Europa y demás países que fueron escenario de la Segunda Guerra Mundial (SGM), todavía no acababan de levantar los escombros dejados por los bombardeos; y no cerraban —literalmente— las heridas corporales y psíquicas sufridas durante los crueles combates cuerpo a cuerpo, o por las bombas atómicas lanzadas por la aviación de los EU sobre las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki en Japón, el 14 de agosto de 1945; cuando el imperialismo capitalista estadounidense, ya estaba fraguando los principios fundamentales de su voraz geopolítica contemporánea.

Así, a medida que la SGM se acercaba a su fin, los planificadores “yanquis” ya se ufanaban de que los USA emergían de ese conflicto bélico provocado por el NAZIFASCISMO, como la potencia dominante en todo el mundo, ocupando una posición hegemónica sin precedente en la historia universal.

Para 1945, los amplios estudios llevados a cabo por el Consejo de Relaciones Exteriores y el Departamento de Estado, entregaron el diseño de una geopolítica a la que llamaron de la GRAN ÁREA. Que abarcaba cualquier región que debiera subordinarse a las necesidades de la economía estadounidense y que se considerara ESTRATÉGICAMENTE NECESARIA PARA EL CONTROL MUNDIAL. Afirmando uno de sus estrategas, que: francamente los Estados Unidos debía adoptar una MENTALIDAD DE COLONIZACIÓN MUNDIAL.

Desde luego, el Pentágono consideró, que dicha GRAN ÁREA debía incluir, como mínimo, el hemisferio occidental, el Lejano Oriente y el antiguo Imperio Británico, que EU tenía entonces en proceso de desmantelar para tomarlo bajo su control. Idealmente, también debía abarcar la Europa occidental y meridional, así como las regiones productoras de PETRÓLEO de Oriente Medio.

Obviamente, el ‘Tío Sam’ deseaba abarcar todo el planeta tierra. Por lo que se trazaron planes detallados para regiones específicas dentro de la GRAN ÁREA, así como para las instituciones internacionales que debían organizarla y tenerla bajo vigilancia.

Al respecto, el autor consultado, afirma que George Kennan, jefe del equipo de estrategia del Departamento de Estado y uno de los principales arquitectos del orden internacional posterior a la SGM, resumió la idea básica en un importante documento de planificación de 1948:

“Tenemos en torno al 50 por ciento de la riqueza mundial, pero sólo el 6,3 por ciento de su población. […] En esta situación, seremos, inevitablemente, objeto de envidia y resentimiento, Nuestra verdadera tarea para el futuro es diseñar un modelo de relaciones que nos permitan mantener esta disparidad. […] No debemos engañarnos pensando que hoy podemos permitirnos el lujo del altruismo, de ser los benefactores globales. […] Deberíamos dejar de hablar de objetivos vagos e […] irreales como los derechos humanos, la mejora del nivel de vida y la democratización. No está lejos el día en que tendremos que operar en términos puramente de poder. Cuanto menos nos dejemos distraer por eslóganes idealistas, mejor.”

El equipo de planificación reconoció también que el REQUISITO MÁS IMPORTANTE para alcanzar estos objetivos era IMPLEMENTAR CON RAPIDEZ UN PROGRAMA COMPLETO DE REARME, que entonces, como ahora, era un pilar central de UNA POLÍTICA INTEGRAL PARA ASEGURAR LA SUPREMACÍA MILITAR Y ECONÓMICA DE ESTADOS UNIDOS.

Esta política de supremacía militar y económica se ha declarado abiertamente en muchos países —especialmente en Latinoamérica y el Caribe—, desde entonces hasta las Estrategias de Seguridad Nacional de las administraciones de George W. Bush, Obama, Biden y Trump. Su implementación no solo ha supuesto pasar por alto la DEMOCRACIA y los DERECHOS HUMANOS, sino, con frecuencia, oponerse activamente a ellos con tremenda ferocidad.

Según el Pentágono, la “principal función” del sudeste asiático era la de servir como FUENTE DE MATERIAS PRIMAS y MERCADO para Japón y Europa occidental. En tanto que Oriente Medio ‘era una fuente extraordinaria de poder estratégico y uno de los mayores botines materiales de la historia mundial’, así como ‘probablemente la recompensa económica más valiosa del mundo en el ámbito de la inversión extranjera’. Lo que significaba que nadie más debía interferir y que el NACIONALISMO (es decir, el control de los recursos del país por parte de su propio pueblo) constituía una grave amenaza.

En cuanto a Latinoamérica y el Caribe, el historiador de la CIA Gerald Haines explicó que la política estaba diseñad ‘con el fin de desarrollar mayores y más eficientes fuentes de suministro para la economía estadounidense, así como de ampliar los mercados para las exportaciones estadounidenses y crear nuevas oportunidades para la inversión de capital de los EU’, permitiendo el desarrollo local siempre y cuando NO INTERFIRIERA CON LAS GANANCIAS Y EL DOMINIO de los EU.

Con respecto a América Latina, el secretario de Guerra Henry Stimson dijo: ‘Creo que no es demasiado pedir tener nuestra pequeña región por aquí’. Anteriormente, el presidente Taft había predicho que no estaba MUY LEJANO EL DÍA en que TODO EL HEMISFERIO sería suyo DE HECHO, como en virtud de su SUPERIORIDAD RACIAL, lo era ya moralmente.

Aun cuando los latinoamericanos están convencidos de que los primeros beneficiarios del desarrollo de los recursos de un país deben ser sus propios habitantes. En una conferencia hemisférica celebrada en febrero de 1945, los Estados Unidos presentó su ‘Carta Económica de las Américas’, que exigía el fin del NACIONALISMO ECONÓMICO en toda sus formas’. Y que los primeros beneficiarios de un país debían ser los inversores estadounidenses y sus socios locales, NO SUS PROPIOS HABITANTES.

De tal manera, los objetivos básicos de la “gestión” global, de la GEOPOLÍTICA se han mantenido hasta el día de hoy, entre ellos: contener a otros centros de poder global dentro del ‘marco general del orden’ administrado por los USA; conservar el control de los suministros energéticos mundiales; IMPEDIR FORMAS INACEPTABLES DE NACIONALISMO INDEPENDIENTE; y evitar que la población de los EU meta las narices en todo ello.

Salvo algunos neofascistas de la derecha, que están rogando la presencia del ejercito de los USA, en nuestra Patria y Matria; millones y millones de mexicanos patriotas y nacionalistas, rechazamos la política injerencista de los vecinos del norte y no lo permitiremos nunca más, aun a costa de nuestras vidas.

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