“La corrupción, en sus diferentes formas, ha sobrevivido al paso de los años... mutando como un virus maligno”. Ibiza Melián
México se encuentra entre los países con mayor percepción de corrupción. De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, ocupa la posición 141 de 182 países a nivel mundial, con un puntaje de 27 sobre 100. Esta medición, según expertos, funciona como un marcador global de la corrupción en el sector público. México es un claro ejemplo de un país que no solo está mal calificado, sino que además sigue estancado desde 2012.
Morena, desde antes de alcanzar la Presidencia en 2018, destacaba entre sus slogans electorales el terminar con la corrupción, acabar con los años y años de impunidad, engaños y saqueos. Era el único partido que podía poner fin, repetían una y otra vez, a “limpiar el aparato oficial de arriba para abajo”. De inicio, la estrategia fue culpar al pasado de todos los males, sin implementar cambios de fondo para frenar estas malas prácticas. Sin chistar, desaparecieron fondos y organismos autónomos, como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), donde presumiblemente había desfalcos.
Para muchos analistas, el nuevo andamiaje del Poder Judicial no ayudó a mejorar los estándares de percepción. Seguramente, después de la aprobación de la reforma electoral (Plan B) por la mayoría legislativa morenista y sus aliados, seremos más antidemocráticos; como resultado, retrocederemos aún más en materia de corrupción.
Por desgracia, la corrupción se transforma, se robustece, como en El Gatopardo de Lampedusa: “Que todo cambie para que todo siga igual”. Solo cambiaron los rostros e, incluso, en algunos casos, siguen siendo los mismos del pasado, pero con careta oficial. Quienes antes eran señalados como corruptos, hoy son libres de todo pecado, libres para pecar.
El estancamiento de México refleja problemas estructurales no resueltos en la prevención, sanción y control de la corrupción. El informe también señala la ausencia de mecanismos efectivos para prevenir la captura ilícita en la contratación pública.
Si bien puede haber un combate “aparente” o una mayor discusión pública sobre los casos de corrupción del pasado, contrastada con los del nuevo régimen, según expertos, la corrupción actual es mucho peor. Por citar algunos: Segalmex, Odebrecht (con ramificaciones globales), el Tren Maya. En este 2025 han salido a la luz el contrabando de gasolina en las aduanas, comandadas por altos rangos de la Secretaría de Marina (huachicol fiscal), así como la detención del exsecretario de Seguridad de Tabasco, en tiempos del gobernador Adán Augusto, actualmente senador y presunto líder de una organización criminal. El pasado resultó ser un bebé de pecho.
A esto se suman compras de medicamentos, blanqueo de dinero por parte de legisladores oficialistas, extorsiones, despilfarros insultantes de la clase política y nepotismo.
Pobre México, sigue creyendo en cuentos de hadas. La realidad duele: vivimos pobreza, inseguridad, violencia, narcotráfico, adicciones y feminicidios, con infraestructura caduca, sin seguridad social de calidad y sin credibilidad en el exterior, siendo la corrupción la reina de reinas. Como dijo la escritora, investigadora y política española Ibiza Melián: “La corrupción, en sus diferentes formas, ha sobrevivido al paso de los años... mutando como un virus maligno”.
Sumemos voces.
