El agua es el recurso más preciado y el más amenazado en el municipio de Chihuahua. Las cifras son contundentes y no admiten ambigüedad: treinta y ocho de los sesenta y un acuíferos que abastecen la región se encuentran en situación de sobreexplotación. Más grave aún, el ochenta y tres por ciento de la población depende de acuíferos que operan en números rojos, es decir, que extraen más agua de la que naturalmente se recarga. Esta condición es insostenible desde cualquier perspectiva hidrológica y anuncia un escenario crítico si no se toman medidas correctivas.

El concepto de día cero ha ganado popularidad en el debate público para describir el momento en que una ciudad se queda sin agua disponible. Para Chihuahua, ese día no es una ficción distópica, sino una posibilidad real que las autoridades han decidido enfrentar con un plan estructurado. El Plan Municipal Hídrico 2040 es el instrumento rector que busca garantizar el suministro para las próximas décadas. Su enfoque no se limita a buscar nuevas fuentes de abastecimiento, sino que prioriza la eficiencia en el uso del agua existente y la recuperación de los acuíferos dañados.

Una inversión inicial superior a los once millones de pesos se ha destinado a estudios técnicos que permitan comprender con mayor precisión la dinámica de los mantos acuíferos. La hidrogeología moderna ofrece herramientas de modelación que simulan el comportamiento del agua subterránea ante distintos escenarios de extracción y recarga. Estos modelos son indispensables para tomar decisiones informadas y evitar que las soluciones improvisadas generen problemas mayores. Además, se ha creado un Consejo Municipal Hídrico que incorpora la participación ciudadana, reconociendo que la gestión del agua no puede ser exclusivamente gubernamental.

Uno de los proyectos más innovadores que se desprende de este plan es el Distrito Metropolitano de Riego Chihuahua. Esta iniciativa propone utilizar agua tratada proveniente de la Planta Sur para irrigar más de tres mil hectáreas de cultivos agrícolas. Tradicionalmente, estas tierras se regaban con agua extraída de pozos, lo que contribuía a la sobreexplotación de los acuíferos. Al sustituir agua subterránea por agua tratada, se logra un doble beneficio: se reduce la presión sobre los mantos acuíferos y se da un uso productivo a un recurso que de otro modo se perdería. La agricultura de riego consume aproximadamente el setenta por ciento del agua disponible en la región, por lo que cualquier mejora en este sector tiene un impacto significativo en el balance hídrico general.

La sequía prolongada que ha afectado a la región en los últimos años ha exacerbado la vulnerabilidad del sistema hídrico. Las lluvias escasas e irregulares disminuyen la recarga natural de los acuíferos y aumentan la demanda de agua para usos urbanos y agrícolas. El cambio climático proyecta para el norte de México un escenario de mayor aridez y eventos meteorológicos extremos más frecuentes. En este contexto, la gestión del agua debe incorporar criterios de adaptación climática que consideren la incertidumbre y la variabilidad.

La participación de los usuarios del agua en la solución es un componente que no puede subestimarse. Los programas de tecnificación del riego, la reparación de fugas en la red de distribución urbana y el uso de dispositivos ahorradores en hogares e industrias son medidas que suman en el objetivo común. La cultura del agua en Chihuahua requiere un cambio profundo: pasar de la percepción de abundancia a la conciencia de escasez. La información científica y la comunicación efectiva son aliados indispensables para construir esa nueva relación con el recurso hídrico.

anmartinez@uach.mx