“El demagogo es quien predica

doctrinas que sabe que son falsas

a personas que sabe que son idiotas”.

H. L. MENCKEN:

El término necrofilia es amor por lo muerto, lo inerte y lo que ha empezado a descomponerse.

Pareciera ser una locura o aberración de que existan personas necrófilas, aunque por lo general se identifica con un trastorno sexual que se manifiesta por la inclinación a tener relaciones con cadáveres. Por supuesto que es una desviación mental. La palabra proviene del griego "nekros", que significa muerto y "philia", que es amor, significando literalmente "amor por los muertos". Otros casos son por ejemplo, filosofía que significa amor por la sabiduría, bibliofilia, afición por los libros o cinefilia, pasión por el cine. Pero necrofilia, es amor por los muertos.

Sin embargo, la necrofilia, por ser un serio trastorno sexual se ha estudiado más por lo antinatural y que atenta contra la dignidad de las personas que son abusadas al carecer de la voluntad e inconsciencia para aceptar esos actos. Por tal motivo, es equiparable a una violación.

Pero asi como existe esa aberración necrofílica, el escritor venezolano Moisés Naim, utilizó el término de necrofilia ideológica para ilustrar cómo ciertos grupos, líderes políticos o sociedades insisten en resucitar y aplicar dogmas que siempre han terminado en desastre en el pasado. O sea, aferrarse a ideas muertas, pasadas de moda o que demostraron un fracaso.

Ahora, la necrofilia ideológica se aplica como una metáfora sociológica y política para identificar posturas que se caracterizan por la fascinación u obsesión por modelos políticos o propuestas económicas que han fracasado en otor tiempo y en otros lugares.

Esas “ideas muertas” ahora quieren ser impuestas por gobiernos, a pesar de amargas experiencias en otros países que provocaron atraso y pobreza. Está el caso del gobierno venezolano que tiene años desde el inicio del “chavismo” y que heredó Nicolás Maduro. De ser el país más rico de América Latina por su petróleo, terminó en una escasez de lo más elemental y con millones de venezolanos fuera de su país. No se diga de Cuba y Nicaragua con sistemas totalitarios y privados de derechos y libertades, aún existan gobiernos o proyectos políticos que promueven esos sistemas sociales y económicos, muertos y fracasados, como la gran salida. Es el amor a proyectos muertos.

Aunque es un falso amor, porque si fuera realmente autentico ya se hubieran ido a radicar a esos “paraísos”.

Entre las principales características de esa necrofilia ideológica, según Moises Naim, está lo que llama la repetición compulsiva cuando los individuos o grupos políticos se entusiasman con narrativas pasadas que en la práctica ya han demostrado ser un fracaso. Y luego se convierte en obsesión a tratar de sostener la “idea muerta” contra viento y marea, a pesar de las pruebas y evidencias totales del fracaso. ¿Ya se nos olvidaron las 100 universidades fantasmagóricas del Bienestar?

Y luego viene una resistencia a la evidencia, al aferrarse a teorías de forma dogmática ignorando olímpicamente los resultados negativos o las consecuencias sociales de su implementación. ¿En qué quedó la gran super farmacia que tendría el surtido de todos los medicamentos y de un día para otro se podrían enviar a cualquier parte del país? O ¿ya se nos olvidó que mientras morían mexicanos por la epidemia, repetían, contra toda evidencia, que no pasaría nada, que ni hacía falta los cubrebocas y ni la vacuna?

Y la otra característica de la necrofilia ideológica es la idealización del pasado, pues frecuentemente, estas "ideas muertas" buscan recrear sistemas o políticas que alguna vez tuvieron vigencia, pero que resultan totalmente inaplicables e incompatibles con la realidad actual.

Naim escribió “todos conocemos a alguien así. Una amiga que, una y otra vez, se enamora de hombres que la maltratan. O el talentoso colega que salta de un empleo a otro porque no logra controlar su propensión a insultar al jefe. Sigmund Freud llamó esto la compulsión a la repetición: volver a hacer lo que ya se hizo y que se sabe que da malos resultados.

Pero esto no solo les pasa a los individuos. También les sucede a grupos políticos y hasta a naciones enteras, que se entusiasman con líderes cuyas propuestas ya han sido probadas y siempre han terminado mal. La sorpresa es que estas malas ideas, que deberían estar muertas y enterradas, suelen reaparecer periódicamente. Esto es necrofilia ideológica”[1].

“La necrofilia es la atracción sexual por cadáveres. La necrofilia ideológica es el amor ciego por ideas muertas. Resulta que esta patología es más común en su vertiente política que en la sexual. Encienda su televisión esta noche y le apuesto que verá a algún político apasionadamente enamorado de ideas que ya han sido probadas y han fracasado. O defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado demostrada con evidencias incontrovertibles”.

Sostiene que prometer lo que de antemano se sabe que no se podrá cumplir o distribuir lo que no hay o despilfarrar ahora lo que se necesitará más adelante son algunas de las características del populismo. Todos los políticos, en todas partes, prometen lo que saben que la gente quiere oír. Es lo normal. Pero los populistas van mucho más allá.

Esto equivale al famoso aforismo de que el hombre es el ser que vuelve a tropezarse con la misma piedra. No aprendemos de la historia o tenemos una pésima memoria, repetimos lo mismo que ha sido un fracaso, queremos creer que ahora si puede dar resultado y solo cavamos nuestra propia tumba.

[1] NAIM, Moises, ¿Qué es la necrofilia ideológica?, https://elpais.com/internacional/2016/02/06/actualidad/1454790623_687526.html