El estoicismo esta de moda. Libros, podcasts e influencers lo recomiendan como fórmula muy prometedora para el emprendimiento, el fitness, el desarrollo personal e incluso la psicología deportiva. Pero ¿qué ofrece realmente esta filosofía antigua a los líderes y emprendedores de hoy? ¿Y qué riesgos implica usarla de forma superficial?
Fundada hace más de dos milenios, la escuela estoica pretende llenar vacíos que, hoy, crecen a enorme velocidad: código morales, práctica religiosa, gestión ante el fracaso y la atención, conceptos sobre vivir bien, estabilidad interior y masculinidad.
Sobre todo, aborda crisis de identidad y responsabilidad moral.
Entre sus aportaciones positivas, el estoicismo exalta el valor antropológico de educar la voluntad y cultivar la fortaleza interior. Fomenta hábitos que conducen a una vida plena. Estos pilares trascendieron su época gracias a su universalidad y a su agudo conocimiento de la naturaleza humana.
Hoy, los neoestoicos retoman estos elementos formativos para dirigentes y líderes. Promueven el autodominio, siguiendo a Epicteto, y valoran la responsabilidad y el deber de la persona ante sí misma, su familia y la patria. El centro de su enseñanza es distinguir lo que está en nuestras manos y lo que no, ¿Qué sentido tiene desear o preocuparse por lo que no depende de nosotros? La tranquilidad inicia cuando identificamos sabiamente lo que sí está en nuestras manos.
Las enseñanzas morales de Séneca y Marco Aurelio siguen aún vigentes: fortaleza ante el dolor, la desgracia y el fracaso; contención de la ira; el examen de conciencia. Sus lecciones son íntimas y profundamente humanas. Para ellos, es necesario cavar en el interior, para desde allí hallar la fuente del bien.
La estoa trascendió. Autores como William Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Victor Hugo, San Ambrosio y San Francisco de Sales, recibieron influencia del estoicismo, y algunos, los citaron.
Sin embargo, el estoicismo presenta limitaciones serías; mencionaré algunas. Su determinismo anula el libre albedrío y la responsabilidad. Si el destino ya está decidido por un orden universal, se elimina la voluntad, libertad y responsabilidad.
Imaginemos: Si tu destino es curarte de una enfermedad, te curarás "hagas lo que hagas”, llames o no al médico. Entonces la vida ya está decidida por el orden universal.
Esta visión deriva de su cosmología: los estoicos creen en un orden del universo que determina todo, incluida la vida humana y su destino. Zenón de Citio y Cleantes sentaron las bases de esta física determinista. Para ellos, el cosmos está gobernado por una cadena de causas ininterrumpida e inflexible, marcada además por el ciclo del eterno retorno.
Cleantes se resigna: ”Llévame, oh Zeus, y tú, destino a donde haya sido ordenado que yo esté”. Para él, la libertad es aceptar el orden dispuesto.
Si el futuro está “hecho”, entonces -según los estoicos- es posible presagiarlo a través de los sueños, vuelo de los buitres, entrañas de animales sacrificados o la posición de planetas. Crisipo de Solos y Posidonio de Apamea sostenían esta creencia.
Esta postura, no solo atenta contra la libertad, también contra la formación de virtudes, valores y principios, pues ¿qué sentido tiene esforzarse si no construimos nuestro destino?
Aristóteles, en cambio, afirma que solo es responsable aquel que tiene inteligencia y voluntad -el poder real de elegir-. El determinismo desnaturaliza a la persona.
Englobando, la doctrina estoica tiene luces y sombras, en estas deja varios huecos y no se fundamenta plenamente en la ética ni en la psicología racional.
Para empeorar las cosas, y confundir, algunos escritores actuales distorsionan las enseñanzas estoicas: promueven actitudes “tóxicas” centradas en la frialdad, la represión de emociones y la insensibilidad.
Estudiosos como Massimo Pigliucci, critican la presencia del estoicismo en el ámbito empresarial cuando se aleja de la ética y de la justicia social para reducirlo a acumular riqueza y al agotamiento laboral.
También critica figuras como Tim Ferriss y su marca de "Estoicismo de Silicon Valley", donde la filosofía se desvía hasta convertirse en un mero instrumento de ganar dinero.
El éxito actual del pensamiento estoico, se debe a que crearon una versión light y “políticamente correcta” convertida en un producto de consumo.
La verdadera riqueza para el hombre moderno está en la herencia de los grandes pensadores de occidente. Para ver más lejos y más cosas -parafraseó Isaac Newton-, es necesario subir a los hombros de gigantes.
Si se quiere un sistema que forme la mejor versión de uno mismo, es necesario rescatar el sentido las mentes brillantes. Y aquí entra la virtud, y sobre ésta dice San Ambrosio : “Permite a la persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma”.
La sabiduría clásica es más integral. Aristóteles aporta su psicología y antropología racional; y Platón, con las ideas de bien y justicia. A ellos, se suman escolásticos que se enriquecen con los nuevos descubrimientos científicos en la mente y la persona.
Hay un mundo inmenso por explorar y descubrir.
Para, los que quieran profundizar y aprovechar el tema, les dejo el link del libro Formación del Carácter en la Filosofía Clásica y Estoicos: https://bit.ly/4d817ZX
