(Segunda parte)

Apreciable lector, valga como introducción. A los pocos días de empezada la defensa del país contra la invasión del imperio francés, ordenada por Napoleón III, Benito Juárez escribió al ex cónsul de México, en Francia:

PUEDO ASEGURAR A USTED QUE, CUALESQUIERA QUE SEAN LOS ELEMEN-TOS QUE SE EMPLEEN EN NUESTRA CONTRA, EL GOBIERNO IMPERIAL NO OB-TENDRÁ LA SUMISIÓN DE LOS MEXICANOS Y SUS EJÉRCITOS NO TENDRÁN UN SOLO DÍA DE PAZ. (1)

CONTINUANOS (Segunda parte): … “¿Qué papeles…? —Ya sabrás de que pape-les hablo… Contestó el jefe francés, que sacó su sable y dio cintarazos al menor de los hermanos. Luego le sujetaron las piernas abriéndoselas hasta rompérselas, le sacaron las uñas de los dedos de los pies y manos… pero el chico, llorando, gritando, guardó religiosamente su secreto. El hermano mayor, veía estos martirios y vio también cuando Pablo fue ahorcado frente a él.

—¡Mátenme ya de una buena vez… yo tampoco les voy a decir nada…! Y lo fusi-laron despiadadamente. Entre tanto, allá arriba, cerca de la cueva, los centinelas cuida-ban de su tesoro, que no pudo ser descubierto por los traidores. Otro de los valientes patriotas, Marino Ortiz, que era vaquero, se encontraba un día en la entrada de un jacal en el lugar llamado la Noria del Jabalí, cuando uno de los secuaces del traidor Santiago Vidaurri, Toribio Régules, lo aprehendió e interrogándolo, le contestó Ortiz:

—Ya te digo, hombre, que no tengo ningunos papeles alzados; pero si los tuviera como dices, no te los entregaría, aunque me maten, y puedes desde luego hacer lo que se te antoje… Y sin más ni más, Régules y sus soldados, mexicanos y franceses, lo gol-pearon; le daban caballazos y machetazos, mientras él les echaba en cara su cobardía y su traición, hasta que cubierto de heridas y lleno de sangre en sus destrozados vestidos, fue fusilado en un sitio llamado El Charco Seco.

Luego fueron aquellos inhumanos soldados a saquear todas las rancherías de la región, interrogando a hombres, mujeres y niños y sacándolos de sus casas golpeándo-los brutalmente, sin lograr que ninguno de ellos informara lo que sabían todos; que, en la Gruta del Tabaco, que ahora se llama de Los Poderes, estaban los Archivos Naciona-les.

Antes de continuar su camino el señor Juárez, ya encomendado el Archivo a los vecinos, redactó y firmó un Decreto dotando a los campesinos de la región con 18 sitios de ganado mayor que forman el Cuadro llamado de Matamoros; e iniciando así la repar-tición en el norte del país. Firmó también el nombramiento de General para JESÚS GONZÁLEZ HERRERA, organizador de las fuerzas liberales.

Ya en 1867, cuando Juárez regresaba victorioso a la capital de la República, la escolta de los TULISES, al mando de Jesús Chavero y de José Cruz Borrego, llevaron el Archivo hasta un lugar llamado LA PUNTA, en las cercanías de la Villa de Viesca, para entregarlo ahí al Supremo Gobierno, no sin haber corrido el peligro de caer en poder del traidor conservador Miramón, que incursionaba por las cercanías.

El Benemérito de las Américas comentó con sencillas palabras el triunfo de las armas mexicanas sobre el entonces más poderoso ejército del mundo:

GRANDES FUERON Y MUY GRANDES SIN DUDA LOS MALES DE TODO GÉ-NERO QUE NOS TRAJO LA INTERVENCIÓN; PERO FUERON MAYORES POR FOR-TUNA, LOS PRODIGIOS ASOMBROSOS DE VALOR Y LOS RASGOS SUBLIMES DE ABNEGACIÓN QUE TUVIERON NUESTROS PUEBLOS PARA COMBATIRLA; Y GRA-CIAS A ESE ESFUERZO SUPREMO DEL MÁS PURO PATRIOTISMO, LA NACIÓN HA RECOBRADO SU INDEPENDENCIA CON GLORIA; Y GOZA YA DE PAZ COMPLETA BA-JO LAS INSTITUCIONES REPUBLICANAS, QUE LAS MAQUINACIONES MONÁRQUI-CAS DEL VIEJO MUNDO INTENTARON DERROCAR.

Como vemos [pondera, el autor consultado], la grandeza de este prócer de pura sangre indígena, Benito Pablo Juárez García, dio motivo a que toda una Congregación norteña, la de El Gatuño, se levara a la alta categoría de una heroicidad colectiva. La nobleza de esta, no aminora la de aquel.

La humildad de los TULISES y la pobre cuna de ellos y de Juárez, resultan así iguales timbres de orgullo. Las distinciones históricas de razas y de posiciones sociales, no valen nada frente a las altas virtudes de la verdadera hombría. Por eso quienes aún menosprecian a sus hermanos por su color, quienes quieren imponer todavía superiori-dades aristocráticas de riqueza y origen, sufren merecidamente el desprecio de las ma-yorías en todo el mundo”.

Antes de concluir, es justo declarar y reconocer que los hechos históricos expues-tos en la parte I y II del tema en referencia, los seleccioné del tomo IV de la serie NUES-TRO LIBERALISMO (Guadalajara, Jal., 1970) autor, Don José Guadalupe Zuno Hernán-dez, Licenciado en Derecho, Escritor e Historiador, exgobernador del Estado de Jalisco: que muy amablemente me obsequió aquí en Chihuahua, el Licenciado en Economía: ALBERTO CERDA SALINAS.

Finalmente: En 1863, los defensores de Puebla en una proclama contra las fuer-zas invasoras expresaban: “Ustedes sois soldados de un tirano. Pero lo mejor de Fran-cia está con nosotros. Vosotros tenéis a un Napoleón III y nosotros a VÍCTOR HUGO”.

Al conocer la proclama, Víctor Hugo se dirigió a los mexicanos con las siguientes palabras: “Habitantes de Puebla: Tenéis razón en creer que estoy con vosotros. No os hace la guerra Francia; es el Imperio. Estoy con vosotros. Vosotros y yo combatiremos el Imperio: vosotros en vuestra PATRIA, yo en el destierro. Valientes soldados de México, resistid”. (1)

(1/ A. B. Belenki, LA INTERVENCIÓN EXTRANJERA DE 1861-1867 Y SU DERROTA POR EL PUEBLO DE MÉXICO, Academia de Ciencias de la U.R.S.S, Fondo de Cultura Popular, México, D.F., 1966).