Conviene, didácticamente, iniciar la presente colaboración anotando los siguientes significados obtenidos del “Diccionario de la Lengua Española”:

Isla- 1. Porción de tierra rodeada de agua por todas partes. Aislar- 2. Dejar una cosa sola y separada de otras. Aislamiento- 1. Acción y efecto de aislar o aislarse. 2. Incomunicación, desamparo.

En ese marco conceptual, podemos asegurar que las múltiples islas ubicadas en los mares y océanos del Planeta Tierra, hace millones de años que la Madre Naturaleza las tiene aisladas o rodeadas de agua. Ínsulas en las cuales sus habitantes ahí permanecieron o han permanecido; y que desplazarse de las mismas hacia otros hábitats semejantes o asentarse en ‘tierra firme’, fue, y ha sido, por contingencias meteorológicas o por voluntad de sus propios habitantes y de las respectivas autoridades que los gobiernan y/o guiaban o guían.

El nomadismo y el sedentarismo han caracterizado a la especie humana desde sus orígenes. Aun cuando incontables grupos étnicos decidieron por VOLUNTAD PROPIA desarrollarse y crecer aisladamente o en grupos separados; empero, proliferó el fenómeno migratorio o movimiento de gente, generalmente de grandes grupos, de un lugar, región o país a otro, con la intención de establecerse de manera permanente.

De acuerdo con connotados historiadores, puede afirmarse que la mayoría de las migraciones desde la prehistoria, fueron obligadas por el deterioro de las condiciones naturales y sociales en un lugar determinado.

Ahora bien, la mayoría de las migraciones en los últimos cinco siglos difieren por lo menos en dos aspectos significativos: han sido INDIVIDUALES y VOLUNTARIAS o han sido DESPLAZAMIENTOS FORZADOS.

Con respecto a las sociedades o comunidades que deciden vivir o seguir viviendo aislados o a distancia del “resto del mundo”, sea que habiten en ISLAS o en regiones selváticas como la Amazonia, o edificando en continentes una red de fortificaciones como la Muralla China, construida a lo largo de 2000 años, catalogada como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno y declarada Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO:

Lo decidieron —lo deciden—, eminentemente por voluntad DE SUS PUEBLOS, con la aprobación de sus respectivos gobiernos o autoridades. No porque un presidente como el que en los momentos actuales encabeza al imperio-capitalista-neoliberal-globalizador (USA), arrogándose el papel del policía del mundo, con base en la DOCTRINA MONROE, así lo determina y exige.

Tal es el caso de la mártir y HEROICA República de Cuba, que desde que se independizó de España —irónicamente, con el apoyo de los USA—, sigue luchando por su real independencia económica y política, así como por su SOBERANÍA y AUTODETERMINACIÓN, que muy injusta y prepotentemente desde hace más de seis décadas le bloquea los gobiernos “democráticos y republicanos” del Pentágono “yanqui”. Hoy por hoy, encabezado por DONALD TRUMP.

Quizá, cuando el ínclito poeta español Federico García Lorca, escribió su Relato de Cuba Libre, no se imaginó lo que por décadas estaría soportando gallardamente el pueblo cubano:

“Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago, en un coche de agua negra. //Cantarán los techos de palmera. Iré a Santiago. //Cuando la palma quiere ser cigüeña, iré a Santiago. //Y cuando quiere ser medusa el plátano, iré a Santiago.

“¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! Iré a Santiago. // ¡Oh cintura caliente y gota de madera! Iré a Santiago. //Arpa de troncos vivos. Caimán. Flor de tabaco. Iré a Santiago. //Siempre he dicho que yo iría a Santiago en un coche de agua negra. Iré a Santiago.”

Los guerrilleros revolucionarios del destacamento de Fidel Castro, el 2 de enero de 1959 entran en la Habana, de donde se había fugado el presidente sátrapa al servicio de los “yanquis”, Fulgencio Batista, y toman la fortaleza de la Cabaña.

Desde los primeros días que siguieron a la victoria de la Revolución, Fidel, Che Guevara, Camilo Cienfuegos y otros jefes rebeldes, comprendieron perfectamente que la lucha por la emancipación socioeconómica y política del pueblo cubano provocaría serias “sanciones” por parte de los EE.UU., que no escatimarían medios y fuerzas para repetir en Cuba la “operación Guatemala”.

En tales circunstancias, el pueblo cubano daría la batalla hasta la última gota de sangre por su tierra, por su PATRIA, pero necesitaba armas, ayuda de todo tipo, y en esos momentos, sólo la Unión Soviética podía brindarle tal apoyo.

Esencialmente por las transformaciones sociales que se proponían realizar los dirigentes de la Revolución Cubana: reforma agraria radical, nacionalización de la gran propiedad capitalista, EDUCACIÓN y ASISTENCIA MÉDICA GRATUITAS; reivindicación y dignificación de los trabajadores urbanos y rurales… Por lo que, tenían claro y bien establecido, una vez emprendida la lucha antimperialista y anticapitalista, que más temprano que tarde, iniciarían la construcción de la sociedad socialista.

Obviamente, los compromisos para lograr la soberanía política e independencia económica de Cuba, con la solidaridad de la otrora Unión Soviética, provocaron el disgusto y total rechazo de los monopolios “gringos” y demás transnacionales capitalistas, integradas en el FMI, BM, BID, OCDE.

Y, desde entonces, los USA, hoy más que nunca, con su nefasto e ingenuamente electo —por segunda vez— presidente Donald Trump, Cuba requiere de la solidaridad de toda CONCIENCIA HUMANA.

“Pese a que el emperador enloqueció y dejó sin luz a Cuba, el coraje de su gente y la solidaridad la ilumina. No habrá honor, gloria ni perdón para quien pretenda como Trump —así quiso hacer Hitler con Leningrado—, matar a un pueblo de hambre”. Epigmenio Ibarra (Radio Fórmula).