Después de casi dos siglos de estar aplicando piadosamente la GEOPOLÍTICA IMPERIALISTA “yanqui”, fundamentada en la DOCTRINA MONROE, el DESTINO MANIFIESTO o la política del GRAN GARROTE (Big Stick), así como en la DIPLOMASIA DEL DÓLAR; al triunfo y construcción de la REVOLUCIÓN CUBANA (1959), cuyo adalid y comandante supremo fue el doctor FIDEL CASTRO RUZ: Retumbaron todos los escritorios de la CASA BLANCA; sonaron estrepitosamente las alarmas del PENTÁGONO, estremeciéndose los altos mandos militares y…
Siendo tal el impacto o “susto”, que llevó obligadamente al TIO SAM y demás entes de la oligarquía imperialista ‘gringa’, como a los estrategas de las fuerzas armadas, a serias reflexiones, reconocimiento y/o “cargo de conciencia”, por su nefasta incursión capitalista; aceptando y declarando que: Esta es la época de las “crecientes esperanzas” y están las profundas raíces de la presión por transformaciones revolucionarias esenciales en lo económico y en lo social. Es difícil vivir entre tan persistentes e ingobernables fuerzas. Nosotros entendemos que los LATINOAMERICANOS quieren hacer más de lo que les permite su experiencia, su capacidad, su capital. Tienen prisa. Se impacientan con nosotros y se impacientan consigo mismos. A veces se encuentran irritados, agresivos, resentidos. Y su NACIONALISMO, con su secuela de ANTIYANQUISMO, los lleva a vociferar o a arremeter contra nosotros. De todo esto se aprovechan los comunistas, que lo utilizan desde las posiciones que tienen en cada país. La ‘Alianza para el Progreso’ es la solución que los elementos liberales y democráticos de América Latina y nosotros ofrecemos. Pero las exigencias a las clases dominantes de que distribuyan algo de su riqueza, privilegios y poder, les tienen espantadas, y, mientras tanto, las multitudes piensan que el programa es demasiado lento e inseguro. Durante su desarrollo, Latinoamérica y el Caribe serán una zona turbulenta, en continuo estado de agitación. Renacer es volver a nacer, y nacer es algo notoriamente doloroso. Tal es el hemisferio a donde debemos llevar nuestra política. No se pueden ahuyentar los males de América Latina abandonándola con denuestos o subestimando su importancia, ni dejándolas en el vacío o en una suerte de aislamiento. El Gobierno de los Estados Unidos y la opinión pública norteamericana necesitan de más comprensión y tolerancia que la que hoy tienen. Quizá los latinoamericanos no perciban el rumbo emprendido, pero sus estructuras políticas, sociales y económicas son de tal naturaleza que no permiten esperar posiciones diferentes. Nosotros no podemos esperar que los latinoamericanos sean como nosotros, y a la inversa. Pero nosotros somos los más fuertes y maduros políticamente, y por estas razones estamos obligados a hacer los mayores esfuerzos de adaptación. Aquí, desde nuestro umbral, nos enfrentamos a uno de los más grandes problemas del mundo moderno: la diferencia entre las naciones ricas y las que no lo son, entre los países avanzados y los subdesarrollados, entre los poderosos y los pobres. Y EL ABISMO QUE ESTABLECE ESTAS DIFERENCIAS SE ENSANCHA, NO SE REDUCE. NOSOTROS VAMOS SIENDO CADA VEZ MÁS RICOS, Y ELLOS UN POCO MENOS POBRES. Prosigue la “autocrítica”, el ¿mea culpa? de E U: El grito del pobre y oprimido contra los que habitan en “casas de marfil”, hoy lo oímos resonar desde el Río Grande [desde la frontera norte de México] hasta la Tierra de Fuego. La cuestión de cómo encarar la solución de las predominantes demandas de justicia social en todas sus formas, es hoy de primerísima importancia para Latinoamérica y el Caribe. El modo en que se manifiestan es complicado, pero lo fundamental es la exigencia de los pueblos desposeídos de la zona, de la región, por una vida mejor, digna. La mala distribución de la riqueza se presenta atroz en todas partes. Los pocos ‘nativos’ que son ricos viven entre lujos que los millonarios estadounidenses no podrían sostener, en tanto que las grandes multitudes de pobres apenas si sobreviven. Esos millones de habitantes, de trabajadores del campo y la ciudad que aceptaban como inevitable la pobreza y la miseria, ya no están conformes. SABEN QUE EL SISTEMA ECONÓMICO DEL IMPERIALISMO CAPITALISTA DE LIBRE EMPRESA NO ES EL ÚNICO CAMINO. Oyeron que CUBA está haciendo una REVOLUCIÓN SOCIALISTA. Conocieron que los pueblos RUSO y CHINO no recibieron inyecciones de inversiones de capital extranjero, pero que sus gobiernos, por primera vez en la historia, hicieron algo por el BIENESTAR MATERIAL de los CAMPESINOS. Industrialización y reforma agraria, trabajo y tierras que labrar, escuelas y hospitales, hogares decentes donde vivir, ropas decorosas para vestir, ayuda a los adultos mayores y a los enfermos: ESTO ES LO QUE PIDE HOY EL LATINOAMERICANO Y EL CARIBEÑO, con disputa o lucha con obstinación, como nunca en su historia. La transformación que exigen, debe ser, como el presidente Kennedy dijo, concedida voluntariamente, O SERÁ REALIZADA VIOLENTAMENTE. Sin embargo, si ofrecemos resistencia tenaz a otra gran marejada llamada “justicia social”, lo pagaremos muy caro. No nos será fácil. Revoluciones sociales como la de CUBA, ‘perjudican’ enormemente los intereses norteamericanos. La REVOLUCIÓN CUBANA dio el toque de alerta ante la amenaza de otras revoluciones similares en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, y los inversionistas privados locales y extranjeros están [y siguen] horrorizados. En América Latina, la juventud es sumamente nacionalista, patriota, antimperialista; y, por consiguiente, ANTIYANQUI, ANTIGRINGA; con la mejor disposición ‘para desplumar la cola del águila norteamericana imperialista’. A la sazón, sentenció el presidente Eisenhower: “O EVOLUCIÓN, O REVOLUCIÓN”. Y, efectivamente, ante la presente y descarada intervención directa e indirecta del TRUMPISMO en Argentina, Bolivia, Cuba, Chile, El Salvador, Honduras, México, Perú, Uruguay, Venezuela, etc.: ¡RESURGE LA JUVENTUD! ¡HOY, HAY MUCHO PUEBLO! (Investigaciones y estudios realizados (desde 1959) por los periodistas y corresponsales de prensa, estadounidenses: Herbert L. Matthews y K. H. Silvert).