Ciudad Juárez.- Espero que este reto no sea mucho pedir. Más allá del drama, del discurso, y de la imagen, es tiempo de imaginar y empezar a construir el futuro que deseamos. Es tiempo para demostrar de lo que somos capaces las nuevas generaciones. De lo que se puede hacer por nuestras ciudades y nuestro campo. Imaginarse un mañana mejor no cuesta, no tiene límites.

Si, se necesita una transformación, porque las cosas no van tan bien, pero que incluya todos.

Pienso que existe talento y experiencia de sobra en nuestro estado y ciudades. Lo que se necesita es atreverse a convocarla y organizarla. Tener un plan B y hasta un plan C. Aquí, con mi insolencia acostumbrada, presento algunas ideas de cómo prepararse para ello y para lo que viene. Además, creo que este plan de reflexión sirve para muchas otras cosas más en la vida, y por eso lo comparto. Espero no incomodar mucho ni a gobernantes ni a gobernados.

Porque ya no nos vamos a conformar con la división y la polarización mundial que los políticos de antes utilizan y repiten y repiten como pericos en todos los medios., mientras que nuestras ciudades crecen desordenadamente, y muchos jóvenes no ven ninguna opción deseable para un mejor futuro en nuestro país. Creo que la mayoría estamos cansados de los discursos memorizados que solo nos dividen para robar más fácil. Esto solo les conviene a los que acumulan riquezas y poder bajo el yugo de la mayoría.

Muy pronto necesitaremos que presenten un buen plan; con honestidad y franqueza. Si no saben cómo empezar, puede pensárselo un tiempecito, pero luego a rendir cuentas; con la responsabilidad que se espera de ustedes, sin escenarios baratos construidos para proteger la ineptitud.

A los ciudadanos nos concierne -a todos- averiguar quiénes son los candidatos propuestos, que han hecho, como piensan, y de donde vienen. Para empezar, sugerimos cuestionar ¿Qué clase de calidad humana, educación, inteligencia y principios tienen? ¿Cuáles son sus bases y experiencia? ¿Que los inspira? ¿Quiénes son sus maestros y amigos? ¿A quién le rinden cuentas, y que calificación les daría?

En otras palabras. ¿Qué tan sólidas son las bases que los constituyen, que clase de personalidad tienen, y con que resiliencia cuentan para enfrentar los retos; más allá de sus imágenes publicas y habilidades retoricas? Estas son preguntas que todos los aspirantes tienen que pensar y nos tienen que responder.

Los tiempos del futuro son ya, y todos queremos avanzar en la una dirección exitosa. Hay que tomar en cuenta que, con la revolución digital, y el perfeccionamiento de la inteligencia artificial (IA), estamos ya en el amanecer de una nueva época; de una nueva era axial. Es hora de pensar en como nuestros límites constrictivos –muchas veces auto impuestos- ya nos asfixian. ¿Hasta dónde se permiten el avance de las adicciones, el libertinaje, la poca educación y capacitación en nuestras comunidades? ¿Cómo están nuestras bibliotecas y parques públicos?

El filósofo alemán Karl Jasper acunó como era axial un periodo trascendental de la era humana entre el año 800 antes y el 200 después de de Cristo; en la que surgieron corrientes filosóficas y religiosas evolucionadas en diferentes regiones de Euro asía, como en China, Grecia, Persia, el medio oriente, o la India -por cierto sin que hubiera mucho contacto entre ellas-. Surgieron pensadores y líderes espirituales =algunos después mitificados- que exploraron la responsabilidad personal, la compasión y el auto examen de conciencia; como Confucio, Lao Tse, Gautama Buda, Krishna, Zaratustra, Sócrates, Aristóteles, Platón, los profetas hebreos y obviamente Jesús, entre otros. Como líderes, de vez en cuando es conveniente, creo, tener presente su legado y ejemplo, para definir nuestras bases personales básicas con solidez y autoconciencia.

Después, antes de construir un buen plan de acción, se necesita realizar un inventario realista y verdaderamente honesto del pasado, en lo individual y en lo colectivo. Lo que se ha hecho bien, lo que sigue mal, y lo que hay que mejorar; teniendo en cuenta el mundo en el que actualmente vivimos todos. Afuera de los castillos de cristal y los palacios reales o imaginarios que nos separan de los demás, de ‘los otros’. Tenemos que preguntarnos las razones reales detrás de nuestras fallas y nuestras interpretaciones superficiales. Más allá del EGO, del falso orgullo, de nuestros defectos de carácter, de nuestras máscaras sociales. ¿Cuáles son nuestras debilidades, nuestras fortalezas? ¿En qué podemos mejorar? Cabe mencionar una frase de Bill Gates, uno de los humanos más acaudalados del planeta aquí. “Está bien celebrar el éxito, pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso”.

Una vez hecho esto a conciencia -mejor todavía si se registra en papel o medio digital para futuras referencias, guardándolo en algún lugar muy privado e inaccesible para los enemigos y envidiosos, que siempre los habrá- ver en donde debemos rectificar. En donde necesitamos ayuda; y que necesitamos cambiar para dejar de repetir los mismos errores.

Para empezar con todo esto, no estaría mal refugiarse unos días en algún tipo de retiro reflexivo personal, apoyado de personas experimentadas en esto, porque no se puede brindar lo que no se posee. Créame, yo no me atrevería a aportar mi insolente sugerencia de hacer un inventario así, si yo mismo no hubiera trabajado ya en varios aspectos de mi carácter. Los beneficios de este auto examen de conciencia son muy benéficos. Les aseguro que, si se es honesto con uno mismo, una energía renovada encenderá su vida y aquella de las personas a su alrededor. Porque una luz prende a otra. Eso sí, antes hay que hacer un esfuerzo para verse a sí mismo frente al espejo sin tapujos, con humildad, y con los pies bien plantados en la tierra. Sin remordimientos insanos, pero si con el propósito de corregir y mejorar.

Lo que sigue, como me diría mi muy querido hermano Valo, me imagino: ahora vamos a monetizar esos esfuerzos; o como generar ingresos y bienestar público.

El potencial de nuestras ciudades y gran estado no es actualmente equiparable a nuestra riqueza de recursos. La prosperidad del reino, entre comillas, es indispensable en la agenda de cualquiera que pretenda tomar las riendas del poder. Una idea es observar y tomar en cuenta que hacen las ciudades y estados modernos bien para tratar de aprender de lo bueno, y evitar repetir lo malo. ¿Qué están haciendo para estar mejor que nosotros? También es indispensable realizar alianzas estratégicas que sean benéficas para la mayoría.

Después de pensar y trabajar en todo esto, hay que ahora si pensar en diseñar un plan de gobierno realista, pero optimista. Ingeniería económica, que incluya salud, seguridad, y educación para mejorar. Si se obtiene el poder deseado para gobernar, establecer una manera de evaluar los resultados periódicamente con la misma conciencia del inventario que se hizo inicialmente para rendir y rendirse cuentas. Sería muy benéfico tener un equipo de evaluación de resultados a corto y largo plazo y aceptar puntos de vista críticos.

También recomendaría seguir con un programa de reflexión ética personal para el crecimiento individual y colectivo, y para reducir el EGO excesivo que genera inseguridades, avaricia y soberbia en todos los seres humanos.

Como usted puede ver, mi plan para los gobernantes es muy sencillo: el crecimiento ético y espiritual, que no está peleado con el progreso económico consiente. Aunque en verdad es un plan para cualquiera, y para cualquier profesión o meta personal. Creo que es un mejor plan que utilizar el engaño, la apariencia y la perversidad que el príncipe, diplomático, y pensador político italiano Maquiavelo describió con su realista evaluación de la naturaleza humana y la política. Me resulta depresiva y pesimista.

Aquí compartí una alternativa que me tomaría mucho más espacio explicar mejor, pero basada sin duda en resultados positivos, y en una visión evolutiva de la humanidad. Está basada en muchas sabidurías, yo no la inventé, pero la practico. Habrá filosofías de vida mejores, pero es la que me ha dado resultados. Decía Karl Jung que antes de generar autoconciencia, uno tiene que contemplar a la sombra. Sócrates decía que una vida sin examen (reflexión) no merece ser vivida; invitándonos a examinar nuestras acciones con introspección y pensamiento crítico. A cuestionar nuestros valores y creencias para no vivir siempre reaccionando a todo en automático.

Como sea y de la manera que sea, hacer un auto examen de conciencia y un inventario de lo bueno y lo malo, en lo individual y colectivo, es valioso, a mi juicio. Jerry79912@yahoo.com