Bajo el encabezado “Homenajean en la UACH al decano del periodismo chihuahuense, Jesús Manuel González Raízola, por más de 70 años de trayectoria y la donación de su archivo histórico a la Facultad de Filosofía”, se dio cuenta del evento celebrado el pasado viernes en dicha institución.
Este es un acontecimiento relevante, pues honra en vida a una persona que ha trascendido en el campo del periodismo local. Sus quehaceres y saberes quedarán ampliamente documentados por los biógrafos que, como él, ahonden en la búsqueda y el rescate de la información.
Ante la imposibilidad de asistir por motivos de agenda familiar a su merecido homenaje, debo agradecer al periodista y amigo Leo Zavala por haberme invitado, así como a ese ángel de la guarda humano que es para mí la licenciada y amiga Heidi Segovia, quien, al compartirme el video íntegro del evento, me permitió tocar las fibras humanas que en él se expresaron.
En el encuentro se observa la fraternidad que el propio homenajeado reconoce cuando señala a todos y cada uno de quienes le han permitido llegar a ese momento. Enhorabuena por la calidez y la fraternidad de ese espléndido y humano encuentro.
El Nobel de 2026: la reivindicación después de Corina Machado
El Premio Nobel de la Paz 2026 fue otorgado a Navanethem “Navi” Pillay por su lucha contra la impunidad y los crímenes de guerra.
Su trayectoria ha contribuido a impulsar el procesamiento de crímenes de guerra, genocidio y delitos contra la humanidad ante la justicia internacional, así como a exigir responsabilidades a los Estados y a sus líderes nacionales.
Pillay nació en el seno de una familia de origen tamil indio en Durban, Sudáfrica, durante el régimen del apartheid.
El Comité Noruego del Nobel decidió otorgar el Premio Nobel de la Paz 2026 a Navanethem “Navi” Pillay por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional. El comité enfatizó que Pillay ha abierto camino hacia un orden jurídico global más amplio, con excepcional valentía e integridad, y recordó que el Estado de derecho constituye la base para garantizar la paz y resolver los conflictos de manera no violenta, bajo el principio de que la paz requiere justicia.
Navi Pillay ha sido una figura clave para lograr que los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el genocidio sean perseguidos y sancionados conforme al derecho internacional. Además, se ha destacado por exigir la rendición de cuentas a los Estados y a sus líderes nacionales, llevando esperanza a las víctimas de la violencia y los conflictos. Todo ello la consolida como una de las grandes defensoras de los principios jurídicos internacionales de nuestro tiempo.
“Ha sido fundamental para asegurar que los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el genocidio sean perseguidos”, afirmó el jurado.
Navi Pillay presidió la comisión de investigación de la ONU que acusó a Israel de cometer genocidio en Gaza. El Comité Nobel destacó su compromiso con los principios jurídicos universales y su firme brújula moral.
“En una época marcada por retos existenciales —en particular, un número de guerras y conflictos que el mundo no había conocido desde hacía mucho tiempo—, el derecho internacional ya no es solo un complemento de la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta”, señaló el comité.
La justicia internacional “está bajo tremenda presión y sus instituciones, bajo ataque”, recalcó el Comité Nobel, en un contexto en el que Estados Unidos ha emprendido una campaña contra la Corte Penal Internacional (CPI).
Navi Pillay, abogada de origen indio que creció en la Sudáfrica del apartheid, llegó a ser jueza y alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014. A lo largo de su carrera, ha asumido algunos de los casos más difíciles.
Su trayectoria la ha llevado desde los tribunales sudafricanos, donde defendió a activistas contra el apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y consiguió el reconocimiento de derechos fundamentales para los presos políticos, hasta el Tribunal Penal Internacional para Ruanda y la Corte Penal Internacional (CPI).
También presidió la comisión encargada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU de investigar las violaciones de los derechos humanos en los territorios palestinos y en Israel.
En 2024, la CPI emitió órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Gaza, así como contra dirigentes del movimiento islamista palestino Hamás, algunos de los cuales fallecieron posteriormente.
“Si aplauden un poco más fuerte, quizá comparta el premio con Trump”, bromeó Navi Pillay este viernes.
La abogada lamenta que la califiquen de “antisemita”. En redes sociales circulan llamados para que Estados Unidos la sancione, como ya lo ha hecho con una relatora de la ONU, jueces de la CPI y organizaciones no gubernamentales palestinas.
El presidente del Comité Nobel, Jørgen Watne Frydnes, afirmó que actualmente se observa un giro hacia el ejercicio del poder “en detrimento de los marcos legales y del respeto global al derecho y la justicia”.
Actualmente, Navi Pillay participa como magistrada de la Corte Internacional de Justicia en el caso en el que se acusa a Birmania de genocidio.
Tras el anuncio, la ONU destacó que el Premio Nobel de la Paz otorgado a Navi Pillay da fe de la necesidad y el valor de los derechos humanos.
Corolario
El título de la columna de hoy se refrenda con los dos hechos narrados: por un lado, la solidaridad y la fraternidad expresadas en un gesto humano de gratitud hacia un joven trabajador que se convirtió en comunicador a través del periodismo y, posteriormente, en cronista y testigo de acontecimientos trascendentes en nuestro Chihuahua; por otro, la trayectoria de una luchadora social que alcanza la categoría de Premio Nobel de la Paz después de años de lucha y arduo trabajo contra lacras como el apartheid y el genocidio, ya sea en Sudáfrica o en Palestina.
¡Enhorabuena! La humanidad demuestra que aún tiene posibilidades de avanzar cuando reconoce a quienes luchan por la justicia y la dignidad. Porque quien honra, se honra.
