Opinión
24 May, 2026
El Outsider devoró a la derecha tradicional en Colombia y por qué Chihuahua debe poner atención
.
Luis Rubén Maldonado Alvídrez

En el norte de México entendemos con precisión quirúrgica el lenguaje del poder, el valor de los liderazgos firmes y el peso del hartazgo ciudadano frente al centro del país. Por eso, lo que está ocurriendo en Colombia a escasos días de la crucial primera vuelta presidencial de este 31 de mayo no es solo una elección extranjera; es un laboratorio político a cielo abierto que anticipa el futuro de las democracias en América Latina.
La recta final hacia la Casa de Nariño ha dejado de ser una contienda predecible para convertirse en un sismo de magnitudes históricas. El epicentro del desastre lo sufre la centroderecha institucional, encarnada en la senadora Paloma Valencia, cuya candidatura ha sufrido un desplome fulminante en las encuestas, cayendo drásticamente al 21,7%.
La causa de esta demolición no ha sido el avance de la izquierda oficialista de Iván Cepeda (quien lidera cómodo pero estancado en un 37,1%), sino la irrupción de un fenómeno indomable: Abelardo de la Espriella, el outsider que con un discurso de shock, estética de élite y un dominio absoluto del algoritmo, ha escalado al 27,5%, arrebatándole el boleto a la segunda vuelta al establecimiento tradicional.
Para el electorado chihuahuense, la figura del outsider suele asociarse al líder popular de sombrero y botas, o al empresario de discurso llano que reta al centro de la república. El fenómeno colombiano, sin embargo, rompe el molde tradicional y perfecciona la estrategia de la disrupción política a través de tres ejes de alta densidad estratégica (como lo analiza a profundidad el consultor Arley Darío Bastidas):
A diferencia de los populismos clásicos que rinden culto a la pobreza o intentan camuflarse en la base social, De la Espriella opera desde el exceso refinado. Abogado penalista de las causas más volcánicas del país, sibarita, amante de la sastrería italiana y la ópera, su narrativa no promete igualdad, sino éxito y blindaje.
• El mensaje de fondo: Al exhibirse económicamente independiente, desactiva el principal cuestionamiento de la ciudadanía: "No necesito llegar al poder para enriquecerme, yo ya sé cómo funciona el sistema y cómo vencerlo".
• El quiebre con el manual: Mientras Paloma Valencia gastaba su capital político intentando proyectar la moderación de una estadista institucional, el electorado del descontento buscaba un símbolo de poder bruto capaz de confrontar cara a cara al oficialismo.
El desplome de los partidos tradicionales en esta campaña se explica por una desconexión de lenguaje. La centroderecha pretendía debatir sobre macrosimulaciones fiscales, índices de gobernanza y tecnocracia. De la Espriella, bajo su plataforma Defensores de la Patria, apeló directamente a las vísceras y a las emociones primarias: el miedo a la violencia urbana y el resentimiento contra la inacción del Estado.
• Militarización sin complejos: Propuestas de intervención de choque en territorios bajo control criminal, saltándose la burocracia judicial.
• Guerra cultural y económica: Un encuadre donde el adversario (Iván Cepeda) no es visto como un competidor político, sino como una "amenaza existencial para la propiedad privada y la libertad individual".
¿Cómo se pulveriza una estructura partidista que cuenta con el respaldo histórico del expresidente Álvaro Uribe y el coaval de fuerzas tradicionales? Reemplazando los mítines tradicionales por la saturación digital hipersegmentada.
La campaña del outsider entendió que las elecciones ya no se ganan solo recorriendo plazas públicas, sino conquistando el ecosistema del smartphone:
• Producción cinematográfica: Videos cortos de alta factura técnica, declaraciones incendiarias perfectamente editadas para la viralidad y transmisiones en vivo que generaron un blindaje mediático frente a la prensa tradicional.
• El voto útil emocional: Logró convencer a las clases medias y empresariales de que Valencia era "demasiado blanda" para frenar el proyecto de reformas de la izquierda, provocando una migración masiva de votantes en las últimas tres semanas.
El escenario de cara al domingo 31 de mayo redefine las reglas del juego. Las simulaciones de las firmas Guarumo y Ecoanalítica señalan que, aunque Cepeda tiene asegurado su lugar en el balotaje, el impulso con el que cierra De la Espriella lo coloca en una posición de altísima competitividad para la segunda vuelta del 21 de junio, con altas probabilidades de unificar el voto anti-sistema y anti-oficialista.
La lección para el norte de México es contundente: Cuando las opciones políticas tradicionales se mimetizan con el paisaje institucional y se vuelven predecibles, dejan de emocionar. El centro político se diluye.
ESPRESSO COMPOL
Chihuahua, con su arraigada cultura de exigencia de resultados e independencia política, debe mirar con atención este espejo. Cuando la ciudadanía percibe que las formas institucionales no resuelven las crisis cotidianas de seguridad y economía, el manual político tradicional se vuelve obsoleto. Las urnas colombianas están a punto de demostrar que, en la era de la polarización digital, la catarsis y la disrupción cotizan más alto que cualquier estructura histórica.