Ciudad de México –No sé mucho de Economía -de Economía nadie sabe mucho-, pero alcanzo a entender que la inflación es un fenómeno preocupante, ya ande al paso, al trote, o sea galopante. Lo mismo puede decirse de la economía informal, que en nuestro país supera ya a la formal, pese a la formalidad de ésta. La canasta básica se está desfondando por la carestía de algunos alimentos básicos, y el salario mínimo, con todo y los aumentos que ha tenido, no es suficiente ya para que una familia promedio pueda llevar una vida sin apremios. Las dádivas entregadas por la 4T a sus mascotas, los pobres, a fin de asegurarse sus votos y mantener una artificiosa popularidad, quedan nulificadas por esa carestía, esa inflación y otros factores como el alto costo que en materia de salud debe pagar la gente ante las deficiencias que presenta el actual sistema público de salud. Dicho de otra manera, estamos ligeramente jodidísimos. La única manera que el régimen morenista tiene de enfrentar la situación es un creciente endeudamiento que compromete a México, según cálculo de los expertos, hasta el día del Juicio Final. Hace tiempo se publicó en un pequeño periódico de mi ciudad un aviso funerario que empezaba: "Con pena y todo participamos el sentido fallecimiento de.". Pues bien: con pena y todo participo que si las cosas siguen como van me iré a vivir en mi cabaña de la sierra, a donde no llegan con la misma fuerza los oleajes de ese proceloso océano llamado la realidad. El médico le indicó a su linda paciente: "Señorita Rosibel: tenga cuidado con la ropa demasiado entallada. Es mala para la circulación. "Al contrario, doctor -replicó la damisela-. Mientras más entallada la uso más circulo". Doña Fecundina le informó a la trabajadora social: "Tengo ocho hijos: dos con mi primer marido; dos con el segundo, y los otros cuatro yo solita". En el hospital siquiátrico el director le ordenó al guardia: "Al interno que se cree perro manténgalo alejado del interno que se cree árbol". Conocemos a Meñico Maldotado, joven varón con quien natura se mostró avarienta al repartir entre los hombres los dones de entrepierna. Tenía, según la expresión usada antiguamente para aludir a los de escasa provisión inguinal, 5 de canela, y mal despachada. No obstante, esa minusvalía, contrajo matrimonio con Pirulina, muchacha que sabía bastantes cosas de la vida, y no aprendidas en páginas de libros. La noche de las bodas él se presentó por primera vez al natural ante su desposada. Pirulina lo vio de arriba abajo, y sobre todo de en medio, y luego le preguntó en tono de reproche: "¿A quién crees que vas a hacer feliz con eso?". Sonriendo respondió Meñico: "A mí". Doña Gálata, mujer de abundante aprovisionamiento pectoral, le reclamó al mesero: "Hace media hora pedí una pizza, y no me la ha traído". Replicó el camarero: "Se la traje hace 20 minutos. Si la señora tiene a bien recargarse en su silla la verá sobre la mesa". El hijo de Avaricio Cenaoscuras salió a su padre en lo cicatero y ruin. Le comentó: "Anoche llevé a mi novia a cenar en restorán. El gasto fue de 300 pesos". "Bueno -se resignó el progenitor-. No fue mucho". Acotó el muchacho: "Era todo lo que ella traía". El perico de la casa acostumbraba subir a la barda del corral, y desde ahí animaba al gallo en su labor con las gallinas: "¡Duro, gallito! ¡Duro!". Una súbita ráfaga de viento lo hizo caer, y el gallo fue hacia con evidente intención libidinosa. Le dijo el loro, nervioso y azarado: "Suave, gallito, suave". (Comentaba después, mohíno, el cotorro: "El desgraciado gallo nunca se puso a considerar que no hay gallinas verdes"). FIN.

MIRADOR

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

VARIACIONES OPUS 33 SOBRE EL TEMA DE DON JUAN

El hidalgo hace la cuenta de los errores que cometió en su juventud. Fueron muchos, concluye pesaroso. Y todos tienen nombre de mujer.

Aquella dama que le regaló un hermoso dije. El caballero era tan joven que no advirtió que la intención verdadera de la dama era regalarse ella. La gitana de cintura estrecha y caderas opulentas que le leyó la mano y lo miró después en modo tal que bien pudo él leerla toda, y no lo hizo por su inexperiencia. La mujer casada que le mostró sus senos desnudos. Él, tonto de pocos años, se limitó a verlos, cuando bien pudo beberlos.

Don Juan, que debería recordar con gozo lo que le vino, recuerda con pesadumbre lo que se le fue. Cosa de humanos es lamentar lo que no se tiene en voz de disfrutar lo que se tiene. Muchas mujeres tuvo en sus brazos el seductor. Las recuerda, sí, pero piensa más en aquellas que fueron sólo un sueño. Los recuerdos y los sueños son ahora la posesión más preciada de Don Juan.

¡Hasta mañana!....

MANGANITAS

Por AFA.

". El libro de AMLO.".

Afirman los entendidos,

y yo igualmente lo entiendo,

que el libro se está vendiendo,

pues lo compran los vendidos.