La Reforma Electoral, no pasó.
Morena, ni con sus aliados, consiguió los votos suficientes de las dos terceras partes para estar en posibilidad de una reforma constitucional. No batallarían en conseguir el voto de las legislaturas locales, que también se requerían para tal efecto. Lo vivido esta semana en la Cámara de Diputados, puede significar el principio del fin. Ojalá. Que así sea. No podemos engañarnos creyendo que hubo un bloque opositor; o que los partidos pequeños ya no se prestan para hacerle “el caldo gordo” a la Presidenta. No es eso. Puesto que cada partido, e incluso cada diputado, votó con base en sus propios intereses. No es que se hayan unido; que hayan comprendido que la ruta democrática no era en el sentido en el que venía planteada la reforma; o que todos estuvieran pensando en lo mejor para el país. Quizá no. Sino que vieron y velaron por lo que a cada quien le convendría. Partidos como el PRI, MC y el PAN, se quedarían casi sin representación en el Senado. Puesto que Morena, estaba prácticamente pretendiendo quedarse con una mayoría absoluta; al sugerir que sólo hubiera dos por entidad (los dos ganadores) y uno más de primera minoría (el segundo lugar). Es decir, para como ellos se manejan y mediante los fraudes electorales que están acostumbrados a realizar, inflando los resultados (como le hicieron con CSP, de que supuestamente votaron 36 millones de mexicanos por ella), se aseguraban 64 senadores; y en estados donde no llegaran a ganar, pues meter al menos uno como mejor perdedor. Dejando sin representación a los que quedan en tercer o cuarto lugar, aún cuando tuvieran votantes a su favor. Se eliminaría la representación proporcional por lista de partidos. A los partidos como PT, PVEM y otros nuevos que surgen para cada elección, es decir, los más pequeños, que están siempre en alianza con los grandes (antes con el PRI y ahora con Morena); los estaban dejando completamente fuera de la jugada. Por eso no aceptaron la reforma y dividieron sus votos. Algunos diputados, los que están siglados por éstos (PT y verde), pero que más bien son morenos (como Alejandro Pérez Cuéllar), votaron a favor de la reforma; mientras que los que son de origen “petista”, como Lilia Aguilar, votaron en contra. Solo por mencionar un par de nombres, para ejemplificar la división entre ellos. La discusión y votación ocurrió el pasado miércoles, 11 de marzo; así que obligaron a la Presidenta a que de inmediato sacara su Plan B. El proyecto de Sheinbaum, obtuvo 259 votos a favor y 234 votos en contra, además de una abstención. (Necesitaba 334 votos). Su argumento principal es que el pueblo es quien le está pidiendo esta reforma; que es el pueblo quien quiere que se recorte el presupuesto a los partidos. ¿De dónde saca que al ciudadano común le importan esos temas? No en un país en el que estamos sumidos en la violencia. En el que el sueldo (aunque se haya aumentado el salario mínimo), no nos alcanza para llevar comida a nuestros hogares. En donde hay cada vez más personas en desempleo y en pobreza extrema (aunque con sus cifras maquilladas quieran decir otra cosa). En el cual no hay acceso a la salud pública por falta de médicos y medicamentos. Son otras prioridades las que nos mueven a las y los ciudadanos. Claro que si haces la pregunta manipuladora de que si te gustaría que un diputado ganara menos, la respuesta generalizada es más que obvia. Sí. Por supuesto que sí. Que los diputados se bajen el sueldo. De ser así, no se requerirá una reforma a la Carta Magna. Los verdaderos intereses de Sheinbaum y de quienes la manejan (AMLO, entre otros); es el establecimiento de una narcodictadura. Un partido único. Ni siquiera hegemónico. Sino la concentración total del poder. Ayer salió en su mañanera a exhibir el sentido del voto de cada diputado (a); lo cual sinceramente no creo que sirva de mucho. Y a decir que su objetivo es acabar con la corrupción y los privilegios. Supongo que se mordió la lengua. Si realmente quisiera eso, ya habría miles de carpetas de investigación hacia López Obrador, todo su gabinete, sus huevones hijos, sobrinos y demás parentela; contra Adán Augusto, seguido de todo su cartel; Mario Delgado, con todo su séquito; las Alcalde y toda la bola de corruptos de su partido. La Presidenta no le busca, porque no quiere, no puede o no la dejan. Ya es momento, de acabar con esta dictadura. Momento de concientizar a la ciudadanía. Ya es momento, del daño que Morena está causando a este gran país. Ya es momento…