Ciudad de México.- "No sea mamona". La maestra de Rosilita creyó oír que la niña le había dicho esas groseras palabras. La sorprendió tal cosa, pues la pequeña era bien educada, y ella lo único que le había dicha fue: "Guarda esa mona", en alusión a la muñeca que la chiquilla llevó a la escuela, y que no soltaba. Así, le preguntó, severa: "¿Qué me dijiste?". Contestó en su media lengua la nenita: "Que no se ama 'mona'. Se ama 'muñeca'". "Armando Fuentes Aguirre recibe este día la Medalla 'José de Escandón' por parte de la Sociedad Tamaulipeca de Historia, Geografía y Estadística en coordinación con el Consejo Metropolitano de la Crónica de Monterrey.
Nuestro homenajeado nació en Saltillo, Coahuila, dato de mucha significación por el arraigo y amor que siente por su lugar de origen, el cual presume con orgullo en cuanta oportunidad tiene de hacerlo. En todo México es reconocido como gran periodista por dos columnas que diariamente buscan cientos de miles de lectores a lo largo y ancho del país, con el título Mirador y De política y cosas peores.
Catón suele decir que tiene cuatro lectores, y dice bien, porque cuatro de cada cinco lectores que hay en el país lo leen. Lo que es poco sabido es que en realidad escribe cuatro columnas diarias. Una más, titulada Presente lo tengo yo, con datos históricos y anécdotas sobre Saltillo, ciudad de la que es Cronista desde 1978, y otra llamada 'Manganitas', con ingeniosos epigramas.
Lo más sobresaliente de esto es que esas cuatro columnas aparecen diariamente, de lunes a domingo, los 365 días del año. En nuestro país no hay, y creo que ni en todo el mundo, algún otro periodista que escriba cuatro columnas todos los días. Además, lo hace con profesionalismo y valor cívico para denunciar los errores y faltas que se cometen en el ejercicio del poder, y lo combina con divertido humor y acendrado amor por México.
Quienes tenemos el privilegio de estar cerca de Catón apreciamos su sencillez y su extraordinaria calidad humana. De muy pocos periodistas se puede decir que sus escritos han impactado de manera positiva la vida de millones de personas, como es el caso de nuestro homenajeado. Son sus innegables méritos los que hoy se reconocen, y los que dictan estas sencillas palabras de homenaje a un mexicano ejemplar".
El autor de estos generosos conceptos es el doctor Reyes S. Tamez Guerra, quien fue rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León y secretario nacional de Educación Pública. Los he transcrito a modo de agradecimiento, pues otra manera no tengo de expresar mi gratitud al bondadoso amigo, insigne universitario y excelente servidor público a quien debo tantos dones de amistad que para mencionarlos necesitaría todas las páginas de este periódico, y aun me faltaría espacio.
Numerosas fallas tengo, igualmente innumerables, pero entre ellas no está la fea culpa de la ingratitud. Sirvan estos renglones para agradecer a Clemente Rendón de la Garza, a Antonio Quiroga y a don Arturo Berrueto González, en quienes encarnan los afanes históricos de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, el reconocimiento que me hicieron en un hermoso marco: el señorial recinto del antiguo Palacio Municipal de Monterrey.
Debo narrar, como apropiado colofón del acto, que al terminar la bella ceremonia en la cual recibí tan bondadoso reconocimiento vino hacia mí una ancianita que, luego supe, tiene 94 años de edad. Caminaba penosamente, apoyándose en su bastoncito. Me abrazó cariñosamente, se me acurrucó llena de emoción y luego me dijo estas palabras: "Yo a usted lo quiero mucho, don Armando. Lo leo desde que era niña". No cabe duda: las canas joden. FIN.
MIRADOR
Por Armando Fuentes Aguirre
En el rancho del Potrero se anuncia ya la llegada de la primavera. A los manzanos, los ciruelos, los perales y los durazneros les aconsejo, sin embargo, que no saquen todavía las galas de sus frondas y sus flores. Una helada tardía se las puede marchitar. Esperen a que el nogal verdezca. Es el más sabio de los árboles, y conoce cuándo ya no hay peligro de que venga el frío.
En la antigua casona se alarga la tertulia de la noche. La conversación es tan sabrosa como fue la cena, y nadie quiere interrumpirla. Don Abundio habla de su mujer:
-Antes de casarse conmigo se dedicaba al oficio más antiguo del mundo.
Se produce un silencio estupefacto. El socarrón viejo continúa:
-Era pizcadora de manzana, como Eva.
Todos reímos, menos doña Rosa. Masculla con enojo:
-Viejo hablador.
Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:
-Por ésta.
¡Hasta mañana!...
MANGANITAS
Por AFA.
"Reforma electoral"
Opina cierto lector que la mentada reforma es algo más que deforma el tal López Obrador.
