Los días 15 de octubre de cada año, se conmemora el “Día Internacional de la Mujer Rural”, decretado por la ONU; y de hecho, esta misma organización mundial ha declarado a todo el año 2026, como “Año Internacional de la Agricultora”, a fin de visibilizar el papel clave de las mujeres en los sistemas agroalimentarios globales. Dada la importancia de este tema, es que decidí escribir este artículo dedicado a todas ellas.
Para entrar en contexto, comenzaré con datos estadísticos, para posteriormente reflexionar sobre algunos tópicos. Como en todos los rubros económico-sociales, la participación de las mujeres es un tanto mayor que hasta hace unos años; sin embargo, continúa latente una enorme brecha entre los varones y las féminas. Como ejemplo: las mujeres representan cerca del 40% de la fuerza laboral agrícola mundial, pero poseen apenas el 15% de las tierras. Las mujeres del campo, obtienen tan solo un 75% del sueldo que perciben los hombres por una jornada igual. En América Latina, es la única región del mundo, que ha notado un incremento de participación de mujeres en el ámbito rural; a diferencia de otras áreas en las que va en decremento en los últimos 20 años. De nada sirve, marcar un día en el calendario para una celebración, si no va acompañada de políticas públicas que coadyuven a mejorar el estadío actual de la situación. A nivel mundial, la FAO (-siglas en inglés- Food and Agriculture Organization), está reafirmando su compromiso con la igualdad de género en el medio rural, mediante el “Programa de aceleración del empoderamiento económico de las mujeres rurales y la sostenibilidad ambiental”, con el propósito de generar un entorno sociopolítico que refuerce esas prácticas de género transformadoras en materia de conservación de la biodiversidad y restauración medioambiental. Deseo fervientemente, que este Acuerdo traiga consigo no solo la letra en un papel; sino que los países miembros se responsabilicen de la parte que les toca. Las campesinas sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza y pese a ser productivas y además buenas gestoras, no disponen del mismo acceso a la tierra, créditos, materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos cultivados de alto valor. No solo en nuestro país, sino en todas las regiones rurales del mundo. Ayer, acudí al Congreso del Estado, para presenciar un conversatorio denominado: “Mujeres que hacen Grande al Campo”; en el que se contó con la presencia de Anahy González Rivera, una joven que se ha destacado tanto como empresaria y ganadera, como política en el Estado de Nuevo León. Lo decía en el evento, el Diputado Arturo Medina, con justa razón: “Detrás de cada cosecha, de cada rancho y de cada esfuerzo por mantener viva la actividad agropecuaria, hay mujeres que trabajan con dedicación, fortaleza y compromiso”. Hablar del trabajo en el campo, no solo es sembrar o cosechar; implica por otra parte la comercialización, el valor agregado, aunado a la sustentabilidad. En lo que respecta a nuestro país, -partiendo del reconocimiento de que con el campo se tiene una deuda histórica-; hubo un momento en el que se contaba con apoyos gubernamentales, subsidios, precios de garantía, préstamos o financiamientos a fondo perdido, etc., sin embargo, en los últimos ocho años, todo tipo de recursos, fideicomisos o apoyos al campo, han desaparecido. Lo que se hubiese logrado en décadas, -en el México post-revolucionario-, se tiró por la borda en menos de diez años. Hoy más que nunca, hay desdén del gobierno federal; los supuestos apoyos directos no están logrando solucionar la problemática del campo; sino por el contrario, están generando un abandono total de las parcelas; desmantelamiento de los ejidos; desamparo de las familias. A ello, se le suma el clima de inseguridad, el cobro de piso a productores agrícolas; amenazas y extorsiones de las que son objeto por parte de los grupos delictivos; el desplazamiento forzado de mujeres y niños, que han de dejar sus comunidades. Por otro lado, la escasez del agua y recortes en el servicio de electrificación y altas tarifas por la energía. Siendo que México es gran exportador de productos como: nuez, manzana, tomate, aguacate y desde luego, la gran variedad de chiles. Lo ideal sería, que fuese un sector que contara con múltiples apoyos. El impulso a este sector productivo, traería consigo un mayor desarrollo en todos los demás aspectos de la vida cotidiana de una sociedad; habría derrama económica; mejores salarios; comercialización de productos locales; carnes de mayor calidad y a precios más accesibles. Es mucho lo que falta por hacer. Ya es momento de visibilizar la contribución de la mujer rural. Momento de apoyar al agro mexicano. Ya es momento de desarrollo autosustentable de este sector. Ya es momento…