Ciudad de México.- Don Delfín, señor de aquellos de antes, había llegado ya a la edad de las alcayatas, o sea a los 77 años. La palabra "alcayata" es una de las muchas que debemos a la fecunda presencia en España de los árabes. Las alcayatas son las fuertes escarpias de hierro con las cuales se fijan en los durmientes los rieles de ferrocarril. Tienen forma de 7, por eso se habla de la edad de las alcayatas. Pese a sus numerosos almanaques a don Delfín no lo había abandonado el deseo de la mujer. ¿Algún día se la acaba al hombre esa pulsión? Pienso que nunca. En un café de mi ciudad hay un grupo de madurísimos señores cuyo apodo es "Los enchilados". Es que cada vez que pasa frente a ellos una mujer hermosa todos aspiran aire en la misma forma que lo hace quien comió chile y le picó bastante. Pero advierto que he perdido el hilo del relato. Lo retomo. Don Delfín gustaba de perseguir mujeres, sobre todo si eran jóvenes. Acataba el refrán que dice que "a gato viejo ratón tierno". Conoció a una joven de muy buen ver y de mejor palpar, y puso en ella los ojos, con la esperanza de poner después algo más. Al punto la trató de amores. Pero ella, digna y pudorosa, esquiva y retrechera, le dijo que no, y que no, y que no, y una y otra vez rechazó con ejemplar pudicia y fortaleza sus urentes y salaces demandas de carnalidad y de fornicio, de lúbrica libídine lasciva y de erótica y voluptuosa concupiscencia pasional. Al ver que aunque porfiara no mataría venado, don Delfín levantó el sitio a aquella que parecía inexpugnable plaza. Se retiró del campo con armas y bagajes. Quiero decir que dejó a la muchacha en paz. Grande fue por lo tanto su sorpresa, y agradable, cuando un buen día se le presentó ella en su oficina. Llorosa, tribulada, le contó que su mamá estaba muy enferma: los médicos la habían desahuciado ya. Uno, sin embargo, aseguraba que la señora podía salvarse con una intervención quirúrgica, y la operación costaba en aquellos años la suma de mil pesos, que ella no tenía. Le dijo a don Delfín al tiempo que abría los brazos en actitud de mártir que se entrega: "Deme usted esos mil pesos, y haga conmigo lo que quiera". "Te los daré, chulita -respondió él-, pero haré contigo lo que pueda". El caso del gobernador de Sinaloa ha puesto a Claudia Sheinbaum en posición difícil. Imposible es ocultar el hecho de que el dicho señor ha andado en malos pasos. Por más cautelas que ha tenido la Presidenta en el manejo del espinoso asunto, la impresión que ha dejado de pensamiento, palabra, obra y omisión es que está protegiendo al gobernante. Y es que si no lo hace, y cede a las presiones de allende el Bravo, el efecto que sobrevendrá será el de dominó: a este caso seguirán otros que probablemente irán en ascenso hasta llegar quizá hasta la chingada, si me es permitida esa expresión plebea. Entre la espada y la pared se encuentra la ocupante del Palacio Nacional. Afronta al mismo tiempo las crecientes exigencias yanquis y la necesidad de proteger a los suyos, que ni siquiera son suyos. Dos sombras la cubren: la del caudillo y la de Trump. Tampoco ella puede hacer lo que quiere; sólo lo que puede. Vayamos mejor nosotros a campos de más amenidad. "¿Está el compadre, comadrita?". "No, compadre. Salió de viaje; tardará una semana en regresar". "¿Puedo pasar a esperarlo?". En el Bar Ahúnda un sujeto bebía competentemente. Le dijo al cantinero: "Estoy celebrando el Día de la Independencia". Acotó el barman: "El Día de la Independencia es en septiembre". "Sí -admitió el temulento-. Pero yo me divorcié en abril". (Mmm, no sé. Ya he dicho que en el matrimonio todo es arroz, y en el divorcio todo es paella). FIN.

MIRADOR

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

Por estos días la gente del Potrero cree en Dios: ha llovido.

El campo ya no muestra los grises y ocres del secano. Ahora se mira verde, el color que -dicen- tiene la esperanza.

En la casona de la antigua hacienda la tertulia se alarga en la cocina. Don Abundio cuenta un suceso relacionado con doña Rosa, su mujer.

-La noche en que fui a pedir su mano su papá me dijo: "Llévatela toda. Y si te la llevas ahorita mismo te doy una vaca de coleada. Aquí ya no la aguantamos".

Reímos todos, menos doña Rosa. Ella se atufa. Masculla por lo bajo:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:

-Por ésta.

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

Por AFA.

". Inflación por causa de la gasolina.".

Llegarán nuevos excesos.

¡Y pensar que el indecible

prometió que el combustible

nos costaría 10 pesos!