mediante la tecnología transformamos ese conocimiento en herramientas capaces de transformar vidas. Desde las primeras herramientas de piedra hasta los actuales modelos de inteligencia artificial cada generación ha ampliado las fronteras del conocimiento científico y ha transformado ese conocimiento en tecnología.

Sin embargo, cada avance nos recuerda una verdad fundamental, no todo lo que podemos hacer significa que debamos hacerlo. La ciencia amplía nuestras posibilidades, la libertad iluminada por la ética determina el uso que damos de ellas.

La libertad se define principalmente como la posibilidad de elegir entre bienes. Este concepto se fundamenta en la naturaleza humana y se entiende en una relación directa con el determinismo en oposición radical a la concepción liberal de la libertad. La libertad está intrínsecamente ligada al fin último del hombre, que es la felicidad, ¿de qué manera nosotros podemos saber si lo que hacemos va para el bien o lo que hacen otras personas no necesariamente es lo correcto?

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE, mediante el manual de Frascati, la ciencia aplicada se define como el conjunto de investigaciones orientadas a adquirir nuevos conocimientos con un objetivo práctico específico. Mientras la ciencia básica busca comprender cómo funciona la realidad, la ciencia aplicada utiliza ese conocimiento para resolver problemas concretos mediante el desarrollo de tecnologías, procesos, productos o servicios.

Por su parte la ciencia clásica nos da los fundamentos de esta realdad. Lo universitarios e investigadores deben tener en claro que por las características de la ciencia aplicada esta tiene una finalidad práctica, basada en conocimientos científicos previos busca innovar y resolver problemas. Generar tecnología y desarrollo económico. Es interdisciplinaria y produce o debe producir beneficios directos para la sociedad.

Las innovaciones científicas o tecnológicas se basan en la utilización de este tipo de conocimiento, la aplicación y demás, y se materializan en productos o servicios tecnológicamente nuevos o mejorando el bienestar de la sociedad. Ejemplo de lo anterior, es el diseño de órganos mediante bioingeniería, la existencia inteligencia artificial que apoya en diagnósticos de enfermedades; conexión vía internet entre personas a nivel nunca y en tiempo real, entre otros.

Las fronteras y límites de la libertad en este ámbito se pueden establecer desde dos perspectivas principales. Primero, los límites metodológicos e inherentes que la propia naturaleza de la investigación científica impone al estudio de la realidad y desarrollo tecnológico. Y segundo, los límites que la naturaleza misma del ser humano, objeto de estudio de la metafísica, impone a la libertad humana, lo cual será objeto de análisis de otra colaboración.

Referencias tomadas de la ponencia “Límites y Fronteras de la Libertad en la Ciencia Aplicada”, de la Dra. Silvia Irene Adame Rodríguez, en el 8º Congreso Nacional de Filosofía, julio 2026.