La política es turbia, es
de humanos y es de poder
Según los que saben de gastronomía y carnes frías, el salami es un embutido, que aquí en México lo consumimos principalmente en las pizzas, aunque su origen, tradicionalmente es de origen italiano, elaborado principalmente con carne de cerdo picada, puede tener ternera y por supuesto grasa. El sabor peculiar lo adquiere por la sazón con especias como ajo, vino y pimienta.
Para los conocedores de la comida italiana, prefieren consumirla madurada, fermentada y seca, y también se sirve crudo en hogazas finas de pan. Es de sabor fuerte y además se sirve en tablas de carnes frías acompañada de quesos, sándwiches o pizzas.
El embutido es en tripas que se dejan madurar quedando como salchichas que se van partiendo conforme se va consumiendo.
La técnica del rebanado del salami tiene un interesante relación con la política, y específicamente, con los gobiernos autoritarios para ir gradualmente llevando a un país a una dictadura.
El método de cortado del salami consiste en rebanarlo en rodajas hasta que se agota y es utilizado como metáfora a la táctica política de ir debilitando a los partidos contrarios al gobierno en turno, al ir eliminando a la oposición en pequeños e insignificantes fragmentos. El salami original cada vez es menos y las pequeñas y delgadas rebanadas dejan de tener la consistencia del salchichón completo.
Asi, aplica esta técnica un gobierno que va afilando los dientes para tener el control total de una Nación, con aparentes reformas, pequeños cambios, iniciativas inocentes que van restando recursos a opositores y la ciudadanía ni se percata de esos “cortes” delgados y livianos…hasta que agotan el salami completo. Y cuando menos se piensa, el país está bajo una dictadura.
Las lecciones de la historia señalan que ya no se requieren revoluciones cruentas para cambiar un sistema de gobierno, ni el uso de la violencia y conspiraciones armadas o clandestinas para hacerse del poder de un país. Hoy es más sencillo, incruento y de terciopelo. Las dictaduras se van imponiendo con los propios recursos de la democracia. Ya en el poder, desechan los principios con lo que llegaron al gobierno e imponen sus reglas a su favor para ya no dejar el poder.
Las “rebanadas” en la técnica del salami equivalen a negociaciones para ir dividiendo un objetivo grande o una oposición fuerte en pequeños e insignificantes fracciones. Ya sea por alianzas “estratégicas”, amenazas, chantajes, “acuerdos” y sobornos van eliminando -sin dolor y sin violencia- a partidos o políticos contrarios y por supuestos a partidos aliados hasta lograr su objetivo final. Si no es el primer intento, buscarán por otros medios y otros recursos.
De esa manera se divide a los opositores, se les vence segmentando las diferentes opiniones, van acumulando acciones menores para la acción grande y recurren a la negociación con el peso del gobierno hasta que van cediendo gradualmente. La técnica o método del salami también se aplica en negociaciones de diversas disciplinas, en la gestión de proyectos para ir avanzando ante tareas gigantescas, y con cada rebanada se van dividiendo en pequeños y manejables objetivos.
Y en otros niveles, especialmente en la política, los especialistas señalan que cobra especial relevancia porque con esa estrategia sorprenden a los demás grupos opositores o de otros partidos no afines con una serie de movimientos pequeños, aparentemente inofensivos o sin trascendencia, como si solo fueran cambios cosméticos.
La política es turbia, es de humanos y es de poder. La ambición por establecer gobiernos totalitarios, eliminando propuestas diferentes, ahogando opiniones no afines y creando leyes para tener el poder absoluto ha sido el camino de gobiernos autoritarios y con la estrategia del salami van cortando rebanada por rebanada hasta dejar sin nada a la ciudadanía. Y de pequeñas porciones, lentamente o “civilizadamente” vamos llegando a las dictaduras de izquierda o de derecha.
Si no prospera en primera instancia una iniciativa de reforma, no se declara la guerra o la revolución como lo hacían antes, sino trabajando una versión suavizada, condescendiente y razonable, pero para seguir con el plan original. Es el clásico: un paso para atrás y dos para adelante.
En las estrategias de guerra también se ha aplicado como una táctica astuta para ir obtenido el control del territorio o recursos sin desencadenar una guerra a gran escala.
El origen de esta técnica del salami se debe al dictador estalinista húngaro Matyas Rákosi (1892-1971) quien gobernó Hungría 9 años con un régimen represivo con la “táctica” del salami para eliminar opositores utilizándola como estrategia contra los partidos no comunistas, tildándolos de fascistas y absorbiéndolos hasta establecer un estado de partido único.
Según la escritora española Alicia Delibes en Libertad Digital, Matyas Rákosi, hijo de carnicero, sabía de rebanadoras y de lonjas porque era su especialidad desde su más tierna infancia. Lo practicó miles de veces en el negocio familiar con enormes piezas de todo tipo de embutidos. Esas que se cortan rodaja a rodaja y cuyo grosor puede regularse en función de los intereses clientelares. Rákosi no tuvo que forzar sus neuronas para trasladar aquella técnica destazadora a la política de la degollina, a la que se aficionó desde el poder. “Sólo hacia faltar detectar a los distintos grupos de poder que se formaban en los partidos, después era cuestión de carecer de escrúpulos para ir cortando, una a una, las rodajas que eran las cabezas de sus líderes”.
La gran perversión de Mátyas Rákosi y lo que hizo famosa la estrategia, fue su anunciado propósito de que limpiaría su partido de enemigos, cortándolos, uno a uno, como si fueran “rodajas de salami”.
Asi sucedió, décadas después en Venezuela con Hugo Chavez y lo heredó Nicolas Maduro quien tenia a cientos de opositores en la cárcel. Previo a una simulación de elecciones, encerraba a los candidatos de la oposición con mayor presencia entre la ciudadanía y a los medios de comunicación incómodos y críticos iban presionando a las empresas para que los desocuparan. Iban cortando el salami.
El gobernante comunista húngaro Rákosi acuñó la frase para describir su técnica de dividir y asilar a los partidos de oposición durante la década de 1940. Años después en Checoslovaquia también se utilizó la frase para el proceso gradual de desmantelamiento de opositores.
Hay varias formas de aplicar la estrategia del salami, según el país pero una de ellas es atravéz de recortes presupuestales para ir ahogando a gobiernos y partidos no afines, hasta erosionarlos sin recursos y asi queden eliminados sin necesidad de la fuerza. Se aplica a proyectos locales, instituciones educativas, infraestructura y apoyos especiales. Les van rebanando representatividad y presupuesto hasta dejarlo sus fuerza ni recursos. Rebanada tras rebanada del salami.
La redacción del periódico digital HuffPost establece que la táctica del salami es para dividir a la oposición y conseguir objetivos políticos y es empleada tanto a nivel nacional como internacional. En el primero, para debilitar a los grupos opositores dividiéndolos entre sí. En el segundo caso a través de pequeñas provocaciones que por sí solas no pueden llevar a un conflicto, pero que en conjunto avanzan los objetivos del estado que las emplea y debilita la capacidad de los adversarios. Después de Hungría, la táctica del salami se dio en las repúblicas socialistas como Polonia y Bulgaria.
¿Estaremos ante una estrategia de salami?
¿Estaremos dispuestos a ser parte de esa táctica y sin darnos cuenta, poco a poco, ceder -suavemente-, sin protestar ni reaccionar dejar el camino libre a gobiernos con vocación y proyectos de tener el control total y absoluto del país y terminar en una dictadura?
¿Cambiaremos la libertad por unas rodajas de salami?
