México necesita pasar de las leyes a los resultados. Durante décadas hemos construido normas ambientales y compromisos institucionales, pero seguimos enfrentando dificultades para medir sus efectos en la economía, la industria y la vida cotidiana.
Por ello considero relevante el proyecto del Observatorio de Economía Circular, en cuya construcción participa el senador Luis Donaldo Colosio Riojas. Su planteamiento merece atención: una ley solamente adquiere verdadero sentido cuando se cumple y podemos comprobar sus resultados.
Desde mi formación como doctorante en Economía Circular, sostengo que esta discusión debe trascender el ámbito legislativo. No hablamos únicamente de reciclaje, sino de un modelo económico capaz de recuperar materiales, reducir desperdicios, aprovechar recursos y generar nuevas oportunidades productivas.
Chihuahua tiene una responsabilidad particular. Nuestro estado cuenta con una Ley de Economía Circular publicada el 8 de enero de 2025, que entró en vigor el 7 de julio de ese año. Este antecedente nos permite avanzar desde una base jurídica propia hacia una política pública con metas verificables.
La Ley General de Economía Circular, publicada en enero de 2026, abre además la necesidad de revisar la armonización normativa y fortalecer los mecanismos de coordinación institucional.
Mi propuesta es que Chihuahua impulse una Estrategia Estatal de Economía Circular 2027-2030, con objetivos anuales, indicadores públicos y participación de municipios, universidades, empresas y organizaciones sociales.
El primer paso debe ser elaborar un diagnóstico estatal sobre generación de residuos, consumo de agua, aprovechamiento energético y recuperación de materiales. Sin conocer nuestra situación real, cualquier programa corre el riesgo de convertirse en una declaración de buenas intenciones.
Propongo establecer un tablero público de indicadores que permita consultar cuánto material recupera cada municipio, cuánta agua reutilizan los sectores productivos, qué inversiones se realizan y qué beneficios económicos generan los proyectos.
Esta información debe actualizarse periódicamente y estar disponible para investigadores, empresarios, autoridades y ciudadanos.
El segundo componente consiste en desarrollar corredores industriales de economía circular. Ciudad Juárez y Chihuahua capital podrían impulsar proyectos piloto de recuperación de componentes electrónicos, reutilización de materiales industriales y aprovechamiento de residuos manufactureros.
En Cuauhtémoc, Delicias y otras regiones agroindustriales debemos promover tecnologías para aprovechar subproductos agrícolas, producir bioinsumos, reducir desperdicios alimentarios y mejorar la eficiencia del agua.
La minería también requiere esquemas técnicamente viables para recuperar materiales y fortalecer la gestión responsable de sus residuos, con supervisión ambiental y participación especializada.
Un tercer eje debe ser la creación de incentivos para pequeñas y medianas empresas que incorporen procesos circulares. Propongo impulsar mecanismos de financiamiento, asistencia tecnológica, capacitación y vinculación con universidades para facilitar su transición.
No podemos hablar de una economía moderna si solamente las grandes compañías tienen acceso a innovación y financiamiento.
El cuarto componente es la formación de capital humano. Chihuahua necesita incorporar conocimientos de economía circular, tecnologías limpias, inteligencia artificial y gestión eficiente de recursos en sus programas de formación técnica y universitaria.
La investigación académica debe vincularse con los problemas reales de nuestra industria y nuestros municipios.
Un quinto eje es la gobernanza. Propongo integrar una mesa estatal de seguimiento, aprovechando las instituciones existentes, que coordine acciones entre los sectores público, privado, académico y social, sin generar estructuras burocráticas innecesarias.
Su trabajo deberá contemplar evaluaciones anuales y resultados públicos. La transparencia no puede ser un complemento: debe convertirse en una obligación.
Considero igualmente necesario vincular a Chihuahua con el proyecto nacional del Observatorio de Economía Circular, cuando se concrete, para compartir metodologías, comparar indicadores y aprovechar experiencias de otras entidades.
Nuestra meta no debe ser figurar en estadísticas favorables, sino reducir costos productivos, mejorar la competitividad, conservar recursos naturales y abrir oportunidades de empleo.
La economía circular debe traducirse en beneficios para las familias, las comunidades rurales, los trabajadores y las empresas.
Reconozco que Colosio Riojas ha colocado sobre la mesa una discusión necesaria acerca del cumplimiento de las leyes ambientales. Pero Chihuahua puede llevar ese planteamiento al terreno de la acción mediante una estrategia propia, medible y con visión de largo plazo.
Como doctorante en Economía Circular, estoy convencido de que el conocimiento científico debe convertirse en propuestas útiles para el desarrollo regional.
Nuestro estado cuenta con capacidades industriales, universidades, talento y una ubicación estratégica que pueden aprovecharse para construir un modelo productivo más eficiente.
Chihuahua ya dio un paso al legislar sobre economía circular. El siguiente debe ser demostrar que esa legislación puede generar inversión, empleos, ahorro de recursos y bienestar.
El desafío no consiste en aprobar más disposiciones, sino en convertir las existentes en resultados concretos.
Porque la economía circular no debe quedarse en el discurso ambiental. Debe convertirse en una estrategia de desarrollo económico para Chihuahua, con metas claras, responsabilidades definidas y resultados que todos podamos comprobar.
Doctorante en Economía Circular
