Los chairos critican la “Estela de Luz”, que es un monumento construido durante el gobierno de Felipe Calderón en la Ciudad de México. Hablan de sobrecostos, mismos que no niego que pudieran haber ocurrido, pero que serían casi nulos comparados con el latrocinio que ha emprendido Morena en el poder desde 2018. El huachicol fiscal es solo un ejemplo de ello.
Los corruptos que nos gobiernan ya destruyeron al Poder Judicial de la Federación, a partir de la Reforma Judicial de septiembre de 2024. Destruyeron los órganos constitucionales autónomos e intentaron destruir la pluralidad democrática con un fallido Plan A y otro fallido Plan B. Ya anteriormente habían cancelado un aeropuerto. Han destruido la infraestructura del país y los servicios de salud al ahogarlos con la falta de presupuesto (pues los recursos se destinan a pagar programas sociales clientelares). Destruyeron la seguridad del país al asociarse con el crimen organizado.
Destruyeron la flora y la fauna del sureste con la construcción de un tren que no sirve a ningún propósito. Destruyen pesos y contrapesos en cada acción de gobierno que emprenden. Destruyen las vidas de las madres buscadoras todos los días. Destruyeron la vida privada de los ciudadanos al crear el registro de líneas telefónicas y la CURP biométrica.
Morena es la destrucción del andamiaje institucional de México. Me recuerdan a Nerón, quien tocaba la lira mientras Roma ardía.
No es sano estar cambiando el marco normativo todo el tiempo. La hiperactividad legislativa a veces es peor que la pasividad legislativa. En vez de dedicarse a gobernar con el marco normativo que tiene a la mano, el oficialismo trata de arrogarse más facultades. Durante el gobierno de Calderón, se aprobó la reforma en materia de derechos humanos que amplía el catálogo de derechos a favor de los ciudadanos. Durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, se obligó a las empresas de telefonía a ajustar los precios a favor de los ciudadanos. En los últimos siete años, por el contrario, todas las reformas han ido encaminadas a darle más poder al poder, no al ciudadano.
¿Qué más sigue? Irónicamente, los que prometieron cumplir y hacer cumplir la Constitución la vulneran con cada una de sus acciones. Lo más grave es que la ciudadanía no se da cuenta de ello. Lo que a los gobiernos del pasado no se les perdonaba, a los que hoy gobiernan parece perdonárseles. Fue tan poderosa la narrativa que echaron a andar los chairos que la gente lo cree. Dicen que en el pasado había corrupción, pero nunca se tuvo un escándalo como el del huachicol fiscal. En su momento, el tema de corrupción más escandaloso del gobierno de Peña fue la casa de su entonces esposa, Angélica Rivera. Un asunto que rondaba los siete millones de dólares; en cambio, el tema del huachicol fiscal ronda los seiscientos mil millones de pesos. Con su actividad artística, Rivera bien podía haber adquirido esa casa. Sin embargo, la masa decidió no creerle. En cambio, la masa quiso creer que José Ramón López Beltrán podía vivir en Houston en una casa de un contratista de PEMEX, como si no existiera conflicto de interés. Fingieron que el hijo de Andrés Manuel López Obrador era un exitoso empresario (a pesar de nunca haber llevado a cabo actividad empresarial transparente alguna) y, a pregunta expresa de la prensa a López Obrador, se limitó a responder que “al parecer la señora tiene dinero”.
Se cansaron de decir que el aeropuerto de Texcoco era un proyecto ecocida porque se construiría sobre un lago (mismo que no existe). Es decir, llega a tal punto el adoctrinamiento de la secta (que, por fortuna, es cada vez más chica) que creyeron que existía un lago donde claramente no lo existe. Sin embargo, esa misma secta justificó dos obras a pesar del impacto negativo al medio ambiente: el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas.
Se llenaron la boca al señalar los vínculos de Genaro García Luna con el Cártel de Sinaloa, pero omitieron actuar igual cuando se trataba de Adán Augusto López Hernández, Hernán Bermúdez Requena y todo el aparato de narcopolíticos incrustados en Morena, tal como es el caso de los gobernadores de Sinaloa y de Tamaulipas.
Para el chairo siempre hay una doble vara para medir a las personas, dependiendo de si le cae bien el acusado o si le cae mal.
Se la pasan criticando al PRI y al PAN, pero sus filas están llenas de expriistas y expanistas. Como bien ha calificado la prensa, López Obrador tiene el poder casi espiritual de purificar a aquellos corruptos que antes señalaban, pero que ahora defienden. En pocas palabras, López Obrador casi tiene la potestad de expedir patentes de corso para que la gente siga delinquiendo, pues su manto protector los cuida y protege.
En el caso de Ayotzinapa, dijeron que le darían solución al asunto y que resolverían las demandas de los padres de los jóvenes desaparecidos. Lo único que hicieron fue ratificar la conclusión a la que llegó el gobierno de Peña y encarcelar al exprocurador de ese gobierno. Es decir, la única diferencia es que Murillo Karam fue procesado, pero toda la teoría es la misma.
Durante años se quejaron de la sobrerrepresentación (misma que nunca cruzó los umbrales de la Constitución) de los partidos en el Congreso, pero, cuando llegaron, se robaron una mayoría legislativa que no les correspondía. Dijeron que la gasolina costaría 10 pesos el litro, y sigue costando arriba de 25, simplemente porque no quieren renunciar a los impuestos que genera su venta.
Igualmente, insistieron en que pacificarían al país y lo único que hacen, a la fecha, es maquillar cifras para que artificialmente baje el número de muertos, pero se incrementa el número de desaparecidos. Cuando son confrontados con cifras, dicen que esas personas no las desapareció el Estado, sino las bandas del crimen organizado. ¡Menos mal!
En pocas palabras, nos gobierna una caterva de rateros, corruptos y cínicos, quienes criticaban el sistema mexicano no porque quisieran hacer las cosas diferentes, sino porque no eran ellos quienes disfrutaban de las mieles del poder.
Hago votos porque la ciudadanía se dé cuenta de que lo único que ha hecho Morena desde que llegó al poder es dar atole con el dedo. Como he dicho en entregas anteriores, no hay un solo indicador que nos diga que las cosas están mejor ahora que hace siete años. Creen que pueden mentir impunemente, y creería que es así, pues el electorado no ha terminado de darse cuenta de que las peores lacras de la política son quienes nos gobiernan en México desde 2018.
Ojalá los mexicanos abran los ojos. El país no soporta tanta ineptitud. Más que la Estela de Luz, deberían analizar la estela de destrucción que han emprendido desde 2018 para que comparen qué ha sido peor.
