Ciudad de México.- "Se dan clases para adivinar el pensamiento". Ese letrero en la ventana de una casa llamó la atención de la curvilínea chica que pasaba por ahí. Tocó el timbre y apareció un sujeto ataviado con camisón de seda roja, pantalón bombacho de lo mismo, turbante y babuchas orientales. Le dijo la muchacha: "Vengo por lo del anuncio". "Pase usted" -la invitó el tipo. Entró la bella joven. Preguntó: "¿Dan resultado las clases?". Replicó el individuo: "Están garantizadas. En seis lecciones de 300 pesos cada una aprenderá usted a leer el pensamiento de las personas. Claro, a condición de que piensen". "Me interesa el curso -declaró la chica-. Puedo empezar a tomarlo ahora mismo". Y entregó por adelantado el primer pago. "Venga conmigo" -le indicó el hombre al tiempo que paseaba por el torneado cuerpo de la chica una mirada resbalosa. Lo siguió ella, y el supuesto profesor la condujo a una especie de budoir de sospechosa traza. Tenía paredes forradas en terciopelo rojo, pisos alfombrados con tapetes persas, espejo en el techo y una cama redonda con sábanas y almohadones negros. Al ver aquello una luz de alerta se encendió en la mente de la joven. El tipo le ordenó: "Desvístase". "¡Oiga! -se indignó la muchacha-. ¡Usted me quiere coger!". "¡Lo ve! -exclamó con acento triunfal el individuo-. ¡Todavía no empieza el curso y ya está usted adivinando el pensamiento!". Es muy difícil saber lo que piensa una persona, y más si esa persona está en la política, pues la mayoría de los políticos ni dicen lo que piensan ni piensan lo que dicen. Yo creo, sin embargo, que la presidenta Sheinbaum desea en su fuero interno que el tal -talísimo- Rubén Rocha Moya, todavía gobernador de Sinaloa, se desapareciera, se fuera a Timbuctú o a otro sitio aún más remoto, y no siguiera siendo a pain in the ass de la 4T, si me permiten esa expresión coloquial americana. Es una vergüenza lo que por estos días -y por estas semanas, por estos meses y por estos años- está sucediendo en nuestro país. El régimen morenista persigue con encono de Gestapo a la gobernadora panista de Chihuahua, mientras recibe con alfombra roja en la Fiscalía al contlapache de López Obrador. La imagen de la presidenta está sufriendo grave deterioro con esta persecución, pues a ella se atribuyen directamente las rabiosas embestidas contra la mandataria chihuahuense, convertida por el régimen en mártir. De tropiezo en tropiezo, de torpeza en torpeza va el sexenio actual. Mal pisa este segundo piso, (Otro juego de palabras como éste y el escritor quedará descalificado para orientar a la República). Ya conocemos a Afrodisio Pitongo: es un hombre proclive a la concupiscencia de la carne. Alguien que lo conocía le hizo una pregunta intencionada: "¿Cómo te gustan los muslos de la mujer? ¿Gruesos o delgados?". Respondió sin vacilar el lúbrico sujeto: "Más bien prefiero lo intermedio". Fea palabra es el adjetivo "culero". La Academia lo registra en su diccionario como mexicanismo, y le da el significado de "miedoso". Un pequeño señor se plantó en medio del atestado Bar Ahúnda y declaró con estentórea voz: "Todos los aquí presentes son unos culeros". Se puso en pie un hombrón y le propinó al insultante tipo un volado de derecha semejante a aquél con el cual el gran púgil mexicano Juan Manuel Márquez noqueó al filipino Manny Pacquiao en su pelea del 8 de diciembre del año 2012. Ese nocaut es considerado el más contundente y dramático en la historia universal del boxeo. Rodó al suelo el lenguaraz personaje del cuento y dijo desde ahí: "Bueno, nada más me equivoqué por uno". FIN.
MIRADOR
Por Armando FUENTES AGUIRRE. Ha llovido en el rancho del Potrero. La gente ha vuelto a creer en Dios. Se alarga la tertulia en la cocina de la casa de la antigua hacienda. En el fogón borbolla la olla, que no sabe de rimas. Sobre la mesa humean las tazas de té de menta o yerbanís para las mujeres, y despiden su incitante aroma las copas de mezcal para los hombres. De pronto doña Rosa dice de don Abundio, su marido: -Es un igualado. Ser igualado significa no respetar categorías de personas. Y narra doña Rosa: -El señor cura le dijo: "Lo felicito, don Abundio. 80 años de edad, y no tiene usted ni una arruga". "Uh, padre -le contestó Abundio-. Es que no me ha visto donde se me juntaron todas". Reímos todos, menos don Abundio. Masculla con enojo: -Vieja habladora. Doña Rosa figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura: -Por ésta. ¡Hasta mañana!...MANGANITAS
Por AFA. ". Prohíben en la CDMX los narcocorridos.". Con un comentario parco cierto avispado lector propuso de mal humor: "Mejor prohíban el narco".
