El año pasado, con motivo de la campaña judicial, recorrí gran parte de las carreteras de nuestro Estado y me encontré con preocupante panorama. Existe una alarmante fragmentación en la seguridad de nuestros caminos: hay tramos por los que definitivamente no se puede transitar ni de día, otras zonas donde los propios pobladores advierten que es necesario avisar antes de cruzar, y rutas donde la única constante es la advertencia de no viajar jamás de noche.
Sin embargo, la inseguridad no solo proviene de la delincuencia organizada; a veces, la incertidumbre la generan las mismas autoridades a través de los llamados "retenes de rutina".
Hace un par de semanas viajé con mis hijas de Ciudad Juárez a la ciudad de Chihuahua. Mi sorpresa fue encontrarme con tres retenes en el trayecto: uno de la Guardia Nacional y dos más aparentemente de la Fiscalía General de la República. El descontento de los conductores era evidente. Las revisiones lentas a las que someten a los ciudadanos —particularmente ensañadas con los vehículos que portan placas extranjeras— provocaron larguísimas filas de espera. Un viaje que ordinariamente toma tres horas se convirtió en un calvario de cinco horas.
Lo peor vino al regreso. En medio de la nada, nos topamos con un retén que ostentaba un cartelón con logotipos de la FGR. Decidí activar el código QR que venía en la lona, el cual supuestamente servía para verificar la legalidad del punto de revisión, pero la página estaba en blanco. De inmediato, un agente me pidió identificarme y me informó que someterían el vehículo a una revisión.
Por temor a quedar vulnerables fuera del auto en una zona desolada y acompañada de mis hijas, les pedí a los oficiales que se identificaran, me dieran sus nombres y la corporación exacta a la que pertenecían. Su respuesta fue una hostilidad absoluta, con los rostros encapuchados, se negaron a identificarse. Al preguntarles el motivo de la inspección, respondieron con la clásica y ambigua frase: "es una revisión de rutina".
Ante esto, les manifesté firmemente que no otorgaba mi autorización para ser retenida ni revisada, y les pregunté si existía algún reporte específico contra mi vehículo. Afortunadamente, corrimos con suerte y nos dejaron retirarnos. No obstante, nos fuimos atemorizadas: nos abordaron sujetos encapuchados, armados, en medio de la nada, mostrando una actitud agresiva y con uno de ellos apostado a escasos centímetros de la ventana de mi hija menor.
No obstante, sería ingenuo de mi parte, estimado lector y lectora, pretender sugerirle que el simple hecho de conocer sus derechos ante un retén lo blindará contra cualquier arbitrariedad. Para hacer su viaje lo más seguro posible, es indispensable adoptar medidas prácticas de prevención que, aunque parezcan obvias, hoy en día son vitales. Procure no viajar de noche y organice sus traslados exclusivamente en horarios diurnos. Si se va a detener en una gasolinera o a comer, jamás deje objetos de valor a la vista dentro del vehículo, y cuide mucho lo que platica; no intercambie información personal o de su ruta con las personas que lo aborden en las paradas, porque lamentablemente muchas veces operan como los llamados "halcones", quienes brindan información a la delincuencia respecto a posibles víctimas.
También es muy importante que comparta su ubicación en tiempo real con familiares y conocidos, manteniéndolos informados constantemente hasta que llegue a su destino. Antes de salir, puede llamar al número de atención ciudadana 088 de la Guardia Nacional o consultar sus canales oficiales de vialidad, donde brindan información sobre los retenes que realmente están puestos por las autoridades. Esto se vuelve crucial si tomamos en cuenta que actualmente, en la carretera a Juárez, operan al menos dos retenes que no tienen logotipos oficiales y mantienen a su personal encapuchado, dando un pésimo aspecto y generando total desconfianza. Finalmente, lleve siempre consigo los números de emergencia de la Guardia Nacional División Carreteras para solicitar auxilio en caso de que lo necesite.
En un mundo ideal, ante cualquier punto de revisión, recuerde que lo primero que sí está permitido es exigirle al oficial que se identifique, diciendo su nombre completo y la corporación a la que pertenece. La ley prohíbe estrictamente que los agentes legítimos operen encapuchados o con el rostro oculto, ya que usted tiene el derecho constitucional de ver a la cara a quien lo detiene para corroborar su identidad. Asimismo, usted tiene todo el derecho de sacar su celular y grabar el procedimiento en la vía pública; esto no es un delito ni una falta de respeto, es su garantía de protección. Además, recuerde que no está permitida la famosa "revisión de rutina" para esculcar su auto por puro capricho. Legalmente, un agente solo puede inspeccionar su cuerpo, sus pertenencias o la cajuela bajo dos condiciones muy estrictas: que lo sorprendan cometiendo un delito en flagrancia o que exista una sospecha razonable y objetiva, como un reporte oficial previo donde las características exactas de su vehículo coincidan con las de un auto involucrado en un crimen. Si no hay un delito en curso ni una orden por escrito, la autoridad solo puede limitar su tránsito brevemente para pedirle información general o hacer una revisión ocular superficial por fuera del carro, pero jamás obligarlo a bajarse ni desmantelar su equipaje sin justificación, y en caso de que lo hagan, es importante que en la videograbación quede asentado que usted no dio su consentimiento para la revisión.
Ante este panorama, resulta imperativo hacer un respetuoso pero firme llamado a nuestros legisladores federales para que intervengan activamente en esta problemática. Es urgente que, desde el ámbito de sus facultades, realicen las gestiones necesarias ante las autoridades competentes para garantizar que los puntos de revisión cumplan estrictamente con su función de proteger, sin menoscabar el derecho constitucional al libre tránsito ni asfixiar la movilidad de los ciudadanos. La seguridad de nuestras carreteras no puede delegarse a dinámicas que generen incertidumbre y representen un riesgo latente por su actuación al margen de los protocolos oficiales.
La seguridad pública no puede construirse a costa de pasar por alto los derechos humanos de los ciudadanos, ni sembrando el terror en las familias que transitan por las vías públicas. Si las autoridades pretenden implementar puntos de revisión legítimos, estos deben contar con personal plenamente identificado, sin capuchas que apelen al anonimato, con mandatos visibles y códigos de verificación digitales que realmente funcionen.
