Dos ideas para generar miedo en las que el presidente de Estados Unidos y el partido republicano fundamentaron su arribo y permanencia en el poder: el patriotismo xenofóbico y el elitismo capitalista, fracasaron rotundamente en las elecciones de medio término de aquel país. La diversidad del pueblo norteamericano ganó. La democracia triunfó.

El problema de los inmigrantes indocumentados como un pretexto para exagerar la seguridad nacional maltratando a las familias sin documentos puso a ciudades enteras en contra de las políticas de ICE y de Donald Trump. Tampoco la guerra con Irán les ayudó. Gastar vidas y dinero en conflictos bélicos inútiles en Medio Oriente no ha generado el bienestar de nadie.

Como se comprobó en las urnas, la mayoría de los estadounidenses ya no compra esas ideas; y menos si justifican usar estrategias violentas para encarcelar y separar a las familias de inmigrantes indocumentados que, con todo, colaboran para una mejor economía. El partido republicano y su presidente están viviendo las consecuencias de tratar con saña a miles de inmigrantes a manos de ICE, que gracias a los celulares y a los medios - a los que Trump atiende muy mal - no pudo ser ocultado.

En esta ocasión, importantes factores económicos, como la guerra contra Irán, el alto precio de los combustibles, y la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría, influenciaron el voto independiente y conservador para ganarle al discurso del odio racista y cultural que los grupos extremos de la extrema derecha, como MAGA - movimiento político que apoya incondicionalmente la ideología anti inmigrante y ‘patriótica’ - y Trump, promueven -.

Las campañas de miedo contra el socialismo demócrata que la élite cercana al poder financió no le dieron resultados esperados al partido republicano. La mayoría de los votantes apostaron por un cambio de dirección nacional.

El discurso de los demócratas socialistas como el senador por el estado de Vermont y ex candidato independiente, Bernie Sanders, - quien por cierto estuvo en El Paso Texas promoviendo el voto, y exigiendo una mejora en los salarios, la educación pública, y un sistema de salud más accesible para todos - ganó popularidad entre los candidatos demócratas que, finalmente, ganaron convincentemente.

A través del voto, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses se expresaron claramente en contra de las políticas del presidente, y de un congreso dominado por los republicanos. Si algo hizo por Trump por los candidatos del partido rojo que apoyó, fue quitarles votos. En lugar de ayudarlos, su vinculación los perjudicó.

En política exterior, las decisiones militares promovidas desde Israel tentaron al calculador presidente de EU para entrometerse en una guerra conjunta contra Irán; que se ha alargado y no les ha salido como esperaban. La intentaron justificar utilizando el fervor religioso y el discurso terrorista, cuando en realidad los objetivos de EU tienen que ver más con sus ambiciones petroleras, y con el EGO de Trump - . Pero derrocar el régimen en Irán no fue tan fácil como Venezuela -. Inclusive, desde la casa blanca se aprobaron los asesinatos de líderes o sospechosos terroristas en territorio internacional; de manera unilateral, y sin la supervisión de la ONU, a la que ignoraron por completo.

El partido del elefante, que lanzó a Donald Trump al poder ya dos veces aprovechando el desorden migratorio que dejó el ex presidente demócrata Biden, y el miedo que generan con su exagerada narrativa en contra de culturas diferentes a la anglosajona, pagaron el precio de una visión política homogénea.

Ni sus intentos de mermar el voto latino por medios inconstitucionales e intimidatorios fueron suficientes para frenar la ola azul que invadió la mayoría del país, inclusive en sectores y estados tradicionalmente rojos.

El rostro y los colores del poder en el congreso, y en varios estados importantes cambiaron. Rostros indígenas, árabes, hispanos y afroamericanos, ganaron posiciones políticas estratégicas a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos de Norteamérica. Es algo histórico, y es en mucho gracias a Trump, quien, según las infalibles encuestas, anda en un claro bajón de popularidad nacional; como en su tiempo vivieron de manera similar los ex presidentes demócratas Barak Obama y Joe Biden.

En estas elecciones de medio término, el descontento nacional llegó a tal grado que, en un estado históricamente influenciado por la organización terrorista del Ku Klux Klan, como lo es Georgia, Keisha Lance (D), una mujer de descendencia afro americana, es ahora la gobernadora elegida. Es la primera vez que una persona de color gana para gobernar un estado en todo EU. Un país que hasta en El Paso Texas tiene seguidores del Ku Klux Klan, como investiga recientemente la policía en esa ciudad; por unos videos que publicaron en las redes sociales.

Den Haaland (D), nativa americana, fue otra mujer elegida gobernadora en Nuevo Mexico; por primera vez también en la historia -. Peggy Flannagan, (D), también es la primera nativa americana elegida senadora en el estado de Minnesota; y por supuesto, tenemos que destacar tanto a Gina Hinojosa (D), gobernadora elegida en Texas, como a Xavier Becerra (D), gobernador electo en California. Ambos orgullosos descendientes de mexicanos.

Los cuatro estados fronterizos, California, Arizona, Nuevo Mexico y Texas, tendrán gobernantes demócratas. Esto es lo que lograron los conflictos por las detenciones de ICE en todas las ciudades de los EU - que son constantemente transmitidas en las redes sociales y en los canales televisivos, especialmente en aquellos a los que Trump trató de censurar -.

Otro caso novedoso es el del primer senador abiertamente gay elegido en la historia: Chris Pappas, en New Hampshire.

En definitiva, en estas elecciones los republicanos del ala conservadora, en general hombres blancos tradicionales de edad madura, no pudieron contra la mayoría de votantes, conformada hoy por muchas mujeres, jóvenes, y minorías, entre las que se encuentran los afroamericanos, los hispanos (as), los latinos (as), los nativos americanos (as) y otras(os); como los son los asiáticos y las personas del medio oriente. También hay muchas personas blancas que ya pertenecen al partido demócrata por sus ideales más inclusivos, o que son independientes y decidieron unirse a la ola azul.

Muchos hispanos que anteriormente apoyaron a Trump, ahora votaron en contra de su partido, a pesar de que todavía apoyan el esfuerzo del presidente para erradicar los violentos cárteles latinoamericanos. Sin embargo, esto no fue suficiente para que los republicanos ganaran en esta ocasión. Este cambio de preferencia fue sorpresivo especialmente en Texas, en donde los demócratas no solo ganaron en la carrera por gobernador, sino todas las posiciones cercanas, después de más de 30 años de dominio republicano; como la victoria de ahora senador James Talarico, un maestro hasta hace un aproximadamente un año era virtualmente desconocido. Los demócratas ganaron las importantes posiciones de Fiscal estatal, Vicegobernadora, Comisionado de ferrocarriles, y de agricultura; así como muchas carreras en todos los condados. Hasta ahora, y según los conteos oficiales, los republicanos conservaron la mayoría de los distritos texanos; aunque es indudable el cambio radical de poder que se vivió en el estado de los vaqueros de dallas.

Ni el dinero pudo hacer nada. Solo en Texas, el magnate multimillonario Elon Musk invirtió 224 millones de dólares en los republicanos. No funcionó. Sus millones financiaron intensas campañas negativas con intenciones de inculcar un miedo exagerado al cambio de poder. Las campañas sucias de los republicanos en Texas casi decían que Hinojosa se había vuelto loca, mentiras calculadas para influenciar a los cristianos rurales, en su mayoría protestantes conservadores.

Lo que realmente estaba en juego para Musk en estas elecciones son sus controversiales inversiones millonarias para instalar centros de Inteligencia Artificial y datos en Texas y otros estados, algo que ha puesto nerviosos a los contribuyentes por el alto uso de electricidad y agua que requieren, y los posibles aumentos en las utilidades. El osado empresario gastó entre 445 y 474 millones en grupos conservadores en todo EU. Es un record nacional de donaciones individuales políticas, según fuentes de PBS y CSNBC.

En estas elecciones, perdieron la guerra, el autoritarismo, el elitismo, las mentiras y el racismo. Con esto ganó la democracia. Se batieron muchos records. Fue un triunfo muy influyente de los hispanos, de los medios independientes, y de las minorías unidas. Veremos cómo reacciona el presidente Trump. Los cambios seguramente se enfocarán solamente en suavizar los métodos de ICE y mejorar la economía, porque los aranceles y la presión a México para acabar con los cárteles llegaron para quedarse, y la guerra con Irán durará más de lo calculado. Jerry79912@yahoo.com