Farhan entra a la casa y, antes de que su padre pueda seguir celebrando el futuro empleo de su hijo, lo frena en seco y le dice: “No asistí a la entrevista para el puesto de ingeniería, he decidido dedicarme a la fotografía de la vida silvestre”. La noticia es brutal, detona la furia del señor Qureshi, se le cae el festejo de los labios, ¿tomar fotos de animales? grita el padre.

"¿Sabes cuánto cuesta mantener esta casa? Cuando hacía un calor insoportable en el verano, tu madre y yo sudábamos bajo el ventilador del techo. ¡Pero compramos un aire acondicionado sólo para la habitación que ocupabas en la escuela, para que mi hijo pudiera estudiar en paz!" ¿Qué le voy a decir ahora al señor Kapoor?

Farhan responde “no me importa lo que opine el Señor Kapoor” “él no pagó mis cuentas, no me cuidó, ni me cargó en sus hombros; "Papá, yo sé que te sacrificaste por mí. Sé perfectamente lo del aire acondicionado. Pero mírame, si me convierto en ingeniero seré un ingeniero frustrado. Ganaré buen dinero, ¿pero de qué sirve si voy a ser infeliz toda mi vida?”

Insiste Farhan: “en cambio, si soy fotógrafo de vida silvestre, tal vez gane menos dinero, tendré una casa más pequeña y un auto más chico... ¡pero seré feliz! Realmente seré feliz, papá." El papá, conmovido por las palabras de su hijo, acepta su decisión, apaga la computadora que le iba a regalar y le pide que revise cuánto cuesta la cámara profesional que necesita para irse a trabajar a la selva, si falta dinero que se lo pida.”.

La palabra mueve, pero el ejemplo arrastra, dice el dicho; el padre es una figura central en la dirección y formación de la familia frente a los vaivenes de la vida. Paso a paso el Padre de familia con su modo de obrar recto, comportamiento sincero, prudente, alegre y dicharachero o no, moderado, discreto y valiente, buscando siempre el bien, enseña a los hijos el camino de la rectitud.

Estos pequeños hábitos nos predisponen a ser virtuosos como hijos, padres de familia, profesionales, trabajadores, empresarios o servidores públicos, honestos y rectos de intención al momento de desempeñarnos en un cargo o comisión; que orgullo de enseñanzas, pocos se niegan a recibirlas con agrado.

El amor de un padre no se anuncia con fanfarrias, aplausos ni zalamerías, sino que se edifica en el silencio de los sacrificios y esfuerzos cotidianos y, en ocasiones, en la torpeza de un afecto que rara vez sabe decir "te amo", “te quiero”, y no es que no ame a los hijos, sino que demuestra el afecto con acciones y no con palabras; luego, la ausencia de aquellas no necesariamente se relaciona con la falta de amor.

Al igual que el señor Qureshi privándose del propio bienestar bajo el ventilador para que su hijo tuviera aire acondicionado, los padres construyen hogar a pulso, traduciendo su entrega en las jornadas extenuantes y las cicatrices de unas manos que desgastadas y agotadas por el trabajo diario, a pesar del cansancio, miedos y ausencias, son la sombra y fortaleza de los hijos.

Ese sacrificio muchas veces no se ve, pero es tan vital como la sangre al cuerpo, no se extingue con el tiempo ni la muerte, permanece vivo en los gestos y hábitos más pequeños que heredamos de ellos. Por eso, no es prudente esperar a que el padre sea viejo y enfermo para tomarlo de la mano, para reconocer que su entrega es el acto de gratitud más noble y amoroso, un tesoro que él guarda en el alma para no sentirse invisible en sus noches de soledad, recordándonos que el amor paterno nunca dejó de ser ni de intentarlo.

Pensarás: ¿Qué duro es ser hijo de un Padre así? Te respondo: pero que grandeza la de aquella Patria, comunidad, estado, nación que cuenta con hijos de este talante, formados a la altura de las circunstancias y necesidades; esperemos, al tiempo, que nuestros hijos sean de esos, pues son los que aportan solución a los problemas locales, nacionales y planetarios; los tibios, por ley natural, con el tiempo o derrotas de la vida se enfrían ¿de cuáles hijos estás formando? Si es que los estás formando.