El escándalo más reciente que terminó con la renuncia de Guadalupe Taddei como presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE), así como la declaración de Claudia Sheinbaum: «Vamos a acabar con los coyotes electorales», me hicieron recordar lo irónico de algunas de las frases y promesas más repetidas de la Cuarta Transformación.
La política mexicana tiene una curiosa afición por las frases contundentes. Ahora se pronuncian desde el templete, se repiten en las conferencias mañaneras y terminan convertidas en consignas. El problema es que, después de tantos años de escuchar promesas para acabar con la corrupción, la violencia, los privilegios y la impunidad, la realidad parece empeñada en llevarles la contraria.
«No mentir, no robar, no traicionar al pueblo» fue la consigna que pretendía marcar una diferencia moral con los gobiernos anteriores, sin embargo, SEGALMEX terminó convertido en uno de los mayores escándalos del sexenio de López Obrador. En las cuentas públicas de los años 2019 y 2020, se observaron inicialmente 9 mil 500 millones de pesos, de los cuales 2 mil 700 millones seguían sin aclararse en septiembre de 2024. La honestidad proclamada terminó enfrentada a una pregunta incómoda.
«Abrazos, no balazos» es otra, prometía atender las causas sociales de la violencia. México Evalúa contabilizó 196 mil 911 homicidios dolosos durante el sexenio de AMLO, aunque el Gobierno federal reportó una reducción del promedio diario de homicidios durante los primeros dos años de Sheinbaum, las personas desaparecidas y las familias que siguen buscándolas recuerdan que el problema está lejos de resolverse.
También quedó atrás la promesa de tener un sistema de salud como el de Dinamarca. La carencia de acceso a servicios de salud pasó de 16.2 por ciento de la población en 2018 a 39.1 por ciento en 2022, lo que representó 50.4 millones de personas. El modelo de primer mundo resultó más sencillo de anunciar que de construir.
Otra, «No puede haber gobierno rico con pueblo pobre» y «No somos iguales», también merecen una revisión. La deuda pública alcanzó 17 billones 426 mil millones de pesos al cierre de 2024, mientras los viajes, gastos y estilos de vida de integrantes de Morena provocaron cuestionamientos sobre la congruencia de la austeridad republicana. La deuda no prueba corrupción, pero obliga a preguntar qué resultados se obtuvieron con esos recursos porque ahora la deuda va algo así como 21 billones de pesos. Ningún partido queda vacunado contra los conflictos de interés por proclamarse diferente.
La frase: «La corrupción se barre como las escaleras, de arriba hacia abajo» encuentra otra prueba en el huachicol fiscal. En octubre de 2025 se mencionó un daño al erario de 600 mil millones de pesos, aunque esa cantidad no constituía una estimación oficial consolidada. En abril de 2026, el Observatorio Ciudadano de Energía, calculó pérdidas acumuladas por 515 mil millones entre 2019 y 2025; si bien son estimaciones, no montos judicialmente acreditados en su totalidad, pero ilustran la dimensión del problema y la necesidad de investigaciones concluyentes.
«Por el bien de todos, primero los pobres» presenta un panorama con claroscuros. La pobreza multidimensional bajó de 41.9 por ciento en 2018 a 29.6 por ciento en 2024, y 13.4 millones de personas salieron de esa condición; es un avance que debe reconocerse, sin embargo, alrededor de 38.5 millones de mexicanos todavía vivían en pobreza en 2024. Los programas sociales importan, pero también la salud, la educación, la seguridad y las oportunidades.
Finalmente, «El poder se ejerce con humildad» y «Vamos a acabar con los coyotes electorales». Los señalamientos sobre contrataciones del INE y los posibles conflictos de interés requieren investigaciones transparentes. La renuncia de Guadalupe Taddei no acredita responsabilidades ni resuelve por sí misma las dudas. Si realmente se quiere acabar con los “coyotes electorales”, habrá que revisar contratos, identificar a quienes tomaron las decisiones y sancionar las irregularidades que se demuestren.
Lo irónico y curioso es que las frases siguen funcionando. Se anuncian nuevas cruzadas contra la corrupción, se promete acabar con los abusos y se asegura que ahora por fin sí habrá justicia. Pero el discurso vuelve a comenzar como si los expedientes anteriores estuvieran resueltos y la memoria ciudadana pudiera borrarse con una nueva declaración desde el templete.
Y no sé si será por estas fechas, pero algunas de estas frases comienzan a dar miedo. Se promete limpiar las instituciones y surgen nuevos escándalos; se ofrece acabar con los privilegios y aparecen más funcionarios bajo cuestionamiento; se anuncia que no habrá impunidad y los expedientes siguen sin respuestas; se dice que bajaron los homicidios dolosos, pero no se percibe así.
Ojalá esta vez la historia sea diferente. Esperamos que el caso vergonzoso de los “coyotes electorales”, termine en investigaciones, con cuentas claras y responsabilidades judiciales acreditadas. En la política mexicana siempre habrá frases que despiertan esperanza, pero, por sus antecedentes, algunas parecen presagiar exactamente lo contrario.
Así que, estimado lector, la próxima vez que escuche una frase destinada a tranquilizarlo, no pierda la esperanza de que esta vez se cumpla. «Jamás vamos a traicionar al pueblo», también se ha dicho desde el poder. Ojalá así sea, aunque después de tantas promesas incumplidas uno termina preguntándose si el problema está en las palabras o en quienes las pronuncian. Al final, no se necesita tanto para entenderlo: por sus frutos los conoceréis.
