Como todos saben, la reforma electoral no fue aprobada en la Cámara de Diputados. ¿Se cerró un ciclo de alianzas entre los partidos y está surgiendo otro?
De hecho, el ecosistema partidista se dividió en dos bandos: Morena, cumpliendo el mandato del pueblo; y el PRIAN, PT, MC y PVEM, oponiéndose expresamente a lo que, según sus críticos, ordena el pueblo. Estos partidos minoritarios no aceptan que, en la democracia, el pueblo es el que manda y los partidos obedecen. Y si no lo aceptan, podrían desaparecer.
Algunos, sobre todo los conservadores, han difundido la idea de que “la iniciativa fue un grave error de la presidenta”. Pero otros, y el pueblo en las calles, dicen lo contrario: que “fue una promesa cumplida de la transformación y que se reconocerá en las urnas”.
Viendo las cosas como son, fue un acto de congruencia de la presidenta: le cumplió a la gente su promesa electoral de terminar con el monopolio de las mafias partidistas sobre las plurinominales y de reducir los gastos en las elecciones. Es una vieja demanda de más del 90 por ciento de los electores. Por lo tanto, fue una acción congruente que muchos ciudadanos aplauden.
No fue un error; fue un acto que le da más impulso a la transformación, así como credibilidad y legitimidad a la presidenta.
Dijo Cuauhtémoc Estrada que quienes votaron en contra de la reforma lo hicieron para “proteger sus privilegios”. Señaló que la iniciativa presidencial “les dio la oportunidad a todos de estar en el lado correcto de la historia, pero su corrupción los llevó a votar en contra”. En total, 234 diputados votaron voluntaria y conscientemente contra la corriente de transformación impulsada por el despertar de la conciencia política del pueblo.
Aquellos que “juraban, de los dientes para afuera”, ser leales a los intereses del pueblo, traicionaron su promesa al electorado que los llevó al Congreso. El pueblo, dicen algunos críticos, observa cómo muchos políticos se enriquecen a manos llenas.
En realidad, el hecho de no aprobar la reforma se convirtió en un impulso para la credibilidad de la presidenta Claudia y para quienes sí votaron por desaparecer las plurinominales como las conocemos. Está por verse si ello se reflejará en las próximas elecciones.
La presidenta no regañó a los exaliados “de juguete”, los que “de dientes para afuera” apoyaban la transformación, pero que votaron en contra de lo que, según sus críticos, mandató el pueblo en las urnas. Ellos mismos, guiados por su apego a las plurinominales, se colocaron en una posición complicada rumbo a 2027.
Los analistas se preguntan si el pueblo, que consume información política todos los días, ejercerá el voto de castigo contra los partidos que no cumplen sus promesas electorales.
Esa es la conjetura que se repite en el debate popular: ¿cómo y para qué va a votar el elector? ¿A los partidos que consideran rebeldes a sus mandatos los va a fulminar o les permitirá seguir vivos?
Otra interrogante es si continuará la alianza de Morena con el PT y el PVEM. ¿Irá Morena solo en la próxima elección local o se mantendrá la coalición? En ese terreno existe mucha incertidumbre.
Lo que sí se percibe es que la transformación y su partido político, por el hecho de haber impulsado la desaparición de las plurinominales y por la continuidad de los programas sociales, mantienen un respaldo importante entre la población.
Ahora la presidenta Claudia impulsa el llamado “Plan B”: una reforma reglamentaria que, según se prevé, podría aprobarse con 259 votos a favor y 234 en contra. Esta nueva iniciativa electoral —ha dicho la presidenta— “es la misma que no se aprobó, pero por otra ruta”.
Entre sus propuestas se encuentra reducir el gasto en los congresos locales, disminuir el financiamiento a los partidos políticos, reducir el número de regidores y ampliar la consulta popular en temas electorales. También plantea facilitar los procedimientos para la revocación de mandato, de modo que pueda realizarse en el tercer año de gobierno y no al final del periodo.
Este Plan B también contempla la reducción de gastos en el Senado.
En Morena, el próximo 22 de junio se designarán los llamados “coordinadores de defensa de la 4T”, quienes tendrán un papel clave en la organización de las estructuras electorales del movimiento. Miles de comités seccionales y militantes ya se preparan en todo el territorio para la próxima contienda electoral.
La moneda está en el aire para todos los aspirantes. Se ordenó retirar la propaganda anticipada para garantizar “piso parejo” entre los contendientes y preservar la unidad interna, aunque ese cumplimiento aún está en proceso.
En el PRIAN, por su parte, se preparan para defender “con uñas y dientes” la gubernatura y la presidencia municipal de Chihuahua. El próximo día 21 aprobarán las reglas para la designación de candidatos.
En el caso de Chihuahua capital, se prevé una excepción, pues Marco Bonilla aparece como el único aspirante visible. Para el resto de las posiciones, aún no existe acuerdo sobre el método de selección de candidatos.
Las encuestas continúan marcando una tendencia favorable a Morena, con una ventaja aproximada de dos a uno frente al PRIAN. Sin embargo, en la contienda por la presidencia municipal de Chihuahua el escenario aún no está claramente definido.
