Todavía falta tiempo para la elección de gobernador y demás cargos de elección popular, excepto presidente de la República ni senadores. Faltan meses para que comiencen formalmente las campañas y todavía pueden ocurrir muchas cosas en el camino, pero sería difícil sostener que la sucesión de Chihuahua no ha comenzado.
Morena ya puso a Cruz Pérez Cuéllar al frente de su proyecto rumbo a 2027. El PAN hizo lo propio con Marco Bonilla. Todavía no son candidatos formales políticamente hablando, sin embargo ambos partidos ya tienen a quienes quieren colocar en el centro de la conversación.
Y hay algo que hace particularmente interesante este primer movimiento. Cruz y Bonilla llegan desde las dos ciudades más importantes del estado: uno desde Juárez y el otro desde Chihuahua capital.
No es un asunto menor. Cruz ha construido buena parte de su capital político en Ciudad Juárez, ganó la Presidencia Municipal en 2021 y volvió a ganar en 2024. Durante estos años ha tenido la oportunidad de hacerse visible no solamente entre los grupos políticos, sino también entre buena parte de los habitantes de la frontera.
Su trayectoria, además, es mucho más larga que su paso por Morena. Fue panista durante muchos años. Después estuvo en Movimiento Ciudadano y finalmente llegó a Morena. Ha sido diputado local, diputado federal, senador y candidato a gobernador.
Es un político con experiencia, también es un político que conoce las distintas caras de la política chihuahuense. Ahora tendrá que demostrar que esa experiencia puede servirle para algo más que conservar su territorio.
Cruz necesita entrar en Chihuahua capital. No será una tarea sencilla; la capital ha sido durante años uno de los principales espacios de crecimiento del panismo y Marco Bonilla tiene ahí su principal inversión política.
Pero el juarense no puede conformarse con tener ganado y con buen colchón su ciudad natal. Para competir por el estado necesita buscar votos donde tradicionalmente Morena no ha tenido la misma fuerza. Necesita hablarle a quienes no necesariamente se sienten identificados con la llamada Cuarta Transformación y convencerlos de que él puede representar algo distinto.
Su pasado panista puede ser una dificultad para algunos y una ventaja para otros. Todo dependerá de cómo lo utilice.
Bonilla enfrenta una situación parecida, aunque desde el otro lado. Su carrera política está profundamente ligada a Chihuahua capital y al PAN. Ha construido su presencia desde el municipio y consiguió la reelección en 2024 con una votación muy importante.
La capital es su principal fortaleza y ahora tendrá que salir de ella si quiere convertir su proyecto municipal en un proyecto estatal, tendrá que hablarle a Ciudad Juárez.
Y ahí las cosas cambian. Juárez tiene otra dinámica. Es frontera, industria, migración, comercio; tiene problemas y necesidades que no necesariamente son los mismos de la capital.
Bonilla tendrá que demostrar que su discurso puede funcionar también en esa realidad. Ahí puede comenzar una de las batallas más interesantes de la próxima elección.
Cruz tratando de quitarle votos a Bonilla en Chihuahua capital y el chihuahuense intentará hacer lo mismo en Ciudad Juárez.
No se trata solamente de conservar lo que cada uno ya tiene. Los dos necesitan crecer, y para crecer tendrán que meterse en el territorio ajeno.
Eso seguramente llevará a una inevitable comparación entre ambas ciudades. Se hablará de inseguridad, de obra pública, de servicios, de inversión, de desarrollo económico. Se compararán resultados y administraciones y porque no, saldrán a relucir los baches y calles sin pavimentar; de banquetas destrozadas y de venta de calles.
Cruz podrá hablar de lo que ha hecho en Juárez y Bonilla hará lo conducente con Chihuahua; así, los ciudadanos tendrán que preguntarse algo más difícil: ¿Qué parte de ese modelo puede funcionar en todo el estado?
Ahí estará el verdadero desafío. Chihuahua no es solamente Chihuahua capital como tampoco es solamente Ciudad Juárez, están Delicias, Cuauhtémoc, Parral, Camargo, Nuevo Casas Grandes y muchos otros municipios. Están las comunidades rurales, la Sierra, las zonas agrícolas y las regiones fronterizas.
Cada una tiene problemáticas distintas. El candidato que pretenda gobernar todo el estado tendrá que demostrar qué entiende esa diversidad.
Por ahora, Cruz y Bonilla parten de lugares diferentes. Cruz tiene una larga experiencia política y una base importante en Juárez. Bonilla tiene el respaldo de una administración que ha consolidado su presencia en la capital.
Los dos tienen resultados qué defender. Los dos tienen decisiones; los dos tendrán que convencer a ciudadanos que no necesariamente piensan como ellos, y quizá ahí esté lo más interesante de esta elección que apenas comienza a dibujarse. Durante mucho tiempo, hemos hablado de Juárez y Chihuahua capital como dos realidades distintas.
El año 2027 podrían convertirse en una medición política por tratarse de dos grandes territorios en disputa. Cruz tendrá que convencer a Chihuahua y Bonilla tendrá que convencer a Juárez.
Y entre las dos ciudades estará buena parte de la conversación sobre el futuro político del estado.
Todavía falta mucho. Habrá alianzas, rupturas, acuerdos y seguramente nuevos nombres, pero el tablero ya empieza a tomar forma.
Ahora falta saber quién será capaz de salir de su territorio, escuchar al otro y convencer a quienes todavía no consideran que su proyecto sea también el suyo.
La política puede dividir las preferencias, pudiera enfrentar proyectos y poner a competir a unas ciudades con otras, es parte de la democracia. Lo que no debería hacerse es convertir nuestras diferencias en una razón para dejar de reconocernos como parte de un mismo estado y de un mismo país.
Al final, todos somos Chihuahua. Chihuahua, México. Ojalá no nos dividamos más de lo que ya está dividido el país.
