Mi columna del lunes ofendió a muchas personas. Me reclamaron con dureza. Entiendo la incomodidad que causa leer que las universidades de México retratan el fracaso del sistema universitario del país. Pero el dato mata el relato y los datos sobre lo que el nearshoring exige y lo que las universidades mexicanas todavía no pueden ofrecer son demoledores.
El IMCO calcula que la IED ligada al nearshoring creció 47 por ciento entre enero y septiembre de 2023, al pasar de 10,500 a 15,000 millones de dólares, mientras la no vinculada cayó 27 por ciento. En el primer trimestre de 2026, la IED total alcanzó 23,591 millones, récord histórico con crecimiento anual de 10.4 por ciento. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que la relocalización podría añadir 78,000 millones de dólares anuales a las exportaciones latinoamericanas, de los cuales más de 35 000 millones corresponderían a México. La oportunidad es real. El problema es que la parte más valiosa, que consiste en las fábricas avanzadas, los centros de ingeniería y la automatización, exige un talento que el país no tiene. La manufactura 4.0 integra robótica, sensores, Internet de las Cosas industrial, análisis de datos en tiempo real y sistemas ciberfísicos. La 5.0 añade colaboración humano-máquina, personalización masiva, sostenibilidad y bienestar del trabajador. Para operar esas plantas se necesitan ingenieros con dominio de analítica industrial, mantenimiento predictivo, ciberseguridad y logística avanzada. Perfiles concretos, escasos y caros. México tiene ventajas geográficas y tratados comerciales, pero también severas debilidades estructurales. La UNAM, su mejor universidad, ocupa el lugar 136 en el ranking QS global. La mayoría de las universidades públicas y privadas aparecen después del lugar 951 o del 1 401. Para un país con el peso económico de México, es absolutamente insuficiente. El riesgo concreto es que el país se quede con la versión barata del nearshoring, el ensamble y procesos medianamente automatizados, mientras los proyectos de mayor valor se vayan a otros países. Enviar a los más brillantes al extranjero con beca y la obligación de regresar puede ayudar a formar en poco tiempo una élite técnica capaz de liderar la manufactura avanzada y rediseñar carreras. Pero solo tiene sentido como parte de una estrategia más amplia de reconversión y coinversión con la industria, en la que los buenos salarios sean la norma. También ayudaría mucho anular el sistema de maestros por horas y sustituirlo por el de profesores de tiempo completo bien pagados, a quienes se les exija investigación aplicada y vínculos reales con la iniciativa privada. Sin esa base docente renovada, ningún rediseño curricular prosperará. En el corto plazo, hay que reconvertir el talento existente mediante certificaciones de seis a doce meses en automatización, robótica y datos industriales. En el mediano se deben rediseñar ingenierías vinculadas a los polos industriales del Norte y del Bajío. Y en el largo, debe reconstruirse la capacidad nacional para producir conocimiento aplicado. México ya sabe qué hacer. Lo que no ha decidido es si está dispuesto a pagarlo. La manufactura 4.0 y 5.0 no se construye con powerpoints sobre innovación, sino con técnicos e ingenieros que hoy todavía no existen. Twitter: @ruizhealy Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy Instagram: ruizhealy Sitio: ruizhealytimes.com
Opinión
03 Jun, 2026
Para el nearshoring: fábricas del siglo 21, ingenieros del siglo 20
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Eduardo Ruiz-Healy
