El día de hoy sólo haremos un viaje deslumbrante hacia el corazón mismo de lo que significa "conocer", paseíto que, lejos de ser un ejercicio fastidioso, pesado y aburrido, es una vocación que debería apasionarnos a todos, no solo a los filósofos, investigadores, maestros y estudiantes. Oswaldo Robles[1], filósofo mexicano, no se acercaba a los libros por simple pasatiempo, sino por un auténtico deseo de conocer la verdad.
Para cualquier estudiante, esta forma de acercarse a los libros o al mundo real, cambia el modo de estudiar, porque ya no se trata sólo de memorizar datos para un examen, sino de participar ¡con ganas! en un encuentro donde el mundo exterior entra en nuestra inteligencia (entendimiento) para perfeccionarnos que, parafraseando a Isaac Israel: la verdad se presenta en nosotros por la adecuación de la cosa que conocemos y nuestro entendimiento.
Robles propone que conocer es, literalmente, un "nacimiento" (del latín “cumnasci”); es el momento en que algo nuevo surge de nuestra relación con el mundo. Imagina que tu mente, intelecto, es un espacio en tu interior donde, al aprender sobre un delfín, una fórmula matemática o una pintura, esa realidad exterior se vuelve parte de ti sin dejar de ser lo que es.
Pareciera una incongruencia, ¿verdad?: lo que conoces está en ese espacio en tu interior, es decir, en ti, pero conserva su propia independencia. Esta idea nos aleja del miedo de pensar que la verdad es inalcanzable o que no se puede conocer como algunos afirman.
Para lograr este conocimiento auténtico, el filósofo nos sugiere una actitud de "fidelidad crítica": estar abiertos a lo que las cosas nos dicen qué son; también critica a quienes sólo "piensan" encerrados en sus propias ideas sin mirar la realidad; para él, el verdadero sabio es el que "conoce", es decir, el que se atreve a salir de su propio yo para captar la esencia de las cosas que lo rodean.
Tengamos algo claro, cuando conocemos no modificamos el mundo, por el contrario, conocer es una acción que nos modifica a nosotros, ¡sí!, porque nos enriquece con la posesión de lo que no somos nosotros mismos, es decir, con un conocimiento que está fuera, porque lo captamos y lo interiorizamos, esto nos hace poseer la verdad, ser mejores y resolver problemas con seguridad y certeza.
Ante un reto laboral, no actúes de forma "ingenua" ni "suspicaz", sino con una actitud de "enfrentamiento" directo con los hechos. Al resolver un conflicto o desarrollar un proyecto, busca conocerlos como son, es decir: "adecuación entre tu entendimiento y la realidad" ; si tu trabajo lo basas en la verdad de los hechos o de las cosas, la decisión que tomes tendrá la solidez de una evidencia que no se puede rechazar o cuestionar.
Robles nos enseña que el conocimiento no es algo que nosotros "fabricamos" a nuestro antojo, sino una adecuación entre lo que pensamos y lo que las cosas son en realidad, es decir, no porque pensemos que somos un mango, eso somos, nada más absurdo; es conveniente aprender a conectar con la realidad.
Estudiar la obra de Robles es recordar que cada libro, cada clase y cada observación de todo aquello que nos rodea es una oportunidad para alumbrar nuestra inteligencia. No importa si estás en el bachillerato o empezando una carrera, o en el “ocaso de tu vida” como diría José Vasconcelos; en cualquier etapa en la que te encuentres ¡atrévete! a buscar esa evidencia que, como dice el filósofo, "nos salta a los ojos como una luz irresistible".
Aprendamos a evitar dos grandes errores: la ingenuidad de creer todo lo que nos dicen sin investigar, y el escepticismo de dudar de todo por sistema. Todo lo que nos rodea está esperando a ser conocido por ti. Luego, haz de tu educación o formación una búsqueda apasionada de la verdad y descubre cómo al conocer las cosas, los hechos los fenómenos como son en realidad, terminas descubriendo la grandeza de tu propia capacidad de asombro.
[1] RUEDA GUZMÁN, B. (S.F.). EL PENSAMIENTO ROBLESIANO SOBRE EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO. México: Centro Universitario México / Editorial Ius.
