“El resultado, muchas veces, es inesperado. Uno nunca consigue todo aquello que quería”

Luiz Inácio Lula da Silva, 4.10.2026

Ciudad de México .-Las encuestas previas le daban una ventaja ligera, pero ventaja, al presidente Luiz Inácio Lula da Silva del Partido del Trabajo para la primera ronda electoral brasileña de este 4 de octubre. La empresa Datafolha le calculaba 42 por ciento contra 38 por ciento de Flávio Bolsonaro del Partido Liberal. Al final, Bolsonaro quedó en primer lugar con 47 por ciento y Lula segundo con 45. El 7.8 por ciento votó por otros candidatos. La oposición logró avances importantes en el Congreso y en los gobiernos estatales.

El resultado de la segunda vuelta, programada para el 25 de octubre, dependerá en buena medida de la decisión de quienes sufragaron por alguno de los candidatos minoritarios. Habrá que ver también si participará un mayor número de electores. El voto es obligatorio en Brasil para los ciudadanos de entre 18 y 69 años, aunque la multa es de solo 3.51 reales, alrededor de 12.32 pesos. Aun así, el abstencionismo fue de 21.08 por ciento en los comicios del domingo pasado, lo que significa que más de 33 millones de personas no acudieron a votar en un padrón de 158 millones. A los ausentes hay que añadir 2.3 millones de votos en blanco y 3.7 millones nulos.

Ante la polarización de la vida política de Brasil, lo más probable es que quienes votaron por Bolsonaro o por Lula mantengan su decisión en la segunda vuelta. Por eso el resultado dependerá de quienes se inclinaron por otros, no votaron o anularon su sufragio. La diferencia entre Bolsonaro y Lula en la primera vuelta fue de 2.2 millones de votos.

Lula no ha sido un gobernante de izquierda radical o autoritario, como otros en Latinoamérica. Sus políticas representan a una izquierda democrática. En este tercer mandato logró un crecimiento económico anual superior al 3 por ciento mientras que el desempleo abierto cayó a un nivel histórico de 6.1 por ciento. Mantiene el programa Bolsa Familia, pero está focalizado en familias de escasos recursos, en contraste con el programa de pensiones de la 4T que es universal. En su campaña presidencial de 2022 Lula declaró: "La gente no quiere vivir de beneficios del gobierno todo el tiempo. Lo que da orgullo al ser humanos es tener un salario y llevar comida a casa con su trabajo". Es lo opuesto a López Obrador, que decía que los pobres son como "animalitos" a los que "se les tiene que dar su alimento" y no pedirles trabajar. Lula criticó el autoritarismo y los fraudes electorales de Nicolás Maduro en Venezuela y de Daniel Ortega en Nicaragua, ante el vergonzoso silencio de México.

Muchos electores están agradecidos por recibir programas sociales, pero entienden que esto no resuelve sus problemas como un empleo. La inflación es de 4.2 por ciento, pero está deteriorando el poder de compra de los salarios. La deuda pública ha crecido porque el gobierno mantiene un enorme déficit de presupuesto, de 9.48 por ciento del PIB, mucho mayor que el de México, que se espera sea de 3.6 por ciento en 2026.

Por otra parte, Lula ha sido ya presidente de Brasil 12 años en tres mandatos. Ha sido candidato presidencial siete veces desde 1989. Tiene 80 años, que contrastan con los 45 de Bolsonaro. Para muchos brasileños, su visión del gobierno es anticuada.

La decisión final la tomarán los brasileños en la segunda vuelta. La distancia entre Bolsonaro y Lula es demasiado pequeña para aventurar predicciones. Lo que sí es claro es que la prueba de fuego de una democracia es la alternancia en el poder, cosa que en México ha desaparecido en los tiempos de los partidos hegemónicos.

Sombrerazos

El mismo día de la elección en Brasil se terminó el recuento de los votos sin quejas importantes. En México, en la noche de la votación apenas llegamos a conteos rápidos y hay que esperar casi una semana, entre gritos y sombrerazos, para los resultados definitivos. Hay que aprender lo bueno de los demás.