Hay una prueba que ningún gobierno puede evadir: lo que sucede cuando una madre busca medicamentos para su hijo, cuando un adulto mayor necesita una consulta o cuando una familia espera una ambulancia. En esos momentos no sirven los discursos ni las conferencias de prensa. Sirven los médicos, las medicinas, los hospitales y las decisiones de gobierno que hacen posible la atención.

Por eso preocupa lo que ocurre con la salud pública en México. Durante octubre, trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social se han movilizado para exigir mejores salarios, pero también para denunciar falta de personal, medicamentos, insumos y equipo. Son las voces que conocen los hospitales por dentro. Y lo que describen dista mucho del sistema de salud que durante años se prometió a los mexicanos.

El conflicto alcanzó un punto decisivo cuando los trabajadores rechazaron la propuesta de incremento global de 6.8 por ciento. La dirigencia sindical reconoció el resultado y anunció que buscaría reabrir las negociaciones. Pero sería un error reducir todo a una disputa salarial. Cuando quienes atienden a los enfermos denuncian que carecen de lo indispensable para trabajar, el problema también es de los pacientes.

En Chihuahua hay ejemplos cercanos. En Cuauhtémoc se ha advertido sobre el riesgo de colapso por falta de médicos e insumos. En Delicias se han denunciado dificultades para operar ambulancias por falta de combustible y personal. Pensemos en la angustia de una familia que necesita un traslado urgente y encuentra obstáculos donde debería haber una respuesta inmediata. No hablamos de estadísticas abstractas. Hablamos de personas.

Las cifras nacionales hacen todavía más seria la discusión. En 2018, cuando Morena llegó al Gobierno Federal, 20.1 millones de mexicanos no tenían acceso a servicios de salud. Para 2024 eran 44.5 millones, según cifras oficiales. Son 24.4 millones más. En seis años, Morena duplicó el número de personas que no cuentan con servicio médico. Esa es una realidad que merece explicaciones, no propaganda.

Morena llegó prometiendo transformar la salud. Su gobierno eliminó el Seguro Popular, lo sustituyó por el Insabi y después desapareció también al Insabi para dar paso al IMSS-Bienestar. Cada cambio fue presentado como una solución. Sin embargo, al cierre de 2024 el indicador nacional de acceso estaba mucho peor que en 2018. Los nombres cambiaron, las promesas se renovaron, pero millones de familias siguieron enfrentando incertidumbre.

Sería injusto decir que todos los problemas comenzaron entonces. La salud pública mexicana tenía rezagos de muchos años. Pero también sería absurdo permitir que esa explicación se convierta en una excusa permanente. Quien gobierna debe responder por las decisiones que toma. Y Morena debe responder por las reformas que impulsó, por los programas que eliminó y por los resultados que dejó su primer sexenio federal.

No basta con anunciar que ahora sí habrá medicamentos o que ahora sí mejorará la atención. Las personas no pueden surtir una receta con promesas. Tampoco pueden enfrentar una urgencia con una conferencia de prensa. La verdadera medida de una política pública está en lo que encuentra el paciente al llegar al hospital: personal suficiente, tratamiento oportuno y medicinas disponibles.

Frente a ese panorama, Chihuahua ha desarrollado una respuesta propia. En febrero de 2024, el Gobierno del Estado, encabezado por Maru Campos, puso en marcha MediChihuahua para ofrecer atención gratuita a personas sin seguridad social. El programa incluye consultas generales y especializadas, medicamentos, hospitalización, cirugías, estudios, urgencias, vacunación, salud mental, rehabilitación y hasta un acelerador lineal que permitirá atender a pacientes que padecen cáncer, entre otros servicios.

Los resultados reportados muestran su alcance. Hasta la primera mitad de 2026, la Secretaría de Salud estatal registró 4 millones 418 mil 70 atenciones médicas para 824 mil 487 personas beneficiadas, además de 600 mil 789 credenciales expedidas. El programa contempla los 67 municipios del estado. Son cifras que hablan de una alternativa concreta para quienes necesitan atención y no cuentan con seguridad social.

MediChihuahua tiene desafíos, como cualquier servicio público, y debe mejorar todos los días. Pero su existencia abre una discusión política de fondo: ¿qué modelo de salud quieren para Chihuahua quienes aspiran a gobernar el estado? El Gobierno Federal ha promovido que las entidades incorporen sus servicios al IMSS-Bienestar y voces de Morena han pedido que Chihuahua siga ese camino.

Ahí es donde los antecedentes importan. Los gobiernos federales de Morena ya tuvieron la oportunidad de demostrar lo que podían hacer con el sistema de salud. Decidieron desaparecer instituciones y sustituirlas por otras. Los resultados nacionales entre 2018 y 2024, junto con las denuncias actuales del personal del IMSS, son motivos suficientes para mirar con preocupación cualquier intento de trasladar ese modelo a Chihuahua.

El riesgo no se mide en oficinas ni en organigramas. Se mide en la posibilidad de que una madre deje de encontrar el medicamento que hoy recibe, de que un paciente espere más por una consulta o de que una familia pierda la atención con la que cuenta. ¿Esa es la salud que queremos para nuestro estado?

La defensa de MediChihuahua no se reduce a una disputa entre partidos. Debe ser una exigencia ciudadana: conservar lo que da servicio, corregir lo que falle y no poner en riesgo la atención de cientos de miles de personas. Si alguien propone cambiarlo, tendrá que demostrar con hechos que las familias estarán mejor, no pedirles otro acto de fe.

La salud no admite experimentos políticos interminables. Morena debe rendir cuentas por lo que ha hecho con el sistema federal y por los resultados que hoy conocemos. Y Chihuahua debe aprender de esa experiencia antes de tomar decisiones que afecten a sus pacientes. MediChihuahua es algo que los chihuahuenses debemos cuidar. Porque cuando está de por medio la salud de nuestras familias, las promesas no alcanzan: lo que cuenta son los resultados.

Hoy más que nunca, defender nuestro sistema de salud es defender a Chihuahua.