Otra variante de la mafia del transporte

Como dos en UACH, quiso Gonzalo ser rector

La amenaza terminó siendo falsa, pero no el supuesto narcomensaje dejado en una cartulina en la maquiladora Alphabet del Complejo Industrial Américas, entre la avenida Washington y el periférico De la Juventud.

“Aldama tiene dueño, si quieren creer o no tenemos una bomba en estas instalaciones, un regalo de la Mayisa (sic), chequen contrato bola de pend%$%#...”, fue la amenaza reportada al 911, lo que motivó el desalojo de más de mil 500 empleados en dos plantas y la movilización de las corporaciones de seguridad el pasado martes 16 de junio, hace justamente dos semanas.

Después vendrían las revisiones minuciosas y la conclusión de que no existía ningún artefacto explosivo. O sea que la bomba no apareció, pero el miedo sí se hizo presente entre los trabajadores, directivos de la planta y de otras maquiladoras en el mismo parque. Eso es lo preocupante.

Que una amenaza obligue a paralizar una empresa con cientos de trabajadores y movilice a las autoridades, altera una dinámica económica y social que es vital para la ciudad.

¿Fue simple broma de mal gusto de algún empleado sin ganas de trabajar o de algún exempleado resentido? ¿Fue algo que realmente implica al crimen organizado dentro de la plantilla laboral de una maquila dedicada al ensamble de electrónicos y arneses de vehículos y electrodomésticos? ¿Hasta dónde ha llegado la capacidad de intimidación de quienes buscan imponer el terror?

El mensaje que motivó la movilización es manejado con discreción tanto en las áreas de seguridad como en el sector maquilador. Y hasta donde sabemos, las investigaciones no han conducido a algo concreto sobre lo ocurrido, sólo han desatado muchas especulaciones sobre los grupos criminales que operan en Aldama, sin conexión aparente hasta el parque industrial más viejo de la capital del estado.

Además, “La Mayiza” (no “Mayisa”), no es un grupo identificado plenamente como tal en terrenos locales, aunque tiene su afinidad con “Los Cabrera” y algunas otras facciones del Cártel de Sinaloa que manejan impunemente el tráfico de metanfetaminas tan “económicas” como de muy baja calidad; y necesariamente mortales.

Sin embargo, la frase “Aldama tiene dueño...” no puede pasar inadvertida en un estado donde los territorios, las carreteras, las plazas tienen dueño, como si la autoridad estuviera pintada o fuera cómplice de macabras intenciones para sembrar el terror y vender la idea de que brinda “seguridad” a la población.

Dejar que esas ideas se instalen en la sociedad como realidades es casi tan grave como volar a bombazos plantas maquiladoras. Tan grave como para dejar en el aire las investigaciones, como si sembrar el pánico y paralizar plantas con miles de trabajadores fuera de lo más normal.

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Ahora es de la colonia Nuevo Triunfo de donde llegan las quejas por el desorden vial, en este caso ocasionado por otra vertiente que tiene la mafia del transporte, la de los camiones para el traslado de personal de las empresas, una minita de oro para los afortunados concesionarios de ese negociazo.

Resulta que los camiones destartalados y los que no están en uso en las horas pico de las maquiladoras bloquean por horas, días y hasta semanas las calles alrededor de la Hacienda Dolores y 41 y media, lo que ocasiona riesgos y dolores de cabeza a los demás vecinos.

Hasta una decena de unidades han sido contabilizadas mientras obstruyen la circulación vehicular, algunos con el ruido constante de sus motores y otros hasta con incendios por las pésimas condiciones en que son utilizados, sin recibir la atención adecuada que demandan las flotillas de vehículos pesados.

La concesión para transporte de personal es de lo más rentable para los dueños de los camiones, pero ni por eso se ocupan de tener patios de maniobras, estacionamientos, talleres adecuados para el servicio; que se aguanten los vecinos con las molestias de las calles bloqueadas y la contaminación que generan, parece que es la mentalidad de tiburón de los “empresarios” del transporte.

Para sorpresa de nadie, en varias ocasiones han pedido la intervención de la Policía Vial, pero ni de chiste acuden las patrullas a verificar que cumplan con las disposiciones mínimas, como el de permitir la circulación sin obstáculos en las calles.

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Murió el Doctor Gonzalo Ríos Ramírez, un catedrático de vocación docente reconocida y aplaudida en la UACH y otras latitudes.

Ingeniero zootecnista, cursó un posgrado en los Estados Unidos, específicamente en Nebraska, para después ocupar la dirección de la facultad que lo formó profesionalmente, de 1988 a 1992.

Al término de su función como responsable de la unidad académica, Gonzalo fue llamado a ocupar la secretaria general de la UACH, invitado por el Dr. Sergio Piña Marshall, de 1992 a 1996. Ya había ocupado puesto de relevancia antes, fue director de Investigación en otra administración.

Intentó ser rector, siempre el dos en la UACH aspira a ello, solo que le falto un solo voto, como luego dicen, el del gobernador, el cual se inclinó por otro médico azul, Jesús Enrique Grajeda.

Terminó Gonzalo su ciclo en zootecnia y posteriormente impartió cursos de posgrado en la Facultad de Contaduría durante un tiempo, arropado por su categoría como integrante del Sistema Nacional de Investigadores, que pierde a uno de sus más prolíficos integrantes.

Lo lloran en Zootecnia y Conta. Descansen en paz.

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Durante su reciente gira por la Sierra Tarahumara, específicamente en Maguarichi, el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla, compartió un dato que llamó la atención.

De los 67 municipios del estado, únicamente le faltan tres por visitar: Moris, Uruachi y Batopilas. Tres municipios que, aseguró el edil, ya contempla recorrer próximamente dentro de su agenda.

Podría parecer un detalle anecdótico, pero en realidad dice mucho más de lo que aparenta.

Chihuahua no puede entenderse únicamente desde la capital. Es un estado con enormes contrastes geográficos, económicos y sociales.

Hay regiones agrícolas, ganaderas, industriales, mineras, forestales y turísticas. Hay comunidades indígenas con enormes desafíos y municipios serranos donde las distancias se miden en horas de camino y no en kilómetros.

Recorrer esos lugares no resuelve por sí solo sus problemas, pero sí permite conocerlos de primera mano. Escuchar a sus habitantes, entender sus necesidades y comprender que la realidad cambia radicalmente de una región a otra.

No es casualidad que Bonilla haya dedicado parte de sus fines de semana a recorrer distintos puntos del estado. Algo quiere por allá, y son votos.

Visitando municipios grandes y pequeños, fronterizos, serranos y del centro-sur. Más allá de la agenda institucional, estas giras le han permitido construir una visión más amplia de Chihuahua.

Restan únicamente Moris, Uruachi y Batopilas para completar ese recorrido por los 67 municipios.

Esperemos no se trate de una competencia por acumular destinos visitados, sino de una experiencia que difícilmente puede sustituirse con reportes o estadísticas.